Educar ¿con calor?

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Gran alboroto ha suscitado el tema de la terminación adelantada del ciclo escolar 2025–2026. ¿Qué harán los padres y madres con sus hijos? No tienen planeado que sus hijos estén en casa antes del 15 de junio. ¿Y los maestros qué harán? No habrán acabado de presentar todos los contenidos previstos en el Plan. Y, además, los tienen que guardar para impartirlos en las primeras semanas del siguiente ciclo escolar, pues la autoridad determinó que empezará antes precisamente para completar el curso anterior. Vaya con la burocracia. Los programas están hechos de chicle para ellos.
¿Calor? Quizá. En todo caso servirá para aprender cómo nos podemos defender y hasta aprovechar del calor inesperado. La educación tiene propuestas. En este país quizá ese calor presumido es menos del que en otras latitudes es a diario y tiene modo de vivir con esas temperaturas. Si les da flojera leer los libros, pues pregunten a esos países cercanos al desierto. Les dirán cómo en un ratito de conversación. Pero no. Lo que importa es la voz de la autoridad, aunque comunique sin fundamentar sus decisiones.
Si de verdad apreciáramos la democracia, la autoridad recordaría a los señores directores y señoras directoras de los planteles de primaria y secundaria la importancia de, en caso de existir alguna dificultad con la realización del mundial de futbol, pues se reúna con los maestros y decidan cómo la resolverán. La solución ha de ser de cada plantel, pues en cada plantel: profesores, estudiantes y familias, es donde se conoce en realidad la posible afectación por la justa deportiva. En la gran mayoría de los miles de planteles de educación básica saben si existe un problema y sabrán resolverlo. Y el aparato de la Secretaría ha de tomar nota, ayudar si hace falta y ya.
De pronto, la agitación por causa del tema parece un modo de poner estorbos al trabajo de, quizá, del gobierno federal, o de la presidencia, o para acicatear a los maestros y a las corporaciones que los sostienen para otros fines ya conocidos. Por su lado, las familias han de hacer valer su punto de vista frente a la suspensión de clases y poner enfrente la importancia de no mover el calendario escolar y de terminar el ciclo sin mayores enredos. La familia sabe cómo portarse frente a estos asuntos y mantener vigente la importancia de la educación frente a otras actividades.
La actividad educativa requiere su tiempo y su proceso. Aprender no es igual a comerse un taco o beberse un vaso de refresco. La educación requiere de ciertas condiciones para facilitar el trabajo del cerebro y su información al conjunto del cuerpo humano, el cual aprovecha todo lo producido por el cerebro para probarlo, para preguntarse si las actividades que sugieren desde el entorno son valiosas o sólo le quitarán el tiempo y la oportunidad de aprender.
Desde luego, el cerebro humano funciona todo el día, 24 horas, y cuando está en la escuela hace trabajar más a otras partes del cuerpo humano, pues el verdadero aprendizaje implica a todo el cuerpo, mente y pensamiento incluidos. De ahí la tristeza que genera una declaración oficial del gobierno mexicano de: “No se mueva ninguna persona que sea parte del sistema educativo, pues el calor estará fuerte y peligroso”.
Muchas veces fui y vine de la escuela con calor, frío o lluvia. Y nada pasó por esas acciones, a nadie de los compañeros, los maestros y a los empleados de la escuela. Mundiales, venidas del Papa, de equipos de otros países, y más, no han causado siquiera que un niño repruebe por ver la televisión ganar o perder a su selección preferida.
Suspender la escuela por el calor o el Mundial o por las elecciones de los partidos políticos es enseñar el cobre de la poquísima estima que tienen por la escuela, la educación y sus efectos para comprender los eventos y sus consecuencias. Sólo resta pedir a los espíritus, por ejemplo, de Vasconcelos, Yáñez y Reyes Heroles, que hagan una visita a la SEP.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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