De la ternura a la agresión: el crecimientos de los bebés y los cachorros

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

No hay aquí un intento por explicar el sadismo en la etapa anal o en las pulsiones parciales descritas por el psicoanalista Sigmund Freud; es en realidad un intento por explicar algo de una apreciación más sencilla y no teórica.
Para la mayoría de las personas, no todas porque obviamente siempre hay excepciones, los bebés y los cachorros o crías pequeñas de animales resultan visualmente, incluso olfativamente, tiernos e inspiran a abrazarlos, cuidarlos, acariciarlos y expresarles diferentes formas de amor, ternura o agrado; los adjetivos comunes que se emplean para referirse a ellos son bonitos, chiquitos, preciosos, frágiles, desvalidos, estos últimos sin una connotación negativa, entre muchos más similares a los ya referidos. Sin embargo, biológicamente, y en algunos casos de manera lamentable, la vida sigue y crecen y pierden esta imagen, cambiando en su apariencia y en su comportamiento.
En el caso de los animales salvajes, como los grandes felinos, los cachorros van sucumbiendo a su instinto y al aprendizaje de técnicas para cazar, enseñadas comúnmente por la madre, y transitan entonces de la etapa de tomar leche, ser alimentados con carne por la manada, a finalmente volverse adultos cazadores para alimentarse y ser así independientes y autosuficientes en pocos años. Su agresión y su comportamiento salvaje son parte de su instinto y vienen en sus genes y, pese a ello, algunos pueden ser domesticados.
Pero en los seres humanos, en algo que golpea al ego por la falta de racionalidad, ética y valores, cualidades que supuestamente nos caracterizan y nos alejan de los animales, el comportamiento salvaje y agresivo es cada vez más común. Aquí sí la teoría se ha aventurado a hipotetizar acerca de las causas, refiriendo a explicaciones tales como también el instinto, el aprendizaje, el contexto en el que se crece, el abandono parental, la desigualdad, entre otros también, que aluden a factores uni o multidimensionales que generan su presencia, pero sin dar una causa determinante y general.
No obstante, es claro que algo ocurre del nacimiento al momento en que una persona decide actuar de forma agresiva y salvaje, de tal forma que incluso les cambia el rostro y define su actitud y forma de relacionarse con los demás. Pero no podemos olvidar esto: todo criminal y/o delincuente algún día fue un bebé que inspiró ternura, pero entonces alguien falló, un familiar o la sociedad en general, y devino en un ser que carece de humanidad.
El Principito nos enseñó, en su plática con el zorro, cómo los animales pueden ser domesticados, con voluntad e interés por el otro. ¿Es acaso que nadie tuvo voluntad e interés por estas personas y así perdieron su humanidad? Cuidemos entonces a cada bebé y démosles la guía y acompañamiento adecuado; parece una hipótesis, lo sé, pero es más una necesidad: la sociedad lo requiere, ¿o no?

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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