El futbol también educa

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

A veces sucede que una familia lleve a sus hijos en edad de entrar a la escuela, y además los lleva a la escuela de futbol. Lo normal es llevarlo a una escuela–escuela. Sin embargo, hay su razón, pues en la escuela de futbol se preparará para patear el balón en una dirección definida, pues de seguro en el primer intento mande el balón hacia otro lugar. La coordinación entre ganas-pie-ojo y fuerza no es algo dado, sino aprendido. Desde luego habrá hijos de comprensión rápida y otro lentos o sin fuerza. En las dos casos la coordinación dicha es la materia educativa. Algunos maestros futboleros confían en la repetición y le dicen al niño que lo repita hasta que le “salga” bien. Otros apuestan a la comprensión y le hacen ver al niño cómo viaja el pie, cómo se reúne con el balón y cómo la vista del “blanco” debe y puede, a base de reiteraciones, coordinar al ojo y al pie. Dos pedagogías, si así les queremos llamar: Hazlo “mil y una vez” hasta que “salga”. Otra: Ve, comprende, siente, actúa: ve el resultado, repite y corrige.
Otras actividades propias y necesarias para jugar futbol se irán aprendiendo con uno u otro método… o quizá un tercero inventado por algún entrenador. Y la cuestión aquí es: ¿el futbol ayuda a aprender cómo ser persona? Todos lo somos si nos quedamos en hacer inventario de los elementos necesarios. A todos nos costará trabajo ese proceso de personalización, pues, igual que en el futbol, no basta tener los elementos, sino dirigirlos al “gol” del crecimiento personal y al “gol” de la socialización para aprender a vivir con los demás, al tiempo de trabajar en hacer algo “útil” al mundo.
Alguna vez, en una reunión familiar, un tío bien dado y con sus años platicó sus experiencias como futbolista en un equipo de alguna liga semiprofesional (léase, jugaban con reglas, y no existía el dinero para nada), donde el propósito era divertirse y ganar para recibir un líquido de regalo, de parte de los vencidos. Narró cómo su trabajo de defensa se hizo famoso porque casi nunca lo podían rebasar; y no lo rebasaban porque había visto que el delantero con la pelota en los pies no se fijaba que el cuerpo del defensa se doblaba por la cintura, con los pies bien asentados, y claro, el delantero se “estrellaba” en el muro de un señor agachado y estorbando. Así pasaba la pelota, pero no el delantero. Verdad o presunción, queda claro que el futbol enseña y los futbolistas aprenden. Mil y una historias semejantes se ven a la hora de jugar y poner el empeño en ganar.
También los profesionales del futbol se vuelven escolares para aprender a realizar los movimientos necesarios para conseguir la meta de ganar los partidos. Es cierto que por ser un juego, aunque sea profesional, los elementos a poner en práctica son repetidos la mayor parte del tiempo en el cual se desarrolle el partido. Sin embargo, hay situaciones cuyo desarrollo no es el más común y obliga a realizar movimientos no comunes. Es común observar cómo los jugadores defensivos se han preparado para “cuidar” a los delanteros del equipo contrincante. Y sin aviso un delantero brinca muy alto, más que los defensivos y puede cabecear el balón, a placer, lejos del alcance del portero y casi seguro, anotar un gol. Los defensas no sabían de la capacidad de saltar del delantero. No lo estudiaron a fondo. No estaban educados para saber de la potencia de los jugadores contrarios. Aprendizaje: no confiar que los partidos se repiten, son casi iguales. Aprendizaje: estudiar a los contrincantes y reconocer sus capacidades, no sólo mostradas, sino las posibles dadas las características de los contrarios. En el futbol hay sorpresas, innovaciones, aprendizajes, invenciones, y más. La clave es estar convencidos de que el futbol educa.
Es un deporte siempre novedoso, no obstante, su organización constante. Novedoso por las posibles formas de hacer jugadas, más allá de las acostumbradas. La novedad es siempre una posibilidad. Y atender ese hecho pide aprender de manera constante las posibilidades, no suponer la reiteración, la repetición.
Y así como en las escuelas los estudiantes aprenden las lecciones y las formas de los profesores y aprenden cómo aprovecharlas para bien o para zafarse, así el futbol dispone de posibilidades para suscitar aprendizajes nuevos y confirmar los ya aprendidos. El futbol es un gran profesor. Como todos, usa la reiteración y puede atreverse a la novedad. Como todos comunica lo mismo y de pronto comunica novedades, nuevas formas, jugadas, “parado” en la cancha y debilidades del adversario.
Así, las características actuales y novedosas del futbol han de ser aprendidas para utilizarlas en el sistema educativo. Si se sabe cómo aprovechar las situaciones y los retos del proceso de aprender del juego, para educar y educarnos más allá del futbol.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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