Los retos y problemáticas de la educación del presente: El caso de la neurodiversidad

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Hace algunos días publiqué un artículo en este mismo espacio, en donde daba cuenta de una problemática que preocupa y angustia a las personas que estudian en educación y es lo relacionado con el asunto de la inseguridad social y educativa. Hoy me referiré a otra problemática igualmente grave, la cual está centrada en el desarrollo de los sujetos y en su capacidad para adaptarse a dicha problemática que ha migrado de dístomos noes: se le definía problema con pernas con NEE.
Las llamadas Necesidades Educativas Especiales (NEE), asociadas o no a la discapacidad, son características en el desarrollo de los sujetos y de las diferencias que se establecen con los demás a partir de un esquema comparativo y, en este debate que incluso tiene un fondo epistemológico entre lo normal y lo anormal, los conceptos son sólo demarcaciones conceptuales a modo de construcciones sociales para nombrar una realidad que es mucho más compleja e inabarcativa.
En los últimos tiempos se ha creado una nueva categoría a la que se le llama problemáticas neurodivergentes o necesidades basadas en características de neurodivergencia. Esto es una serie de discapacidades o de necesidades educativas especiales, que no están solas, están asociadas de manera un poco más sistémica en el desarrollo de los propios sujetos; es decir, todo retardo en el desarrollo cognitivo está asociado al desarrollo del lenguaje o a la atención dispersa o a la incapacidad de desenvolverse en algunos sujetos por debajo de la estandarización de lo que se espera en su propio comportamiento, etcétera.
La neurodivergencia son formas más elaboradas de definir problemáticas de desarrollo personal en una perspectiva social de los sujetos, sobre todo en las infancias y un poco menos en las adolescencias, pero este concepto, como todos los anteriores que se han venido utilizando, como son las de atención dispersa, hiperactividad, trastorno de déficit de atención (TDH), todos son profundamente estigmatizantes; es decir, sirven para nombrar y delimitar desde un marco de referencia un tanto hegemónico, desde el cual se tiende a definir lo que queda fuera de los márgenes de estandarización que se establecen para el desarrollo de los sujetos, en los círculos académicos y con supuesto soporte científico.
Tenemos, junto con lo anterior, otro riesgo de desarrollo que tiene que ver con el autismo o las diversas formas del llamado espectro autista. Una aspirante al posgrado en la Universidad Pedagógica que trabaja como profesional en educación especial y ante la pregunta de que, de cada 10 niños, cómo es el comparativo de antes y de ahora en el sentido de la incidencia con respecto al riesgo del autismo, ella decía que hace algunos años eran tres de cada 10; ahora estamos ante un dato de siete de cada 10. El dato no es muy preciso, pero es un indicador que nos lleva a concluir que estamos ante un incremento de una serie de riesgos, todos asociados al desarrollo psicopedagógico y emocional de los sujetos en edad escolar: niños, niñas, adolescentes, etcétera.
Las preguntas que pueden hacerse las y los investigadores pueden ser de pensar: ¿a qué se debe el incremento en la tasa de sujetos que se enfrentan ante el riesgo de nuevas problemáticas relacionadas con las necesidades educativas especiales, con la hiperactividad, con el autismo, con el déficit de atención y todo esto que gira en torno a la esfera del desarrollo personal?
Es obvio pensar que estamos ante problemas complejos, los cuales se caracterizan por ser multicausales y multifactoriales, que tenemos cambios en los estilos de crianza, en las costumbres de atención a las infancias, en el acompañamiento y en el estilo de vivir en el seno de las nuevas familias, y todo esto de alguna manera influye en la aparición e incremento de manifestaciones ligadas con problemáticas en el desarrollo infantil y mucho más ligadas con el desarrollo socioemocional de los sujetos.
Ante todo ello, mucho de lo que tenemos por hacer al interior del sistema educativo no está instalado en el sistema, porque la atención es especializada, no es normalizada ni regular; a los niños diferentes se les atiende de manera diferente, no tenemos dispositivos generalizados de una atención especializada para todo tipo de niños en el entendido de que, en el fondo y un poco siguiendo a Carlos Skliar, todos los sujetos son diferentes, todos son neurodiversos y todos y todas requieren de atención especial.
Pero algo hay que hacer primero: entender el tamaño del problema, que es grande, y luego pensar en la formación de cuadros especializados para prevenir problemáticas que empiezan a asfixiar el propio sistema.
La atención especializada a niñas y niños diferentes ya no es un asunto sólo de psicólogos, de neurólogos o de paidopsiquiatras; no, ahora es un asunto de todos y todas, pero sobre todo del compromiso de crear un dispositivo pedagógico que sea lo suficientemente potente y que sirva para responder a una serie de problemáticas en el desarrollo humano que nos están asfixiando.

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