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Jorge Valencia*
El mejor legado de Benito Juárez es el día de asueto por su onomástico.
Un día de asueto es un oasis en el desierto. Un pretexto para levantarse a las 11 y tiempo razonable para evaluar la conveniencia del trabajo.
Tal vez como maestro de Física en Oaxaca, Benito Juárez comprendió que las leyes obedecen a principios inescrutables. Cuando tuvo que defender las Leyes de Reforma contra la reacción decimonónica, bastó la fuerza del Estado (un Estado en ciernes) como la certeza de la gravitación universal. Por todo argumento, la atracción de la masa de los cuerpos. Los liberales soñaron un país de ciudadanos iguales, donde los zapotecas pudieran ser presidentes y la religión no tuviera otra potestad que la ultraterrena.
Los días de asueto son días para resarcir culpas. Arreglar la bomba del baño o lavar la ropa sucia. Regar las macetas o sacar a pasear al perro. Sobre todo, refrendar un descanso donde el domingo puede continuarse en el fin de semana largo, con tiempo remunerado para replantear la vocación.
En su “Breve historia de México”, José Vasconcelos plantea que las leyes de Reforma obedecieron a un perverso plan norteamericano para destruir la única tradición que nos vinculaba aún con nuestro pasado hispánico: el catolicismo. Como la Reforma protestante combatió a la Iglesia en Europa, sin saberlo con claridad nuestros liberales abolieron la influencia de la religión católica en nuestras sociedades y, con ello, nuestra propia cultura. El resultado fue un desastre económico y político que ya nos había provocado la pérdida de la mitad del territorio y el apoderamiento de las tierras y el subsuelo a manos de inversionistas extranjeros. Luego, como terreno fértil, se sobrevinieron dictadores, empezando por Santa Anna y terminando con Calles y su creación del partido oficialista (PNR), que anuló toda posibilidad de democracia durante el resto del siglo XX.
El asueto es un día insuficiente para considerarlo vacación, pero razonable para considerarlo de descanso. Es un medio tiempo en un partido de futbol que se posterga para recuperar a los jugadores del cansancio y perpetuar el temor de perder.
Auténtico fundador de nuestra patria para algunos y fracturador de nuestra continuidad hispánica para otros, Benito Juárez es el símbolo de la resistencia nacional. Hombre de su tiempo, entendió que la salud social consiste en el establecimiento de un estado de derecho, donde la ley garantice la convivencia pacífica de los ciudadanos. “El respeto al derecho ajeno es la paz”, dijo.
En el día de asueto dejamos de ser empleados para volver a ser sólo personas: padres de familia o cónyuges, hijos, hermanos, amigos. Seres humanos cuya profesión es, entre otros, un acto de libertad.
Benito Juárez trabajó como forjador de cigarros en Nueva Orleans, durante su exilio. La docencia, la función pública, el pastoreo de borregos, la legislación y la hégira política completan sus actividades. La de constructor de una nación es, seguramente, la más notable.
*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx