55 años del CCH alcanzando la madurez

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

En este año, el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la UNAM cumple 55 años de vida, con una trayectoria que le ha permitido consolidarse como una de las mejores opciones formativas del nivel medio superior: su modelo institucional ha influido en otros subsistemas y muchos han intentado replicar su modelo, pero no lo han conseguido; es, por tanto, un ejemplo, lo que ha sido posible a un alto costo.
1971 fue un año de comienzo de las grandes crisis, de mano dura con la juventud y de pagar culpas de Echeverría por lo del 68, de ahí el apoyo económico para la creación del CCH. Hoy, en una retrospectiva, quisiera resaltar algunos aspectos interesantes vinculados al Colegio.
En sus 55 años vivió el cambio de siglo, así como le ha tocado también vivir y sufrir la alternancia política. Lo cual, aparentemente, por su autonomía, no ha afectado su regulación y dinámica interna, aunque esto puede ser sumamente relativo, ya que, por ejemplo, antes de la caída del muro de Berlín y de la Perestroika en la década de los 80, podíamos encontrar en las aulas a docentes marxistas radicales de izquierda que compartían su filosofía e ideología política en el aula sin restricción y cierto desparpajo. Uno encontraba en los planteles pintas con el nombre de Lucio Cabañas, con alusiones al Che Guevara, al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional o a Sendero Luminoso.
En las primeras décadas, la toma de camiones de transporte público frente a sus puertas era también algo común, principalmente para acudir a una marcha o para llegar a un partido de los Pumas en Ciudad Universitaria; hoy esta práctica difícilmente puede ocurrir.
Han cambiado la distribución de los turnos: ya quedaron lejos aquellos donde el Colegio mostraba 4 posibilidades y ahora sólo se ofrecen los clásicos matutino y vespertino.
En este tiempo también el país en general ha cambiado, ya las ropas, las tecnologías, las formas de comunicarnos, la música, el arte, el cine, la televisión, todo ha mostrado variaciones y el Colegio se sigue nutriendo de estas realidades para llevarlas al aula; la didáctica del docente cecehachero, de alto contenido significativo, siempre se ha empapado de la realidad inmediata, estando continuamente adelante en lo tecnológico.
El tipo de población también ha cambiado obviamente: antes se podían ver en las aulas estudiantes de diferentes edades, desde el adolescente de 15 años, hasta ya adultos de 30 o más. Había también oyentes en las aulas, estudiantes que no habían ingresado por examen al CCH, pero asistían a clases de manera regular y el Colegio terminaba validando sus calificaciones; los oyentes dejaron de ser autorizados a finales de los 80. En esos tiempos, la población estudiantil era totalmente autónoma y única responsable de su desempeño, en una soledad académica, lo que derivó en que muchas permanecían en el colegio por mucho más de 3 años: los llamados coloquialmente fósiles eran algo común; muchos no terminaban sus proyectos educativos y mamá y papá eran figuras prácticamente ausentes. Hoy en día el Colegio entiende que la población es distinta y requiere de apoyos para poder concluir su proyecto educativo: se busca involucrar a padres y madres, se crearon programas institucionales como Tutorías (PIT) y Asesorías (PIA), así como programas de apoyo al egreso y otros que ayudan y buscan la aprobación del estudiantado; el promedio de edad actual del Colegio ha bajado en comparación a sus primeros años. El Colegio está consciente de las carencias cognitivas y afectivas que caracterizan a un porcentaje alto de la población actual.
Y así ha hecho patente la madurez que ha alcanzado: ya atrás han quedado los bríos de la juventud, para asentarse en el punto de cuidar y velar por sus estudiantes, no sólo en lo académico, razón primera y fundante, sino también en su elemento emocional y social, como se puede observar en cada nuevo paso, avance y modificación que se da en el Colegio; el psicólogo Erikson diría que, por su edad, se encuentra en la etapa de la generatividad, en la que se enfoca en cuidar, guiar y generar las condiciones para que, a manera de legado, cada nueva generación tenga aseguradas condiciones que garanticen su existencia digna, segura y mirando hacia un futuro estable.
Felicidades entonces al Colegio, al CCH, 55 años son sólo un buen comienzo: para Erikson la etapa que está viviendo es la de mayor duración en el desarrollo psicosocial, lo cual me genera buenas expectativas por lo logrado y porque, ya pronto, se llegará a la edad de la sabiduría. Nada mal, ¿no?

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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