De la desobediencia civil a la desobediencia pedagógica

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

La sociedad actual es una sociedad que cada vez polariza mucho más las posiciones políticas e ideológicas y que, por lo tanto, repercute en las concepciones y prácticas educativas. La eterna pugna entre izquierdas versus derechas, teniendo en los centros a una amplia gama de oportunismos, caracteriza gran parte del mundo actual, no sólo en Occidente, también en Oriente y en general en todo el planeta.
Lo que prevalece en dichas confrontaciones es que los sujetos adscritos a una u otra posición no se sienten conformes por lo que sucede enfrente, como parte del espejo político que no se desea. Esta contradicción, la cual está en el campo de la política, tiene sus implicaciones en el campo educativo.
En lo educativo, vivimos una especie de hartazgo producto de la situación actual; se presentan una serie de prácticas y de estilos de gestión basados casi todos en la reiteración, en lo predecible y que han servido para restarle valor y significatividad al proyecto educativo del actual gobierno local. Pero incluso esto mismo pasa en la esfera federal.
Si nos atenemos a las manifestaciones y a las prácticas gubernamentales, no se miran alternativas de cambio en el corto plazo, ni tampoco una disposición real por la mejora. El partido en el poder en Jalisco, Movimiento Ciudadano (MC), se identifica con el color naranja; no da cuenta desde adentro de querer mejorar el estilo de gestión y de la relación con la ciudadanía. De esta manera surge una alternativa basada en la desobediencia civil; en el terreno de la política y en el terreno de la pedagogía, pudiéramos hablar de una especie de desobediencia pedagógica.
A la desobediencia pedagógica la pudiéramos definir como la capacidad de algunos sujetos de vanguardia de generar formas de gestión y de organización desde abajo, de manera alternativa, con contenidos muy distintos a los impuestos de lo que sucede arriba, todo relacionado íntimamente con las demandas sociales de las personas.
En el terreno educativo, se trata de desacatar las imposiciones institucionales y generar lo que algunos autores le llaman la capacidad de desplegar proyectos de autogestión pedagógica y de un trabajo con un horizonte verdaderamente emancipatorio.
En la desobediencia pedagógica, los educadores asumen un alto compromiso desde la práctica, para educar a las infancias y a las juventudes, para que sean capaces de desarrollar el pensamiento crítico de verdad, la autonomía social y la capacidad de consolidar proyectos para garantizar espacios de convivencia sana basados en el respeto real y en la participación colectiva, hacia una ciudadanización crítica.
La desobediencia pedagógica no es contestataria per se, como tampoco se opone a los proyectos que surgen de los ámbitos oficiales, por su carácter perverso en sus contenidos y procedimientos. Es una alternativa muy valiosa de acción y de participación que supera las narrativas actuales enquistadas en los círculos del poder.
Las formas de acción, como dice Monedero –citando a Tudeau–, son pacíficas, cuya organización central está basada en la organización desde abajo. De ahí que, para avanzar en este proyecto, se trate de organizar redes y colectivos de docentes horizontalmente, que dialoguen con respecto a sus prácticas y sus proyectos, a los que pudiéramos llamar de desarrollo educativo con un compromiso alternativo.
Por todo lo anterior, es importante superar cambios en la esfera de gobierno que sirvan para hacer ajustes en la estructura dirigente, que no esté supeditada exclusivamente al interés político y al clientelismo de lo que implica estar en educación. Los grupos que trabajamos en la construcción de un proyecto pedagógico basado en el diálogo horizontal y en la libre participación hacia el cambio, no dependemos de lo que suceda arriba; nuestro compromiso es movilizar a las agencias y a los sujetos que están abajo. Además, la gente de arriba no dialoga, impone su visión; sin embargo, dicha visión ya está profundamente desgastada y pierde su legitimidad.
En estos tiempos de receso escolar es muy bueno pensar y seguir pensando en estas nuevas formas de concebir la educación y, sobre todo, de practicarla.

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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