Cansancio
Jorge Valencia*
El cansancio es un mensaje del cuerpo que solicita una recarga de energía. Tal “recarga” consiste principalmente en dormir: reducir las funciones musculares y cardiovasculares al mínimo necesario. La mente nunca descansa. Juan Rulfo escribió que los sueños son “un buen colchón para el cansancio”. Son también una forma de aprendizaje que los mamíferos hemos desarrollado como estrategia de supervivencia. Malo sufrir una pesadilla. El corazón se acelera, la cabeza suda, la respiración se entrecorta… Es hora de ir a trabajar.
Se cansa quien hace un esfuerzo. O quien cree que lo hace. La pereza es un cansancio excesivo. O un cansancio volitivo que sólo se conforma con un descanso infinito.
El cansancio es físico y es mental. Ocurre en la forma del hastío cuando la actividad desempeñada ha perdido novedad e interés.
El cansancio definitivo es consecuencia de la vejez. Los ancianos son seres cansados a quienes ya no les entusiasma el amanecer. No todos. Algunos aún tienen ganas de vivir y viven cien años a pesar de los pronósticos.
Contrastan con otros que nacieron cansados. Verlos provoca bostezos. Son gente sola. Sola con sus sueños donde recurren las pesadillas. Para ellos la vida es una pesadilla. Kafka lo expresó en la primera línea de La metamorfosis: “Cuando despertó, luego de un sueño sobresaltado, Gregorio Samsa se vio convertido en un horrible bicho”. Estamos llenos de bichos. Y de sueños sobresaltados.
La civilización ha organizado sus descansos en semanas de seis días. Cinco para los afortunados. Y períodos vacacionales que garantizan la eficiencia de la producción. Antes los obreros y los campesinos trabajaban sin descanso. Hoy sólo los avaros evitan descansar. Acumulan riquezas para que otros gocen del producto de su esfuerzo, luego del infarto por sobreesfuerzo.
El lunes es el peor día. Todos los malestares se magnifican: los físicos y los emocionales. Las crisis existenciales ocurren siempre en lunes, cuando el misterio de la vida obnubila cualquier conformidad.
El sábado, en cambio, la esperanza en el género humano recobra sus ímpetus. A la gente le da por reunirse y hablar. Hablar y cantar y bailar. Y suponer que la vida es un sábado eterno que concluye el domingo, con dolor de cabeza y resignación. Curiosamente, nadie está cansado el sábado.
Hay una relación de causa-efecto entre el lunes y el cansancio, y entre el cansancio y el trabajo, que sólo se reconcilia con un motivador: la gente cotidiana, la jubilación…
Hasta Dios descansó luego de su Creación, según el Génesis. Todo se cansa. La Tierra con sus saqueos; la felicidad. La felicidad también sufre el hastío y se banaliza. Sujetos al tiempo y el deterioro, los seres humanos somos entes amenazados por el cansancio. Francisco de Quevedo escribió: “Soy un fue, y un será, y un es cansado”. Probablemente lo escribió un lunes.
*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx