Cuando un maestro se va

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

¿Alguien puede ser insensible ante la muerte? No lo creo, menos cuando ha existido una cercanía con aquella persona que nos deja; esas frases innecesarias de “la función debe continuar”, “la vida sigue” se vuelven intentos fallidos de minimizar un sentir, un dolor, que no cambian lo que una pérdida deja.
Es en un momento así cuando uno toma conciencia de lo insignificante que somos para otras personas o para el lugar de trabajo, que en su mirada práctica piensan inmediatamente en quien podrá suplir a los/las que ya no estará más con nosotros, recordándonos que todos somos reemplazables, no importa lo que uno crea o haya conseguido.
Y en este sentido, la vida de cada docente tiende a experimentar una sensación de injusticia y de poco reconocimiento: dejan atrás una historia de esfuerzo, de lucha, de sacrificios, muchas veces de privaciones con tal de llegar a ser alguien dedicado, en cuerpo y alma, a la educación, sirviendo así a niños, niñas, adolescentes, jóvenes, familias… al país; al final sólo quedará en el recuerdo de aquellas personas que le dieron un sentido significativo a lo que recibieron del docente, ya sea estudiante, otro docente o padre o madre de familia.
Cada docente da de sí su tiempo, sus conocimientos, su experiencia, su apoyo incondicional, y, en no pocas ocasiones, llega a compartir incluso sus alimentos o parte de sus magras ganancias con alguien más de la comunidad educativa. Lejos de películas como La maestra inolvidable o Simitrio en México o famosas como La sociedad de los poetas muertos, Con ganas de triunfar, entre otras, la realidad de muchos docentes supera en mucho las escenas que ahí podemos mirar, conmovernos y encontrarnos.
Por eso, parafraseando a Alberto Cortez Cuando un (docente) se va// queda un espacio vacío// que no lo puede llenar// la llegada de otro amigo… el pasado domingo murió lamentablemente mi Director Francisco Enríquez Ontiveros quien sirvió a la educación por más de 60 años. Proveniente de su amada Mérida, como parte de su legado fue fundador de 4 escuelas en el Estado de México, mostrando un cariño y cuidado profundo por cada una de ellas, empezando a veces desde cero, dedicándoles la mayor parte de su tiempo, de su vida, siendo desde siempre un personaje importante de la historia educativa del municipio de Coacalco. Hoy que nos ha dejado vendrá alguien a ocupar su puesto, más no su lugar… quedará un espacio vacío.
Muchas historias de docentes se quedan en el tintero y nadie sabe de ellas, hoy decidí compartir una que vale la pena contarse. Descanse en paz Maestro Enríquez

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

  • Catalina González Pérez

    Lamento mucho esta pérdida. Una vida docente ejemplar. Gracias por habernos contado un pedacito de la trayectoria del maestro Enríquez. Es de los maestros inolvidables.

    • Claudia Morales Ramírez

      El Maestro Enriquez trascendió su propia historia…y esto fue a través de la docencia.
      Su historia, sin duda, nos impele a dar lo mejor de nosotros, y a dejar huella en esta senda. Un abrazo, Dr.

    • Araceli

      Muy inteligente y acertado el artículo, felicidades!!

  • Erika Griselda Ramos Mendoza

    Un ser Humano que deja un espacio vacío que difícilmente será llenado por alguien más, y una gran responsabilidad para los que seguimos aquí al frente de su amada escuela.

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