La formación de pedagogos y los problemas contemporáneos en educación

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Hace un par de semanas recibimos a las y los aspirantes para cursar la licenciatura en Pedagogía en la Universidad Pedagógica Nacional; la mayoría de mujeres manifestaban su entusiasmo y su gusto por formarse en educación y con expectativas diversas para –todas válidas– con la intención de convertirse en pedagogas. Ante la pregunta que hice, como parte del espacio de trabajo que era introducción a la licenciatura, fue: ¿cuáles son los problemas del presente que consideran que están vinculados con la educación?
Una persona contestó que la inseguridad, una segunda persona lo mismo, la inseguridad y una tercera persona dijo lo mismo: la inseguridad. Yo me detuve aquí; me llamó especialmente la atención cómo las chicas que son aspirantes a convertirse en pedagogas no se detienen en el desarrollo de los sujetos que se forman o en los procesos de trabajo al interior de las escuelas o fuera de ellas, o en los cambios que ha tenido la educación como parte del proceso social. No, se detienen mayoritariamente en pensar la inseguridad como el tema más relevante del presente relacionado con la educación.
La inseguridad socioeducativa es un componente que forma parte del contexto dentro del cual vivimos, pero también es un fenómeno complejo que permea el tejido social, la cultura y las relaciones sociales de todos los días, entre otros aspectos.
Al reconocer la inseguridad como un problema educativo en el presente, se coloca a dichas personas con gran parte de la tarea educativa en dicho fenómeno. Pero seamos más ambiciosos: las pedagogas en formación, los docentes frente a grupo, las educadoras, que, desde su trabajo de todos los días, ¿qué tanto pueden hacer para neutralizar o revertir el mal escenario generado por la inseguridad?
Si bien tenemos que, desde una veta importante de trabajo, se comienzan a generar algunas propuestas y diseños que incidan en las prácticas con la intención de contrarrestar el clima o el entorno de inseguridad. Las pocas iniciativas que han surgido al respecto están en el campo de la educación por la convivencia sana, la educación para la resolución de conflictos, la educación por la paz y los derechos humanos, y de ahí, no hay más; todo lo que hacen las escuelas es seguir reiterando desde la práctica lo que cada docente aprendió a hacer al inicio de su proceso formativo.
La inseguridad social es el problema, pero para las y los educadores, ¿cuáles serían las soluciones? ¿O también se puede pensar que la inseguridad no tiene solución alguna, cuando menos desde el campo educativo?
Termino reconociendo que educar para contrarrestar el clima de inseguridad como una realidad de riesgo y de alto riesgo es el asunto más brillante que se le puede ocurrir a las pedagogas de vanguardia que se formarán a partir de este cuarto de siglo del llamado tercer milenio.

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

Comments
  • Martín Linares Ramos
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    ¿También el combate a la inseguridad social será cargada en hombros de la educación?

    Noble propósito. Descomunal tarea. ¿También le corresponderá a las futuras pedagogas gestionar los recursos para recomponer el tejido social?

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