Aprender con práctica
Miguel Bazdresch Parada*
Es común escuchar a padres y madres de familia con hijos e hijas en la escuela primaria, sin importar si es privada o pública, quejarse de las cosas que la maestra o el maestro le dice o le pide realizar a sus vástagos. La lista es larga y tiene un denominador común: “Con sus modos de enseñanza, mi hijo/hija no aprende nada. Cámbiele usted”. La lista de los hechos sucesivos a esas quejas es interminable. Desde luego, no son hechos de todas las familias y en relación con todos los niños/niñas. Independientemente de lo numerosas que sean esas quejas, el tema “aprendizaje” es un tema tan amplio y complejo que, por tanto, a maestros, no se diga a padres/madres, nos cuesta conocerlo y más entenderlo y comprenderlo. Dicho en corto, es mucho más difícil de lo que parece.
Para muestra, va un botón. Una mini lista de 12 métodos de aprendizaje: Aprendizaje inmersivo: online. Aprendizaje asociativo; no asociativo. Aprendizaje explícito; implícito. Aprendizaje experiencial; receptivo. Aprendizaje vicario u observacional; emocional. Aprendizaje significativo. Aprendizaje crítico. Esta lista puede crecer al doble sin dificultad. Todos estos aprendizajes están reportados en la literatura pedagógica y didáctica. Y se estudian (o debieran) en la Escuela Normal.
De ahí la importancia de “aprender a aprender”, pues los modos de aprender se aúnan y se utilizan en serie o en paralelo según el aprendiz avance en la comprensión del contenido por aprender. A ratos un ejemplo ayuda y a veces no ayuda. Otras veces, la repetición contada de un contenido ayuda al estudiante y otras veces lo confunde, pues pierde la secuencia de la explicación. Y mil sucesos parecidos, los cuales son recuerdo de quien ha estado en la escuela.
Esa variedad de acciones, reacciones y modos de acercar al estudiante con el contenido por aprender, o aproximarse al método mediante el cual se aprende un proceso para lograr un propósito educativo, o ayudar al estudiante a superar la dificultad de un planteamiento complejo. A todo esto y más se enfrenta un maestro, sobre todo si se ha acostumbrado a una o dos de todas esas formas, las cuales son usuales en los materiales proporcionados por la autoridad educativa. De ahí la importancia de una formación de maestros y maestras dirigida a comprender esa variedad en las maneras de aprender, posibles para los estudiantes si tienen la ayuda estratégica del maestro o maestra. Aquí la importancia de superar aquella idea de considerar un solo modo de aprender, pues hoy y desde hace rato es obsoleta.
Una de las claves más importantes para decidir con cuál aprendizaje se pueden enseñar ciertos contenidos específicos está en reconocer el hecho, casi universal, de observar cómo procede quien ya sabe cómo proceder, digamos, para aprender a manejar. Sí, el chofer–profesor se reúne con el estudiante y lo invita a observar y registrar las acciones realizadas por el profesor. Así, le pude pedir al estudiante, una vez acabado cada proceso necesario del manejo, que lo diga en voz alta, lo memorice y, sobre todo, diga con cuál objetivo se da cada paso y por qué se logra el manejo de un bloque de acero, hule y alambres llamado automóvil. Aprendizaje por objetivos y comprensión del para qué de cada acción, a partir de observar al que sabe, entender por qué razón lo hace; y, finalmente, el estudiante ha de intentarlo por sí mismo, al tiempo de pronunciar en voz alta qué hace, por qué lo hace y cómo sabe que logró lo necesario.
Aprender es complejo y es necesario detenerse a revisar cuáles acciones en cuál proceso son las pertinentes para aprender lo deseado, de modo tal que se logre estudiantes capaces de comprender y dar cuenta de por qué tales acciones lo llevaron a conseguir el objetivo. Asimismo, dar cuenta del aporte de la ayuda estratégica de los profesores para comprender la índole de lo aprendido y la aportación de esa comprensión para completar cada paso del proceso. No basta la memoria, no obstante ser un recurso importante, para mostrar a los profesores que el logro no es sólo palabras, sino la consecución del entendimiento del porqué de cada acción del proceso vivido.
Todo lo anterior en ocasiones se encuentra con el muro de la norma. Esa declaración establece el día y la hora en la cual los estudiantes ya deben saber, por ejemplo, conjugar el verbo haber y comprender las similitudes y las diferencias de los verbos ser y estar. Si no se hace el proceso del aprendizaje idóneo de la función de los verbos en nuestra habla y nuestra comunicación interpersonal, de nada sirve que se cumpla la norma. Todo el salón, al mismo tiempo, recita la conjugación del verbo X en tal sesión del año escolar.
Desde luego, las normas tienen su contribución al aprendizaje. Este hecho no puede ocultar la contribución de otras acciones y procesos no normativos. Por eso el maestro/maestra ha de ser un creador de procesos pedagógicos capaces, no sólo de lograr los objetivos normativos, sino de conseguir estudiantes capaces de lograr el propósito de aprender por sí mismos los contenidos, los procesos, las aplicaciones y las relaciones entre los distintos aprendizajes de las diferentes ciencias estudiadas. Y sí, aprender en y con la práctica.
*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx