Educación en números

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

La mirada acerca de la educación en el país y en los diferentes estados de la federación y los municipios en cada estado se puede conocer, al menos en cifras, mediante los estudios del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI).
Las observaciones y mediciones no son anuales, sino en los diferentes momentos que la planeación del INEGI lo establece y en los años de Censo Nacional, con los cuales empiezan las decenas de los años convencionales aceptados como tales.
Por ejemplo, según el Censo de Población y Vivienda 2020, en México, 94% de las niñas y niños de 6 a 14 años fue a la escuela, lo que equivale a 18.3 millones de estudiantes de esa edad, la cual coincide con la llamada educación básica, sin los niños y las niñas del nivel preescolar. Las cifras nos permiten observar datos de asistencia a la escuela por cada estado de la república. En Jalisco, en 2020, se tuvo una asistencia de 92.7% de los niños y niñas jaliscienses. Es un número más bajo; sin embargo, se aprecia que es así por efecto de la pandemia del covid-19. Entre los jóvenes de 15 a 24 años, la asistencia a la escuela es más baja: Según INEGI, en 2020 fueron 45 de cada 100 jóvenes. Con todo, para el año 2020, la población de Jalisco tenía un promedio de 9.9 años de escolaridad. Nada para quejarse, a nivel números. ¿Están bien educados?
Otro dato importante es el presupuesto otorgado al gasto educativo. Se destinó a educación, ciencia y cultura, según el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2025, 1 billón 161 mil 164.8 mdp, equivalente al 12.5% del gasto neto total y al 3.2% del Producto Interno Bruto (PIB), cifra inferior a la recomendación internacional de destinar entre 4% y 6% del PIB a la educación nacional.
En personas, la matrícula en el ciclo escolar 2021-2022 fue de 2,252,329 estudiantes, de los cuales 1,135,058 (50.4%) son mujeres y 1,117,271 (49.6%) son hombres. Es una promesa… ¿Se podrá cumplir con los fines de la educación o en el camino encontraremos deserción y gusto por lo fácil?
Los números son importantes, pues nos informan de tamaños, expectativas, realizaciones, promesas y obligaciones. Enfrente está la exigencia de calidad, lo cual quiere decir cumplir los objetivos de estudiantes graduados con habilidades, conocimientos y actitudes suficientes para enfrentarse al mundo del trabajo con capacidades suficientes para cumplir las exigencias del trabajo que les dé empleo y las exigencias de la sociedad, la cual financió su educación y espera que los graduados sean capaces de “ganarse” la vida con base en su conocer proporcionado por la educación.
Los fines de la educación le asignan a la tarea educacional cuatro objetivos importantes para la mejora de la sociedad en su conjunto. En primer lugar, dicho en palabras antiguas: ser persona de bien, es decir, con palabras de ahora, personas capaces de hacer su vida, en las áreas principales de la vida personal, la vida social y la vida espiritual. La segunda es comprender el sentido de ser ciudadano, cuyo punto clave es “contribuir a construir y engrandecer la ciudad, el lugar donde haga su vida”. El tercer punto es constitución para desplegar amor, ese sentido de vida en común, con el cual se despliega la comprensión de los demás, del mundo y de la vida futura. El cuarto y último es construir un legado, con sencillez y profundidad, para otorgarlo a las diversas comunidades, grupos o sociedades, las cuales le dieron la materia y la esperanza para inspirar con ese legado. La educación es indispensable para colaborar de manera sincera y eficaz en la construcción de esas capacidades de las personas.
Importan los números para enterarnos de lo sucedido en la educación. Importa más reconocer si el esfuerzo de cientos de personas para educar a millones de preciudadanos se traduce en un mundo mejor, sobre todo para quien padece alguna debilidad o limitación y, desde luego, para el conjunto del país. Sí, importan los números. Importa más lo producido con esos números. De ahí la importancia de valorar toda acción capaz de formar en los estudiantes la conciencia de cómo las personas nos reconocemos como seres humanos, no por las calificaciones o los diplomas, sino por la contribución hecha a mejorar las prácticas de vida de la sociedad en la cual se vive y vivimos.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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