¿Cualquiera puede hacer ciencia?
Marco Antonio González Villa*
La respuesta más rápida es no, requiere de un entrenamiento, pero, sobre todo, una validación de un grupo de personas que dirían sí, esto es ciencia, o no, no es ciencia, cuya evaluación depende directamente de su formación y del marco previo de premisas que fue adoptando, desde las cuales se puede hacer una interpretación y/o análisis de los fenómenos naturales, los más aceptados, o bien de los sociales, sobre los cuales se aplica con mayor rigurosidad cualquier intento de cientificidad que se pretenda.
La experimentación, la observación o bien su potencial de replicabilidad, que son muy acordes y afines a una lógica cartesiana, son sólo los primeros elementos que debe observar el intento de hacer ciencia, por lo que podemos señalar que es propiamente la argumentación el elemento principal para hablar de ciencia; podríamos decir que la falsabilidad propuesta por Popper funciona como un criterio de determinación de lo que es ciencia, es una referencia sumamente socorrida, sobre todo para descalificar los intentos de hacer ciencias sociales; sin embargo, a lo largo de su vida fue haciendo adecuaciones a su constructo teórico, como hace todo intelectual, y fue mostrando apertura a esta posibilidad de cientificidad.
Es un hecho que el dato, el número, la estadística, siguen siendo más valorados que el discurso; el análisis sigue aun estando por encima de un ejercicio hermenéutico, en el caso de los científicos por la objetividad que brinda la medición, en el caso de los políticos porque creo que no les alcanza su capacidad argumentativa para entender la hermenéutica, aunado a que el dato se puede falsear, cosificar, objetivar, quitándole así todo sentido humano, lo que obligaría a mostrar una postura empática y ética ante el investigado, lo cual puede ser incómodo.
El infante experimenta y observa, replica si le es posible, pero no sería considerado ciencia, juego tal vez; un seductor experimenta, observa y replica, pero no es ciencia, igual un vendedor y otros actores sociales; algunos dirán que están haciendo uso de herramientas y estrategias metodológicas de la ciencia, pero, obviamente, no es ciencia.
Se requiere contar con el aval, con la aprobación de un grupo de científicos, no de cualquier escuela formativa, por cierto; hay también un listado de universidades o institutos que pueden hacer aportaciones a este tipo de saber y que respaldan a sus representantes. No cualquiera puede entrar a este selecto grupo: hay que aprender su lenguaje, sus teorías y sus herramientas; la improvisación y la creatividad no son objetivas, así que no tienen cabida.
Así que aquellos a los que nos gusta la investigación, una de las principales vías para hacer ciencia, tendremos que esperar la validación de este grupo para ser reconocidos como científicos, lo cual precisa de humildad en el saber: no sólo los europeos y los estadounidenses son dueños de este saber; ya tenemos también grupos aquí que lo tienen apropiado. Su forma de hacer ciencia no ha mejorado las condiciones de muchos; eso también tendría que ser un criterio de validación.
Pero sigamos haciendo ciencia, que no cese la voluntad y el entusiasmo: finalmente, sólo se quiere aportar con su granito de arena al inmenso mundo del saber, ¿no?
*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx