El acto de pedir perdón

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Sí, el tema ha sido polémico y ha generado opiniones totalmente polarizadas, sin embargo, bien podemos llevar a cabo una reflexión en torno a esta idea. Desde el campo de lo psicológico, mi campo, definitivamente pedir perdón es una acción que genera bienestar a las personas implicadas. La persona a la que se ofrece una disculpa y se pide puede perdonar puede experimentar la sensación de que su dolor fue comprendido y que, de esta manera, puede ser resarcido y, tal vez, compensado para que sanen y cierren las heridas.
¿Por qué motivos se puede pedir perdón? Comúnmente cuando, consciente o inconscientemente, se ha cometido una injusticia, se ha ofendido, lastimado, agraviado, perjudicado, herido, maltratado, atacado, robado o dañado de alguna manera a un ser, individual o social. Sin embargo, pedirle perdón a alguien no es fácil, ya que implica, primero, reconocer haber cometido una falta tal que lo amerita y, segundo, dejar de lado cualquier tipo de orgullo que considere este hecho humillante, entendiendo la reacción de aquel a quien se le solicita otorgar el perdón. Pero, por encima de todo, lo más importante es que tiene que haber una experiencia de arrepentimiento de parte del ofensor, junto con la promesa, y su cumplimiento, de no volver a cometer jamás la misma falta.
Lamentablemente, por muchos actos inmorales e inhumanos que han sido cometidos por uno o algunos jamás se pedirá perdón, porque no existe la capacidad o la sensibilidad para ser empático con el otro y no se le tiene consideración ni respeto. En ocasiones, cínicamente, se pide perdón sólo por pose, por conveniencia, por quedar bien o, incluso, como burla o fastidio. Por eso es importante que la idea y la iniciativa surja del ofensor y no del ofendido.
Si la petición de perdón tuviera que ser solicitado siempre por el ofendido, veríamos, por ejemplo, que muchos niños y niñas exigirían una disculpa a su padre o madre por haberlos maltratado o abandonado, alguien que fue atacado física o sexualmente se lo podría pedir a su agresor, o todos los maestros federales y estatales demandaríamos que el expresidente, la OCDE y los Secretarios de Educación del sexenio anterior nos pidieran perdón por todas las calumnias, ofensas y mentiras que orquestaron contra el magisterio, pero no funciona así. Podría venir una respuesta cínica.
Por eso, pese a que saquearon, ultrajaron y lastimaron a América Latina, de lo cual Eduardo Galeano nos ofreció una clara descripción, el presidente de México no puede exigir que se nos pida perdón. En todo caso, esto tendría que ser el resultado de una toma de conciencia, un reconocimiento de la falta y un deseo de resarcir de parte de ellos; tal vez sólo tenemos que esperar… un poco más.

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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