Educar con la autonomía

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Paulo Freire, educador de la liberación, escribió en 1997 un librito muy importante, cuya modestia quizá no le permitió ser conocido y aplicado por los educadores de entonces. La editorial Siglo XXI editores lo publicó en septiembre de 2022.
Vale la pena recordar algunos pensamientos y propuestas de Freire en esta modesta y esencial obra. El ambiente educativo en el mundo de pronto declina frente a la política y se repliega hacia terrenos seguros y abandona la función política de la educación, la cual o está en la práctica educativa o no aparece.
Freire, en el primer capítulo titulado: “No hay docencia sin discencia”, anota:

“Debo dejar claro que, aunque mi interés central en este texto sea el de considerar saberes que me parecen indispensables a la práctica docente de educadoras o educadores críticos, progresistas, algunos de ellos son igualmente necesarios para los educadores conservadores. Son saberes demandados por la práctica educativa en sí misma, cualquiera que sea la opción política del educador o educadora”.

Freire, desde el mismo inicio de su texto, deja clara la idea de una educación sin neutralidad. Se puede proclamar, y en los hechos verificar o no la convicción del educador, educadora. Importa menos, pues en la educación el sujeto es el estudiante, pues es el aprendiz de las ideas, conceptos, métodos y sucesos que le presente el educador/educadora y sus respectivos libros de estudio.
La práctica educativa, en los hechos, se configura o no como problematizadora de la materia a estudiar y aprender. Es decir, no basta hablar, leer y disertar sobre algún contenido, si los hechos, los actos de educador/educadora no demandan un cuestionamiento pertinente a la materia de aprendizaje. Freire deja claro que el docente problematiza y así ayuda al estudiante a aprender en clave problematizadora, lo cual les exige activismo mental y razonador frente a las propuestas aparentemente neutras e intocables de un libro o un profesor.
El capítulo dos se titula: “Enseñar no es transferir conocimiento”. Quizá una afirmación incuestionable y más por los profesores. Freire afirma como primer saber: “Saber que enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción.” Y propone: “Cuando entro a un salón de clases, debo actuar como un ser abierto a indagaciones, a la curiosidad y a las preguntas; tengo la de enseñar y no la de transferir conocimientos”.
En más de una ocasión se escucha a maestros abogar por libros de texto gratuitos con los cuales les sean claras las enseñanzas a exponer en sus clases. Disputan un libro de texto en el cual el maestro ha de construir el contenido y además involucrar a algún sector de la comunidad como ayudante ciudadano (oficina, despacho, lugar de juego, etcétera), en el cual, al ofrecer sus servicios, ofrecen la posibilidad de conocer procesos o métodos para aplicar datos y conseguir aquel contenido programado y los conocimientos que surjan de ese proceso.
El conocimiento se construye con procesos de pensamiento sobre los hechos, los datos, los productos y los segmentos de realidad involucrados en los procesos de cuidado, de acción, de producción, de consideración. Un libro puede relatar y retratar esos contenidos, ideas y propósitos. Se pueden leer, repetir y aun obtener un saber. Sin embargo, las realidades motivan a conocerlas y no sólo a leer y oír de esas realidades.
Sin duda, la tarea educativa es compleja y no puede reducirse a un pasaje por salones, actividades, correctivos disciplinares y buenos ratos. Freire nos ayuda a caer en la cuenta de la complejidad del acto y de la práctica educativa:

“En los años sesenta, ya preocupado por esos obstáculos (las condiciones materiales, económicas, políticas y sociales, culturales e ideológicas), apelé a la concientización no como una panacea, sino como un esfuerzo de conocimiento crítico de los obstáculos, valga la expresión, de sus razones de ser. Contra la fuerza del discurso fatalista neoliberal, pragmático y reaccionario, insisto hoy, sin desvíos idealistas, en la necesidad de la concientización. Insisto en su actualización”.

Por si faltara el Freire de años atrás, hoy ante la situación política del país en la cual se vale regañar desde la autoridad a sectores respetables de la población, descalificar a personas y grupos por manifestar preocupación por el país y sus dificultades, en especial la inseguridad, y se vale reprimir la libre manifestación de ideas y modos de ver las situaciones; urge una práctica educativa, concientiza-dora, esto es, una práctica educativa en la cual los estudiantes y sus comunidades puedan discurrir sobre los sucesos que les ocurren, y los integren críticamente entre los diferentes contenidos en proceso de aprendizaje y logren un proceso educador crítico, justo y libre, al tiempo de “aprender a dejar entrar a la realidad al espacio educativo y ejercer la autonomía”, tal como lo pidió el Movimiento de Octubre de 1968, en paz.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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