De conceptos y categorías de estudio en investigación educativa: una historia

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Sé que es una obviedad, una perogrullada, dicen personas cercanas a mí, decir que la historia personal influye en los temas de investigación que uno elige, lo cual, lejos de quitarle objetividad o imparcialidad a una investigación o la postura como investigador, le brinda significatividad y compromiso afectivo con el trabajo a realizar.
¿En qué momento un investigador educativo eligió su temática-problemática de estudio? Al aludir a la idea de momento, se hace referencia a un tiempo específico, acotado, identificable, en el que una idea se fue gestando en un profesional, de educación en nuestro caso, que lo llevó a enfocarse en un objeto, ya sea proceso, fenómeno, personas, cargos o problemas, por ejemplo, que se requiere abordar o darle visibilidad con la finalidad de mejorar o eficientizar el proyecto educativo docente, institucional o político, o bien, brindar alternativas de solución a problemáticas precisamente presentes.
Cada experiencia de vida va permeando y configurando la subjetividad de las personas, así, haber vivido condiciones de pobreza, haber sufrido bullying, haber presentado problemas de aprendizaje durante la formación escolar, un tema revisado en clase que resultó significativo, una condición vivida en casa o en la familia, la sugerencia recibida de un o una docente significativa, las lecturas realizadas durante la vida y las teorías aprendidas, la forma de acercarse a lo educativo, las críticas que hacemos a modelos educativos con un fundamento débil o sin él, las correlaciones que encontramos entre variables o el peso que tienen algunas de ellas en el desempeño académico como la tecnología o la desintegración familiar por ejemplo, la forma en que vivimos las relaciones y dinámicas sociales al interior de las instituciones, el sufrimiento de los ejercicios de poder institucionales, la búsqueda de validación de una propuesta didáctica o instrumento, la identificación de características particulares en las diferentes etapas del desarrollo humano en los demás y en uno mismo, el análisis que hacemos de un modelo educativo o de los procesos de enseñanza y de aprendizaje o de un currículum o del plan sectorial de educación de un periodo político específico, el papel social que damos a las escuelas, la significación social que percibimos en torno a la docencia, el papel que atribuimos a la cultura y la sociedad en la educación, la implementación de una ideología que compartimos, la forma en que se desarrollan en las y los estudiantes y docentes diferentes procesos psicológicos o la identidad o valores o la ética, el impacto que deseamos tener en el aprendizaje a través de los proyectos transversales o comunitarios, la forma en que cuestionamos el uso o mal uso de recursos con los que se cuenta, las injusticias sufridas con los mecanismos de ascenso o incremento de horas, los cambios que advertimos con el pasar de los años dentro de la escuela, incluso un encargo o indicación directa recibida, entre un sinfín de posibilidades más de experiencias que podemos tener dentro y fuera de la escuela van abriendo caminos para cientos de investigaciones que se pueden llevar a cabo y que dan o darían cuenta de los intereses, las pasiones, los saberes, la postura y la idea de educación que cada uno posee en nuestro papel asumido como un docente investigador. Cada experiencia de vida educativa nos ha dejado una marca y nos ha dado así un camino para investigar, si uno asume ese rol.
Concluyo entonces nuevamente con la obviedad de inicio: ninguna idea de investigación surge de la nada, hay detrás un camino recorrido, así como una postura asumida ante aquello que investigo. Cada docente puede ser entonces investigador: falta mirar un poco hacia adentro nada más, ¿no?

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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