Comunidad escolar y eventos deportivos en América Latina. Una relación incómoda

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

 

Cada dos años “el mundo se detiene”, dicen los comentaristas deportivos, dado que se llevan a cabo el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos, que se realizan cada cuatro años, con una diferencia de dos años entre ellos. Los participantes se preparan por años con la finalidad, la mayoría, de poder ser campeones del mundo, ganar una medalla o bien establecer un récord en las estadísticas de su país; otros sólo se presentan para su anécdota personal y vivirlo como un paseo vacacional.

Sin embargo, pensar que ambos eventos sólo tienen un fin deportivo es sumamente iluso: hay intereses políticos, comerciales y, por tanto, económicos, en donde el presente Mundial es el mejor ejemplo. Los medios de comunicación juegan un papel fundamental, por lo que de distintas partes del mundo llegan al país anfitrión una gran cantidad de reporteros para cubrir las competencias deportivas… y otras cosas: los reflectores están en los deportistas, pero también en las calles y en la gente.

El Mundial y los Juegos Olímpicos son, entonces, un gran escaparate para poder ventilar los problemas locales, de casa y, en el caso de Latinoamérica, la comunidad educativa ha tenido un protagonismo ligado a la tragedia y a la censura del gobierno en diferentes momentos. Hagamos un recuento histórico.

En el año de 1968 se llevaron a cabo los Juegos Olímpicos en México. Días previos a la inauguración, un conflicto entre estudiantes de dos escuelas escaló a una proporción desmedida debido a la respuesta agresiva del presidente Ordaz; de igual manera, en septiembre de ese año, trabajadores de una universidad, confundidos con estudiantes comunistas, fueron atacados en Canoa debido a la paranoia causada por el gobierno de Estados Unidos. Todos sabemos que ocurrió entonces: el 2 de octubre, 10 días antes del encendido de antorcha, fueron asesinados en la Plaza de las Tres Culturas cientos de estudiantes a manos de un gobierno represor e intolerante.

En Argentina, la dictadura militar represora, implantada en 1976, buscaba desarticular cualquier tipo de organización social, por lo que desaparecieron y fueron asesinados muchos argentinos, entre ellos una cantidad significativa de estudiantes universitarios. Durante el Mundial realizado en 1978, televisoras de diferentes países transmitieron las marchas de las Madres de la Plaza de Mayo, asociación formada en 1977 con la unión de 14 madres reunidas, cuyo fin era recuperar con vida a sus hijos secuestrados y desaparecidos. Hasta la fecha, su nombre sigue latiendo en Argentina.

En Brasil 2013, listo para celebrar el Mundial en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016, hubo movilizaciones de parte de millones de brasileños protestando por los gastos excesivos en los preparativos, en lugar de ocupar esos recursos en mejorar la calidad de los servicios de salud, educación y transporte; estudiantes universitarios fueron uno de los sectores de mayor participación en estas protestas.

EL presente Mundial no podía ser la excepción y los conflictos entre la CNTE y el gobierno han estado de fondo desde días antes del inicio del campeonato y la prensa internacional tiene información e imágenes de primera mano para transmitir a cualquier lugar del planeta.

Nos hemos centrado específicamente en los casos de América Latina en los que el sector educativo está presente, en el entendido de que en cada lugar y momento histórico los conflictos siempre van a estar ahí. Pero es indudable que en estas latitudes, estudiantes y docentes forman parte de movilizaciones que cuestionan lo social y lo político y que la censura suele aparecer contra ellos. ¿Seguirá la tendencia?

 

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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