¿Con quién los podemos acusar?

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

En las últimas semanas, con motivo de las recientes marchas por los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa y el 2 de Octubre, el presidente del país hizo un comentario que suscitó las burlas y críticas de sus detractores. Sus palabras fueron dirigidas a los manifestantes que aprovechan las manifestaciones y el anonimato que les brinda estar encapuchados para causar destrozos, tanto a negocios particulares como a edificios de gobierno y patrimonio de la nación: “los voy a acusar con sus mamás y abuelos…”, así empezó su propuesta en la que hizo referencia también a los papás y familiares en general, en quienes ve aliados para reprender las conductas de estos jóvenes, confiando en que desaprobarían su comportamiento y corregirían la situación.
Lejos de burlarme o sumarme también a la crítica que ya ha tenido este comentario y el presidente, quisiera centrar la atención en dos puntos que considero importantes: uno con relación a la familia y otro con relación a una posibilidad educativa.
Con respecto a la familia, identifico una perspectiva en la que, evidentemente, el presidente se equivoca. ¿Hay forma de que un padre o madre de familia no se dieran cuenta de las actividades que realiza un hijo o hija?, encuentro dos razones inmediatas para saber porque no pueden corregir este comportamiento como se espera. La primera es porque se evidencia una relación no cercana con los hijos, es decir, figuras parentales ausentes física o psicológicamente, por lo que el joven actúa sabiéndose impune de cada uno de sus actos no sólo en lo social sino también en lo familiar. O, como segunda razón, tal vez el padre y/o la madre están de acuerdo con la actitud y comportamiento de sus hijos, por lo que tampoco habrá sanción o reprimenda.
En lo que respecta a la posibilidad educativa, considero que podemos empezar a implementar un programa y una serie de actividades que, desde el preescolar hasta el nivel medio superior, empecemos a formar a los alumnos en aspectos cívicos y de conciencia ciudadana. Inculcar e informar a los niños y adolescentes sobre la importancia histórica y la necesidad de los movimientos sociales como forma de pelear por los derechos civiles y humanos; podríamos incluso hacer simulacros de marchas en las escuelas enfatizando y reflexionando conjuntamente sobre la necesidad de mantener una actitud respetuosa ante las personas que son testigos y/o ajenas a las causas por las cuales se lucha. Sé que puede parecer absurdo y, también motivo de burla esta propuesta, sin embargo, ante la imposibilidad legal y ante el probable reproche social por ejercer una acción directa contra ellos que sea considerada represión ¿hay alguna forma de lograr que los participantes encapuchados en las marchas muestren una conciencia cívica y ética durante las manifestaciones?, la respuesta es no. La oposición y los medios de comunicación critican solamente, lo que cualquiera puede hacer, pero no he escuchado ningún tipo de propuesta en sus palabras. Aquí sólo hay un intento pensando en los años subsecuentes. Vale la pena pensarlo ¿no?

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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