De nuevo pensar en torno a la formación inicial de docentes

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

La Revista Latinoamericana de Estudios Educativos (RLEE), que anteriormente la editaba el Centro de Estudios Educativos (CEE), recién acaba de publicar su primer número del año 2026 (enero–abril), dedicado a reflexionar en torno a la formación inicial de docentes en el ámbito latinoamericano.
Es un número conformado de 428 páginas, el cual contiene 14 artículos especializados divididos en cuatro rubros o subtemas. Las reflexiones de este monotemático giran en torno a los retos y desafíos de la formación docente para diversos países de América Latina, lo que significa ser docente para futuros maestros, las identidades de los nuevos docentes, la formación de docentes para las escuelas multigrado, la evaluación de la ética profesional de los docentes y algo que está en el centro del debate desde hace muchos años, el arribo de las escuelas Normales mexicanas a la educación superior, entre otros temas.
Como es ampliamente sabido, son las escuelas Normales las encargadas de formar casi exclusivamente a las y los docentes que habrán de encargarse a su vez de atender la demanda de los tres niveles y las dos modalidades de la educación básica en nuestro país, ya que, en educación media superior y superior, la formación inicial de docentes para dichos niveles educativos corre por otro carril muy distinto. Dichas instituciones sobreviven aún debido a la costumbre y a la insistencia de disposiciones institucionales y beneficio sindical.
Pero regresemos a la formación de docentes para la educación básica; la tradición normalista, que ya rebasó la centuria desde hace algunos años, es el espacio institucional casi exclusivo de la formación inicial docente. Ahí, a través del recuento de esta larga historia, podemos encontrar modas académicas, culturas institucionales, experiencias exitosas y otras no tanto con relación a adaptar los lineamientos de las distintas reformas a las necesidades concretas de cada contexto, pero también muchas tensiones, enquistamiento de grupos políticos ligados con la organización sindical y resistencias ante el cambio y las innovaciones. Hace algunos años se hablaba de que las escuelas Normales iban a desaparecer en el país. No se logró porque no hubo propuestas viables con que canjearlas, aunque cabe decir que algunas de ellas están atoradas en el modelo formativo fundacional del siglo XIX, otras tuvieron su mejor momento el siglo pasado, pero existe una carencia de modelo de formación (desde las escuelas Normales) para el siglo XXI. La exigencia de los cambios tecnológicos, las nuevas formas de identidades infantiles y juveniles y el avance en el campo de las ideas pedagógicas, etcétera, sirven, entre otras cosas, para exigir un modelo de formación de vanguardia que actualmente no existe.
El trabajo académico de las escuelas Normales se caracteriza por consumir casi todo su esfuerzo y recursos en atender la tarea de docencia; por lo tanto, hay muy poca producción académica porque también hay muy poca investigación al interior de dichos espacios. Las Normales siguen atrapadas en atender la demanda de las urgencias y dejan de lado la agenda de lo importante.
Tenemos también que la poca producción académica ha atravesado por lo menos cuatro reformas curriculares. Después del Plan 1997 o 1999, se pasó al Plan 2012, de ahí al Plan 2018 hasta llegar al actual Plan 2022, que enfatiza o que pretende hacerlo articulado con la NEM.
Tanto los procesos de formación, las condiciones institucionales de las escuelas Normales y las identidades de los formadores de formadores son asuntos que ya han sido muy estudiados, pero no desde adentro de las mismas comunidades académicas de dichas escuelas. Las iniciativas de investigación han llegado de afuera, dejando pocas posibilidades para el cambio y la mejora a los sujetos junto con las prácticas que están dentro de dichas escuelas.
Hoy, de nueva cuenta, se antoja pensar en torno a la formación inicial de docentes y a las condiciones institucionales que prevalecen al interior de las escuelas Normales del país y concretamente de nuestro estado. En dicho espacio institucional se reconocen grandes tensiones y fuertes incongruencias curriculares.
Sería conveniente que en las escuelas Normales también disfrutaran de un día al mes para llevar a cabo descarga para reuniones de algo parecido a las reuniones de Consejo Técnico (CT) de la educación básica, en donde de manera horizontal se discuta en torno a los problemas y a las propuestas sobre la formación en el seno de cada escuela.
Además, un aspecto muy importante tiene que ver con los ejercicios de rediseño y codiseño del nuevo plan de estudios. Considero conveniente conocer el proceso de rediseño que se vive en las instituciones de formación en la entidad y cuál es el compromiso concreto de la calidad y profesionalismo de las y los nuevos docentes egresados de esas instituciones.
Cabe decir que el debate de la formación y la vida académica al interior de las escuelas Normales, se ha tornado en un debate circular, en donde gran parte de lo que se concluye viene siendo el reeditar las mismas conclusiones a las que se llegó en experiencias anteriores. Sigue faltando abrir debates serios, horizontales y participativos entre los integrantes de las comunidades académicas de las escuelas Normales, en torno a los modelos de formación, las tendencias y la pertinencia de este tipo de instituciones para nuestro país. Además, una asignatura pendiente tiene que ver con atender a los formadores de formadores, sus trayectorias, las identidades en construcción y las posibilidades para convertirse en potentes profesionales de la formación de nuevos docentes.
Es obvio pensar que el debate sobre la formación inicial de docentes es interminable, pero desde algún punto debemos iniciar, ordenando los asuntos en cuestión y clarificando las coordenadas para hacer más transparente y productivo dicho debate. Sería bueno conocer las opiniones de los nuevos líderes que han sido nombrados y están al frente de las 11 escuelas Normales de nuestra entidad, los 3 CAM y de los tres centros de posgrado.
Termino diciendo que algo tiene que cambiar en el seno de las escuelas Normales en el proceso que llevamos a cabo en la formación de nuevos docentes, pero no sabemos qué es y, de saberlo, en este momento no sabemos cómo hacerlo. La injerencia sindical y las resistencias de los propios formadores son el principal obstáculo que habría que superar para avanzar y poder seguir adelante. Ya se agotó la primera cuarta parte de este siglo y seguimos esperando las características del perfil de las y los educadores del siglo XXI.

*Doctor en Educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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