Doce años de reforma educativa en México, ¿dónde están los avances?

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Corría el año de 2009 y después de algunos acuerdos en la esfera política, el gobierno de Felipe Calderón lanza lo que le llamaron la RIEB (Reforma Integral de la Educación Básica). Dicha reforma realmente era el fruto de la alianza entre el SNTE de Elba Esther Gordillo y el segundo gobierno panista en la historia reciente de este país.
Dos años después (en 2011) generan lo que le llamaron el Plan 2011, que viene siendo el intento más logrado de la reforma en cuanto a diseño curricular, se trazan ejes de articulación entre los tres niveles de la educación básica, se construyen los seis campos formativos que serán los espacios de definición y delimitación que vincula lo disciplinar con lo curricular y se definen rasgos ideales de perfil de egreso a todo lo largo de la educación básica.
De nuevo la alternancia política genera un nuevo salto y ahora en el año de 2012, con el regreso del PRI a ocupar la silla presidencial y con Enrique Peña Nieto como presidente, la educación pública da un giro inesperado. A partir de una serie de acuerdos y de negociaciones con la OCDE se decide establecer a la evaluación de distintos componentes del sistema como la estrategia central para darle sentido a la política educativa. Con el pretexto de controlar o de erradicar la venta o la herencia de plazas magisteriales, el Estado toma el control, esto realmente nunca cuaja bien, la venta de plazas persiste todavía y la injerencia del sindicato sigue tan fuerte como desde sus orígenes.
El sexenio de Enrique Peña se consumió en la disputa política y en delimitar espacios de poder y, se olvidó de la parte pedagógica y curricular, es entonces que al final del sexenio elaboran lo que le llamaron Los aprendizajes claves, que en el fondo viene siendo un refrito de las elaboraciones anteriores. Persiste el Plan 2011 y algunos principios o sugerencias de trabajo que vienen desde la RIEB.
Llevamos tres piezas de un rompecabezas mal diseñado, la cuarta pieza será la de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), intento frustrado como parte de la gestión de Esteban Moctezuma en la primera mitad de este sexenio. De nuevo la NEM recurrió a las elaboraciones anteriores y corrigió algunos aspectos importantes pensados a partir de principios como la equidad, la inclusión y la justicia educativa.
En este momento las escuelas públicas, del país desde preescolar hasta secundaria, trabajan a partir de una serie de hibridaciones curriculares, nada está plenamente definido y todo cabe.
En paralelo, al magisterio se le ha tratado como invitado de segunda clase, desde aquel famoso diplomado sobre la RIEB que en un primer momento lo diseñó el ISUUE de la UNAM y que se invitó para replicarlo a académicos de la UPN y de las escuelas Normales de toda la estructura nacional. El primer ejercicio en este sentido se llevó a cabo en el Hotel Camino Real de Polanco, un colega de la UPN del norte del país le reclamaba a su rectora, la Dra. Sylvia Ortega, “porque la UNAM si y nosotros no”. Con ello reclamaba el derecho de piso de una fortaleza acumulada por cerca de 30 años y la UNAM, será muy la UNAM, pero no tiene ni experiencia, ni capacidad para sacar adelante una empresa de ese tipo Y así fue al final.
La formación permanente, los cursos de capacitación en cascada y los intentos de profesionalización de un magisterio engañado, asediado y utilizado en las disputas políticas se convirtió en una pieza más que ha llevado a que la reforma educativa entregue cuentas deficitarias.
Hoy en día parece que la EDUCACION así en su cabalidad, tampoco le interesa al gobierno de López Obrador, el relevo de Secretaría de Educación, no da señales claras de qué es lo que se busca finalmente. Todo parece indicar que se están tomando una serie de medidas remediales, sin acercarse al diseño de una política más potente que pueda responder a las demandas educativas.
En eso estábamos cuando se atravesó la pandemia y todo lo modificó. La pandemia (en términos políticos) ha representado una especie de año sabático para el sistema educativo nacional, muchas cosas se han dejado de hacer y otras no se han podido realizar.
En los dos ciclos escolares pasados han egresado los primeros hijos de esta década más dos años de reformas. Lo que se deja ver ahora es que las decisiones educativas se mueven primero en las negociaciones de carácter político que de cara a las verdaderas necesidades del país. Sabemos que los pactos, acuerdos y alianzas en las cúpulas políticas y en las agencias que mueven y controlan gran parte del engranaje educativo de nuestro país, pesan más que las necesidades formativas de niñas y niños y de las aspiraciones pedagógicas y de las valoraciones de los miles de educadores y educadoras.
El actual curso de reforma educativa necesita una vuelta de tuerca para cualquier lado, uno pensaría que para la izquierda, pero también puede girar a la derecha, lo importante es que se mueva y cambie el rumbo.
Hoy los recuentos que tenemos son de fracasos, de promesas incumplidas, de engaños y autoengaños. Tal vez habría que mirar de mejor manera al magisterio y rescatar su potencial participativo y propositivo, recurrir al potencial acumulado producto de la experiencia y los saberes pedagógicos desde la práctica y ese potencial pedagógico que está ahí dormido puede ser la clave de la reforma educativa que México necesita. Es necesario regresar a la vocación del magisterio, pero sin intermediarios y sin el sindicato mañoso y trinquetero, sin pactos, ni acuerdos perversos. Pensar la reforma educativa desde las propuestas de maestras y maestros así, sin más. Tal vez nos pueda ir mucho mejor de cómo estamos ahora.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. mipreynoso@yahoo.com.mx

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