Crímenes de lesa humanidad: un tema para discutir en clases
Marco Antonio González Villa*
Tenemos otros datos; es ya una postura del partido en el poder en México desde el sexenio pasado, pero, en el tema que hoy abordo, pareciera que tienen cierta razón. Un comité de la ONU señala que las desapariciones de personas en México pueden ser consideradas crímenes de lesa humanidad, ante lo cual la presidenta refiere no estar de acuerdo.
Recuerdo que cuando era un niño y escuchaba “crímenes de lesa humanidad”, primero no entendí el significado de “lesa” y después pensaba que eran, en términos infantiles, atroces o muy salvajes. Asumiendo que varios pasaron por lo mismo que yo, me veo en la necesidad de explicar lo mejor y concretamente posible el tema.
Primero debo definir el concepto de lesa, que también puede ser usado como leso y cuya explicación significa agraviado, lastimado, ofendido; por eso cuando alguien sale ileso, como antónimo, significa que salió sin ser lastimado o agraviado. Por tanto, los crímenes de lesa humanidad, en la voz de diferentes fuentes académicas y sociopolíticas, son considerados actos atroces como pueden ser asesinatos, torturas, exterminio, esclavitud, violencia sexual y, sí, desapariciones forzadas, que se realizan contra individuos civiles que forman una sociedad como parte de un ataque generalizado y sistemático. Recientemente estuvo en cine la película Núremberg. El juicio del siglo, que abordó el juicio a líderes nazis contra los que se aplicó el término por primera vez con un sustento dado por el Derecho Internacional; como dato, la categoría crímenes de lesa humanidad se acuñó por primera vez en 1915 en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Así que las Guerras Mundiales, guerras europeas inicialmente, fueron escenario y razón para la creación de la categoría.
Si solamente consideráramos los crímenes a los que alude la categoría, tendríamos que decir entonces que prácticamente en todos los países, no sólo en México, y en todos los tiempos se han presentado y no han podido evitarse. En tiempos de Peña Nieto ya se había insinuado que el caso de los normalistas de Ayotzinapa podía ser catalogado como de lesa humanidad. Sin embargo, si considero la señalización que alude a un ataque generalizado y sistemático, pareciera ser que se acota a ataques de tipo militar o en donde ciertas fuerzas o sectores están implicados con fines y objetivos más allá de intereses personales solamente.
No justifico, para nada, que se minimice el impacto de cualquier tipo de crimen; todos son atroces y no tienen razón ni justificación; sin embargo, hay una implicación, velada, de que en los crímenes de lesa humanidad hay muchas víctimas al mismo tiempo y un fin político de fondo; tal como se ha sugerido en el caso de Ayotzinapa precisamente. En México, además, las desapariciones forzadas son llevadas a cabo comúnmente por personas vinculadas a gobiernos, a políticos, con un nivel de impunidad cercano al 100%, lo cual lo vuelve casi un crimen perfecto con el que figuras de gobierno pueden deshacerse de críticos u opositores.
Con esta última precisión, parece que hay fundamentos para considerar las desapariciones forzadas como crímenes de lesa humanidad, por quien lo perpetra, aunque no sea necesariamente sistemático ni generalizado, pero sí común en las formas y fines. Si se valora como crimen de lesa humanidad cualquier tipo y caso de desaparición forzada, tal como se cataloga como feminicidio cualquier asesinato de una mujer en manos de un hombre, sin considerar los motivos, pero dándole un agravante mayor, y se aplican sanciones acordes al dolor e impacto que generan y con el mismo interés y búsqueda de justicia como en un feminicidio, podríamos, con seguridad, disminuir este tipo de crímenes en México. Hay en México, desafortunadamente, muchos casos de desaparición forzada con un responsable señalado, pero, como ya referimos, saldrá seguramente impune.
Así que la presidenta puede no estar de acuerdo, pero básicamente tiene dos opciones ante lo referido por el comité de la ONU: 1) corregir el problema y empezar a investigar a todo político y gobernante señalado como perpetrador de una desaparición forzada y castigarlo de forma severa por el daño no sólo social que ha causado, sino también a la imagen del país; 2) hacer como Estados Unidos y minimizar y/o ignorar cualquier señalamiento o sugerencia de ser responsable de crímenes de lesa humanidad. La segunda opción es más fácil, obviamente, aunado a que la ONU no hace literalmente nada, sólo decir; pero la otra sería ideal. Planteemos esto para discutir en salones de clases de media superior, superior, posgrado y, ¿por qué no? En un TGA: Me parece un buen tema para desarrollar conciencia histórica, ¿no?
Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx