Educarse a sí mismos

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

La multitudinaria manifestación del público mexicano después del triunfo futbolero de la selección mexicana frente al representativo de Nigeria fue una muestra del dicho de los sabios: “No hay como el triunfo… mañana será otro día”.
Veremos en el próximo partido, y de cerca, pues será en el estadio Akron, en esta ciudad. A ver si hay manifestación alegre o enojada, o se suprime para evitar dar lástimas.
A ratos se puede comparar un juego de futbol con una o varias “clases” en el salón escolar. Si los estudiantes “juegan” como es debido, aprenden, pueden dar cuenta de eso que aprendieron y, claro, festejan ante un profesor contento, aunque un tanto aparte de la muchachada. Sí, cuando les piden la lección o les preguntan: ¿Qué aprendiste?, ¿qué aprendieron? Y la respuesta es silencio, posturas enconchadas y caras volteando a cualquier lado menos para ver al profesor… pues nadie está contento y sí reclamos, quejas de ambos lados… y el resultado… repetición de la lección, órdenes de tomar nota, de anotar las páginas del libro que deben leer y aprender. O sea, educación se parece a tristeza, corajes, malas caras y sensación de derrota.
Con frecuencia, los y las maestras se preguntan de qué depende una clase en la cual todos acaben festejando; y en una muy parecida acaba en disgusto, caras largas y reclamos, castigos y órdenes por todos lados. Hay una larga lista de respuestas, las cuales en resumen dicen: cuando los estudiantes se ponen contentos, la clase termina en festejo. Y se ponen contentos cuando el profesor captó el momento y decidió invitarlos a participar con sus experiencias, o él o ella les platicó algún suceso diferente con el cual logró su atención y relacionó el suceso con el o los temas de la clase prevista a cubrir en ese espacio de tiempo. Es decir, cuando profesores y estudiantes se ponen en modo disfrutar el rato de escuela, las lecciones serán bien recibidas y aprendidas, al menos por un grupo de estudiantes.
No es mediante una conversación cada día para acordar el modo de trabajar los temas señalados para cada fecha. Profesor y estudiantes saben a qué vienen a la escuela y aceptan los diversos sucesos del día sin chistar. La cuestión disputada hace ya unos años es cuál pedagogía selecciona para los diversos temas. Desde luego, se vale la más rancia: El profesor da una conferencia, los estudiantes anotan y luego responden las preguntas del profesor, algunas para verificar si escucharon o se distrajeron. Y luego hay tiempo de preguntas de los estudiantes, tanto para entender bien algún concepto, o una pregunta para verificar la consecuencia de los conceptos comunicados por el profesor.
Esta pedagogía es válida; sin embargo, la vida diaria más compleja suscita preguntas o ideas o prácticas en el mundo de todos los días, que estudiantes y profesores esperan tratar, revisar, discutir y aprender en el centro del tema y sus derivaciones para la vida diaria o la solución de problemas cuando se trata de aplicar lo aprendido a las situaciones de la vida diaria. Por eso, desde hace algunos años, las ciencias de la educación han recuperado pedagogías anteriores, pero no practicadas, y nuevas pedagogías basadas en las nuevas condiciones del mundo y de los problemas de interés por resolver para vivir, trabajar, soñar, convivir o divertirse. Se han llamado pedagogías activas para indicar la importancia de “mover” a los estudiantes a fin de aprender haciendo, pensando fuera de la ortodoxia, probando si lo dicho se cumple en el mundo de todos los días. Por eso, ahora se les clasifica como pedagogías creativas y críticas. Los reportes de investigación de los sucesos y logros en la educación en la cual se aplican tales pedagogías críticas muestran logros inesperados y satisfacción de profesores y estudiantes… y familias.
Esta pedagogía crítica y creativa supone un nuevo concepto de currículo, específicamente en la idea de contenidos organizados por ciencias o temas dentro de las diversas ciencias y su acomodo en “clases” de un cierto tiempo, y se apoya en libros de texto o de cada materia. Esa segmentación no se puede sostener en esta pedagogía activa, pues aplicarla pide la inclusión de todos los aportes pertinentes a la cuestión que se estudia o aplica. Además, esta pedagogía pide salir a la calle, a la empresa, a las oficinas de gobiernos, al campo… es decir, no basta el libro o el conocimiento del profesor, aunque ambos son recursos necesarios para diseñar y realizar los proyectos que se quieran.
Aplicar estas pedagogías supone una modificación importante. Pide y supone valorar más el estudio personal y la validación y complementación en grupo. Pide a los estudiantes participar con sus ideas, lecturas, experiencias, propuestas y saberes. Pide a los profesores diseñar en conjunto con otros profesores el plan a proponerles a los estudiantes, participar como guía, no tanto como “jefe”, con sus experiencias, sus indicaciones para profundizar, recuperar algo no tratado o equivocado.
No será fácil si los profesores y sus autoridades no caen en la cuenta del divorcio creciente entre las necesidades de nuestra sociedad compleja y abierta. Desde luego, no puede ser un cambio “de golpe” y en “todos” los servicios educativos. Será necesario un plan bien pensado en sus tiempos y en sus modos de diseño y de prueba. Ayudará recordar que no será la primera vez que se incorpore a la educación lo necesario para aportar mejores personas educadas a la vida toda del país… y del planeta.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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