Educar, ¿con cuáles propósitos?
Miguel Bazdresch Parada*
“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz.
La gente educa para competir y éste es el principio de cualquier guerra.
Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros,
ese día estaremos educando para la paz”.
María Montessori
Competir o cooperar es el dilema puesto por la gran maestra. No es nuevo para nuestro mundo en el cual no parece ser un problema. No parece problema dadas las costumbres y la cultura en la cual basamos un alto porcentaje de la vida diaria. Un ejemplo de la normalización de la competencia está en el aprendizaje de una lengua extranjera, en especial el idioma inglés en nuestro contexto. Si no dominas el inglés no eres candidato para trabajar en cualquier empresa de alto nivel, capital y monto de negocios. Quien no domina el inglés hoy no puede aspirar a ganar un concurso para un puesto en una empresa de buenos sueldos y prestigio social.
Además, la carencia de dominio del inglés, sin querer margina a las personas de acceso a conocer de primera mano los avances en casi cualquier ciencia o técnica de interés para tus estudios. Publicaciones en papel o en internet usan en la gran mayoría de los casos el idioma inglés para sus ediciones. Esperar traducciones y ediciones en español no obstante los cambios favorables realizados en algunas casas editoriales, es una desventaja para estar actualizado en el trabajo y el oficio en casi todas las áreas de producción importantes en nuestro país.
Las autoridades educativas de las diferentes áreas de gobierno y de la educación privada, mantienen interés para crecer y perfeccionar las áreas de enseñanza del inglés y los requisitos para que un estudiante pueda graduarse en la universidad. Ese dominio del inglés hace posible la competencia por los mejores puestos de trabajo en nuestro país. El costo de este gran esfuerzo de instituciones, profesores y estudiantes este esfuerzo enseña, además del idioma, a competir, a ratos sin compasión, por los mejores trabajos disponibles.
Alguien enseñado a competir no puede con facilidad colaborar. Competir es un modo de ser que impide colaborar sin esperar retribución congruente con la ayuda entregada. Puede darse en cualquier dominio del conocimiento. Y ahí nace la otra posibilidad: utilizar la enseñanza del inglés para construirla con base en procesos de cooperación a fin de ofrecer el mensaje de “aprender inglés o cualquier otra cosa” exige colaboración, compañía, ayuda desinteresada y apoyo. ¿Somos conscientes de la competencia silenciosa que se comunica los estudiantes cuando las reglas del estudio premian al “mejor”, al más “atinado”, etcétera? “Todos y a tiempo” proclamaba León Felipe y pone “alta la vara” para regir nuestra práctica.
*Doctor en Filosofía de la educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx