Educación y la UNESCO: algunos apuntes

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

El año pasado, 2021, la UNESCO presentó un trabajo llamado El financiamiento de la educación en América Latina. Investigaciones y estudios 2013-2019, en el cual se hacen diferentes señalamientos y se ofrecen datos y cifras que vale la pena recuperar.
Dentro de lo alentador, encontramos que la región observa un acercamiento en la universalización en la educación primaria, con un 94% de cobertura. De igual manera, la mayoría de los países se encuentran empleando recursos para el financiamiento de la educación dentro del rango del PIB, entre 4 y 6, y del gasto público, entre 15 y 20%, pactados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2015.
Pero, como en todo reporte y análisis que se lleva a cabo, encontramos también diferentes debilidades y áreas de oportunidad, empleando una terminología FODA, que vale la pena resaltar y considerar para análisis futuros.
Así, como un primer dato, se observa que el costo por estudiante es 4 veces menor en América Latina en comparación con los países con mejores resultados en pruebas de valoración académica; lo cual establece de inicio una falla en la inversión que, de alguna manera, influye en los resultados y no necesariamente es producto del desempeño docente, como lo han querido señalar diferentes mandatarios.
Sin embargo, se tienen pruebas que revelan que la mitad de estudiantes jóvenes de la región no alcanzan el nivel mínimo en competencia lectora; en algunos países, de hecho, los índices de reprobación y repetición de un año escolar siguen siendo significativos, pero en México la reprobación ha llegado prácticamente a niveles de cero, pese a observar resultados similares que otros países de la región en pruebas internacionales de valoración académica. Algo que no pasa desapercibido y sí ofrece diferentes lecturas.
De manera puntual podemos destacar a países como Perú y Chile que ofrecen mayores sueldos a docentes que trabajan en comunidades pobres.
Y nuevamente tenemos datos que evidencian el rezago educativo y condiciones de pobreza que se tornan inalterables lamentablemente. Así, en lo que refiere a la inversión anual educación a nivel mundial, cerca de 5 billones de dólares, el 65% se gasta en países de ingresos altos y el 0.5% en países de bajos ingresos, pese a tener prácticamente el mismo número de estudiantes.
Por otro lado, en la región el sector privado no invierte en la educación pública en investigación y desarrollo; en este sentido, el rubro de investigación podría ser cubierto si a nivel federal o estatal las plazas de investigación tuvieron más peso de construcción de conocimiento y no administrativa, tal como ocurre en el Estado de México.
Finalmente, a educación superior se mantiene al margen de la regulación en cuanto a la obligatoriedad y la disponibilidad de financiamiento, por lo que se puede seguir manteniendo la falta de oportunidades y la desigualdad en cuanto al acceso a una formación profesional.
¿Cuál es la propuesta de la UNESCO para subsanar eso? Una reforma fiscal; y aquí entendemos la importancia que tiene el SAT en México para captar, cada vez más, recursos que ayuden a lograr los objetivos del 2030, que la pandemia, la inflación y el incremento de la pobreza y el desempleo han estado deteniendo. ¿Cómo lograr mayores inversiones en educación sin incrementar los impuestos? Se leen propuestas. Ya analizaremos en otro momento si el SAT es la solución para la pobreza y la educación.

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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