El futbol ¿enseña?

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Vaya impacto social del futbol. Las multitudes reunidas para festejar partidos y triunfos del Tri son un ejemplo de sucesos capaces de movilizar a las personas para celebrar el gusto de identificarse con el futbolero equipo y sus logros. Incluso en el último partido, en el cual perdieron “en la raya” con el equipo inglés. Ni siquiera las manifestaciones de apoyo a ciertos políticos se comparan con los “Fan Fest” organizados alrededor del mexicanísimo futbol.
Reunir un grupo de amigos o conocidos para jugar una “cascarita” un día de fiesta o una tarde de descanso no es ningún problema. Con poner el balón a rodar a la vista de los “cuates” ya se hizo. No importa ganar o perder. Divertirse, olvidar un rato las obligaciones o los pendientes es la clave, pues la sensación del balón conducido por los pies es suficiente para centrar la mente y el sentir en meter el gol en la portería contraria.
Desde luego, el futbol invadido por el profesionalismo ha necesitado salir del campo polvoso hacia la seriedad del negocio y del jugar, además del gusto, por una “lana” al menos por partido jugado. Y hoy el futbol es un conjunto de empresas cuyo producto se vende cada semana a “clientes” más interesados en ver ganar a “su” equipo y desinteresados del negocio que lo hace posible. Si al equipo “del” aficionado le da por no ganar los partidos, a los aficionados les da por no asistir al estadio y quedarse en casa y ver la televisión.
Sí, la televisión y no el estadio. El verdadero negocio está en la televisión, pues si los aficionados “prenden” la TV en número suficiente, el negocio del dueño de la transmisión vende tiempo a comerciantes o industriales para que a su vez estos vendan sus productos. Los telefutboleros nos enteramos de mil y un lugares, productos, ofertas, novedades y hasta apuestas, todo listo para ser comprado.
Los telefutboleros se han dado cuenta de cómo la transmisión es simultánea con la aparición de breves anuncios de esos productos; se enteran de las ofertas. Así, el futbol nos enseña. Sí, enseña las cualidades y hasta los precios de cien y más productos. Así, el aficionado, sea en el estadio, sea en la TV, está siendo educado a comprar, comparar, conocer las virtudes de… Además de educar sus emociones, las cuales se han de dedicar a “su” equipo, se aprende cómo dirigirle; al contrario, no sólo calificativos, sino también informarles de qué se van a morir.
Entonces, ¿en qué quedamos? El futbol, ¿enseña o no? Podemos decir sin problema: El futbol enseña a cómo jugar el futbol. En cualquier lugar donde se juegue, nos enseña cómo se juega, cómo se gana con goles y cómo se realizan todos los modos de controlar la pelota y ponerla, con los pies, en el lugar correcto. También enseña cómo no se juega, lo cual incluye no insultar, golpear o burlarse del contrario. Y por ahí, nos enseña cómo cuidarnos de las mañas del contrario, sobre todo cuando te quiere quitar la pelota o detener tu carrera hacia el marco.
También el futbol enseña cuáles son las diferentes tácticas de un equipo para neutralizar los avances y los movimientos que le dan ventaja dentro del espacio donde se disputa la pelota. Son muy parecidas a las tácticas de los negociantes para vender su producto e impedir la venta del producto que le hace competencia.
Otro territorio de muchas enseñanzas son los movimientos de los jugadores en el campo de juego. Por ejemplo, un jugador está en el área y puede pegarle al balón hacia la portería si le pega bien, capaz y es gol… pero al final del movimiento de su pierna, se encuentra con la pierna de un rival y, sin querer, le pega en la zona de la rodilla y, claro, ese rival cae al suelo… y, bueno, es un faul clarísimo, y si por buena suerte la pelota superó al portero y se “anidó” en la portería… tenemos una compleja enseñanza. No se vale pegarle; al contrario, con o sin la voluntad de hacerlo, pues está prohibido y merece una falta, y lo que haya pasado después con la pelota, no tiene validez. La falta suspende el juego. La voluntad de afectar o no importa. Sólo el hecho frío. La norma sirve para cualquier acción realizada. No querías meter gol, pero te rebotó la pelota y fue gol… ni modo. No estabas en “offside”, y los adversarios se movieron y quedaste fuera de lugar. Ni modo. No querías ser reemplazado por un compañero, y el director lo manda… Ni modo, a la banca.
Así, el breve recorrido anterior muestra cómo el aprender está en las personas cuya voluntad es aprender de todo lo que pasa en el juego de la vida… y a veces a los profesores se nos olvida que, así como el juego y la vida enseñan y nos permiten aprender, así en la escuela, o en el lugar que gusten, los estudiantes aprenderán cuando decidan aprender de lo que les pase, incluidos los sucesos en la escuela. La tarea más importante de familia, escuela, empresa es lograr personas con ganas de aprender.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

Leave a Comment

Start typing and press Enter to search