De la conformación de los colectivos escolares de docentes a pensar la docencia en clave participativa

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

A partir de una conversación académica que tuve con un colega en la UPN, él decía que cada reforma educativa va marcando y dejando huella en los sujetos que se forman a través de cada una de ellas. Yo tengo mis dudas al respecto, ya que cada reforma está impregnada por un alto nivel de mentira y de simulación, cuyas buenas intenciones no pasan del papel en el que se escriben.
Pero él hacía un recuento de cada reforma de los últimos tiempos y las aportaciones curriculares y pedagógicas que va dejando y los rasgos en los aprendizajes que va haciendo evidente en los sujetos que asisten a las escuelas.
En este orden de ideas, la cultura del magisterio ha pasado de un trabajo individual o en solitario a la conformación de redes y colectivos escolares, a partir de tener una visión de construcción colectiva, en donde al sujeto docente se le concibe como un sujeto colectivo, que dialoga entre pares y que es capaz de construir propuestas y compromisos bajo esta visión de trabajo en comunidad. En todo ello, ha sido la instalación y puesta en funcionamiento del llamado CTE (Consejo Técnico Escolar), espacio institucional pensado para tal efecto.
El CTE es un dispositivo institucional, el cual condensa varias intencionalidades importantes:

1. En primer lugar, las y los docentes tienen un espacio a partir de un encuentro mensual, relativamente libre y autónomo para dialogar; ahí se plantean problemas de la escuela, de la práctica y de la gestión de todos los días, pero también se tejen propuestas y compromisos para ponerlos en práctica.
2. Las y los docentes horizontalizan su mirada; aquí se pasa de la postura vertical (como era en antaño) a algo un poco más horizontal.
3. Se superan los miedos a equivocarse y las descalificaciones por quién sabe más o por las y los que monopolizaban el abordaje de los temas del CTE.
4. Las y los docentes se exigen estudiar algo que vaya más allá de los lineamientos o los textos formales que institucionalmente envía la SEP para convertirse en un seminario permanente y se rescata la tarea del estudio y la importancia de profundizar en el conocimiento de los temas que componen la agenda educativa del presente.
5. La escuela como institución se traduce en un sujeto colectivo que se piensa desde adentro y que genera propuestas desde abajo y entre todos, y son ellos, es decir, todos, quienes contribuyen en la confección de un proyecto escolar pensado en y para la mejora de los aprendizajes.
6. En este espacio se pasa de la queja a la propuesta y se construye un saber que no es de nadie, porque es de todas y todos.
7. Tal vez lo único que haga falta es el rescate de la memoria colectiva y de las narrativas que recuperen experiencias y testimonios, no tanto lo que hay que hacer, sino lo que se está haciendo y lo que se está generando con lo que se hace.

De esta manera, la realidad educativa se comienza a definir de otra manera; se pasa del yo al nosotros y el sujeto colectivo en construcción se vincula de manera diferente con la realidad educativa en la que vivimos.
Pudiera pensarse que existen resistencias; es obvio que las hay, siempre las ha habido, pero hemos entrado a un proceso de transición. En este contexto, sería conveniente disfrutar de recursos públicos adicionales para premiar o incentivar a los colectivos escolares de docentes que usan la escuela y la práctica como escaparate para mostrar algo diferente; se trata de premiar la producción académica y la generación de logros y, sobre todo, la conformación de una nueva forma de hacer educación, que sirva para garantizar mejores resultados educativos.
La SEP pudiera publicar una convocatoria abierta para conformar colectivos escolares y que cada uno se registre como una red o un colectivo con una tarea y un compromiso concreto a partir de diseñar un plan mínimo de trabajo y una ruta de acción.
El punto de llegada en la conformación de los colectivos escolares no solo es agruparse y pensar en plural, sino también la participación y el compromiso de la transformación educativa; es el objetivo último que deberá atravesar a cada colectivo docente. Otra educación es posible para generar otro país y otro país es posible para generar otra educación. Esa es la nueva dialéctica para pasar del círculo vicioso a un círculo virtuoso.
Como una tarea complementaria, sería conveniente pensar en abrir una línea de investigación para conocer el proceso de organización y desarrollo de los colectivos de docentes. Es importante generar conocimientos en torno a esta nueva propuesta de trabajo que aglutina a infinidad de docentes de educación básica en nuestro país, a partir de las nuevas propuestas de participar en colectivos escolares.

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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