Educación para escuchar

 en Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Todas las personas tenemos nuestras ideas acerca de las muy diferentes cosas, situaciones, otras personas, objetos o temas con los cuales convivimos todos los días. Algunas de esas ideas son intocables para quien la tiene. En ocasiones eso intocable surge por una mala experiencia con persona o cosa. En otras ocasiones son ideas surgidas de algún dicho o de una postura tan inexplicable como fuerte. Un ejemplo, ahora cotidiano, hay personas que nunca han confiado en los gobernantes. Consideran que en tanto gobernantes son amantes de pecados, errores y falsedades. Por tanto, si el gobernante, con razón y raciocinio, dice “A”, ellos dirán “no A”.
El ejemplo reciente es la recomendación de usar el cubrebocas y no salir a fiestas, bares y restaurantes para mitigar los contagios de Covid-19. Algunas personas “nunca” se pondrán ese adminículo y saldrán a festejar cuando se les antoje, pues para ellos los políticos y los doctores y los gobernantes son, todos, mentirosos consuetudinarios. Estas personas se mueven por el mundo sin tal protección, sin escuchar. Y, claro, se contagian y contagian al personal a su alrededor. Aun así, estas personas siguen convencidos de que Covid-19 y demás es una gran mentira. Con estos no hay modo.
Hay otro ejemplo. Quienes están convencidos de la maldad de una cierta persona o personaje. Y cuando la ven, la oyen o saben de ella, rápido quieren “que se vaya”. Se empeñan tanto, que convencen a otros, y logran muchos adeptos. Y si no se va el personaje y aunque obtenga logros, no se retractan. No pueden ver. No pueden escuchar. No hay modo.
¿Hay remedio? ¿Se puede dejar de tener ideas? Bueno, el milenario recorrido de las personas humanas por este planeta ha encontrado un sólo remedio: Escuchar activamente a otros y dejar la histeria a un lado. Este remedio lo provee la educación, tanto la escolar como la familiar. La educación básica procura las destrezas culturales básicas entre las cuales está el respeto a mí mismo y a los demás, la base de esa escucha activa. La sincera –no ingenua– apertura a comprender a esos otros y la apertura para experimentar y confirmar o desechar esas ideas, es la clave educativa.
Por eso, a quien no cree en la eficacia del cubrebocas, los educadores le podemos decir: Escucha a los que conocen. Pruébalo. Póntelo. Pónselo a tus seres queridos. Si se vive la experiencia se puede probar la eficacia de “Protégete y Protege a los demás. Usa cubrebocas”. Los maestros le decimos: Respeto activo y realiza la experiencia, ve los hechos y saca conclusiones.

*Doctor en Filosofía de la educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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