Educación y cultura
Miguel Bazdresch Parada*
En memoria de Rossana Reguillo,
fiel seguidora de la cultura liberadora.
En ocasiones se hace una separación, hasta cierto punto tajante, entre educación y cultura. Por ejemplo, durante muchos años se ha mantenido por todos los gobiernos del país la separación entre una Secretaría de Educación y otra Secretaria, de cultura. ¿No van juntas cultura y educación? Quien se educa ¿no adquiere una cultura? Los saberes cuyos secretos se enseñan y son aprendidos en la escuela, ¿no son piedras angulares de nuestra vida cultural, aparte de ser las herramientas prácticas para convivir en la sociedad?
Algunos mantienen una diferencia “intelectual” entre cultura y cultura “popular” para argumentar esa separación de secretarías A veces se sostiene que la CULTURA con mayúsculas, es el arte en sus diversas expresiones, creado en todo el mundo, por diversas culturas y heredado al mundo a través de música, pintura, baile, celebraciones y literatura. Y, por tanto, se requiere de un aparato administrativo para recuperar, reconocer, recoger y exhibir todas esas expresiones. Y se deja a la Secretaría de Educación que cuide del aprendizaje del idioma, los números, las historias y las ciencias, a través de las escuelas, y por eso, las diferentes expresiones del arte están ausentes en la educación. Ya verá la Secretaría de Cultura qué hacer para llevar el conocimiento artístico a la población.
Claro, se alega: una sala de exposiciones de pintura no son aulas. Tampoco los teatros, pues ahí se impone el silencio. Y, desde luego, no se puede obligar a los educandos a asistir a las salas de exhibición o a los teatros. ¡Ah! Tampoco se puede obligar a un pintor, un escultor, un ceramista… que vaya a las aulas a presentar su obra y ofrecer su pensamiento artístico. A los niños, niñas y quizá algunos mayores les parecerá una pérdida de tiempo para completar el programa escolar oficial.
Por otra parte, no es difícil ni penoso pensar y diseñar una visita en la cual los estudiantes de los diversos grupos puedan asistir a una sala de exposición pictórica o escultórica, en la cual observen y comenten entre ellos, se hagan preguntas y conversen con el pintor o escultor sobre algunas de sus inquietudes y sus preguntas. Un ejemplo: Los títulos de los cuadros pictóricos modernos pueden generar una pregunta: ¿Por qué no se ve en la pintura una persona? ¿Qué se quiere representar con las líneas que cruzan el cuadro? Los colores y su combinación… ¿tienen un significado? Y mil más, útiles para iniciar una educación en la cultura de las artes. No se diga de las enormes posibilidades de las películas actuales y pasadas para suscitar reflexiones, debates y estudio a partir de la problemática de más de alguna película o serie de televisión, bien seleccionada.
Igual, las y los artistas pueden planear visitas a las salas de clase para presentar sus ideas sobre la importancia del arte, con ejemplos de la historia cercana o lejana. Y con ayuda de los profesores pueden imaginar actividades sencillas con las cuales los estudiantes aprendan esa otra cultura, que es la misma, expresada de otros modos, también importantes de conocerlos, escudriñar sus secretos, pensar la posibilidad de ser artista y cultivar el interés por esa parte separada, arbitrariamente, de la escuela y de la obligación del Estado de incluirla en la educación escolar.
Profesores y profesoras se sorprenderían de la cantidad de opciones para trabajar las diversas expresiones artísticas con los niños y las niñas de primaria o secundaria. Y los estudiantes se sorprenderían al utilizar otros métodos de aprendizaje para reconocer las emociones mediante un recitativo breve, o al tratar de realizar una pirueta, de esas comunes en los payasos.
Ante los avances científicos, por ejemplo la inteligencia artificial, las nuevas posibilidades contenidas en el mundo digital para comunicar, reproducir y reconocer expresiones culturales en cualquier lugar de nuestro planeta; o las facilidades para acceder a las obras de escritores, pintores y artistas, se abren mil y una formas de trabajar en equipo, de cultivar la propia iniciativa de los estudiantes, hacer posible una comunicación entre los grupos de un centro escolar, de recuperar la inteligencia emocional e impulsar a los estudiantes a valerse de su inventiva para estudiar, debatir, leer y comunicar sus ideas y propuestas.
Si algo puede hacer la diferencia de nuestro tiempo en la acción educadora es renovar la relación, hoy separación, entre cultura y educación, y fusionar las oficinas hoy separadas por alguna razón de la cual ya no nos acordamos.
*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx