¿Aún quedan maestros rojillos?
Marco Antonio González Villa*
En la década de los 70, cuando aún era un niño, recuerdo que había un tío en la familia al que le decían “rojillo” y me parecía interesante; de hecho, nos llevó a una escuela a ver una película sobre la Revolución China y el nombre de Chiang Kai-shek se me quedó grabado. Al mismo tiempo, en mi escuela primaria tuve clases con docentes que gustaban de hablar de temas sociales, políticos y económicos, pero fue en el CCH en donde tuve más claridad para entender que se les llamaba “rojillos” precisamente a aquellos docentes que tenían simpatías políticas con el socialismo, con la izquierda y eran asiduos lectores de Marx. Estamos hablando de tiempos en donde el PRI era quien imponía su poder sobre todos los demás partidos, pero, aun así, tuvimos presencia de partidos como el Partido Popular Socialista (PPS), fundado en 1960, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), el Partido Demócrata Mexicano (PDM), el Partido Comunista Mexicano (PCM), estos tres últimos que obtuvieron su registro condicionado en tiempos de López Portillo y que dieron pie, con su disolución poco tiempo después, al surgimiento del Partido Socialista Unificado de México (PSUM); no podemos olvidar, obviamente, el Partido de los Pobres del normalista Lucio Cabañas, fundado en 1967 y disuelto con su muerte en 1974. Como se puede ver, es un hecho que se crearon mecanismos para mantener silenciados y en paz a estos partidos.
Pero entonces, a finales de los 80, ocurrieron diferentes eventos que dieron un cauce diferente a las circunstancias políticas de nuestro país: por un lado, la caída del Muro de Berlín, que fue un duro golpe para las izquierdas en el mundo, y la consolidación del neoliberalismo en el poder en México, silenciaron temporalmente a docentes catalogados como “rojillos”; pero, por otro lado, la denuncia de fraude en las elecciones de 1988 y el levantamiento del ejército zapatista dieron vigor para el resurgimiento de los movimientos de izquierda en el país, por lo que el Partido del Trabajo (PT), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y, posteriormente, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), han observado un crecimiento entre las preferencias y votaciones en los últimos años, aunque, es conveniente marcarlo, sin la profundidad ideológica de los partidos socialistas de antes; docentes de varios estados simpatizan y pertenecen a estas corrientes políticas e ideológicas; tenemos ejemplo en la gobernadora del Estado de México y nuestra actual presidenta.
Pero regresando a la pregunta de inicio, ¿y los maestros rojillos? En la actualidad, por la postura laica del magisterio, no puede haber manifiesta una afiliación política definida; sin embargo, por su postura crítica, dentro y fuera del aula, su activismo y su participación en asambleas y movilizaciones que cuestionan al sistema y a ciertos modelos y políticas económicas, pueden entrar en esta clasificación diferentes docentes.
Es un hecho que la referencia “rojillo” tiene cierto matiz despectivo; sin embargo, dotaba de un sentido identitario y un sentimiento de orgullo entre los así referidos, por lo que sería interesante saber la cantidad de docentes que actualmente se inscriben dentro de este grupo o, al menos, simpatizan con muchas de sus ideas: tal vez estemos hablando de una especie en extinción, pero también podríamos estar en el umbral de un posible renacer. ¿Alguien ha visto a un docente rojillo? Sería interesante un diálogo con ellos, ¿no?
*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx
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