16 burritos a correr

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Para muchos jóvenes el nombre del texto no tiene sentido alguno, pero para aquellos que tenemos varias décadas de vida y, sin ninguna intención genérica, a hombres principalmente nos traerá recuerdos y tal vez una sonrisa.
Era un juego que se llevaba a cabo entre varios jugadores que favorecía el desarrollo de diferentes habilidades físicas y cognitivas, aunado a la parte lúdica y divertida por departir con amigos ese momento.
En una mirada al juego, ahora desde la adultez y la profesión docente, es imposible no ver todas las bondades que ofrece que permiten ofertarlo como un excelente recurso didáctico, que bien puede implementarse tanto con niños como con niñas, teniendo así un plus aunado a lo ya referido.
Con la intención de incitar a la búsqueda, o al recuerdo, referiré sólo algunos de los elementos del juego enfatizando, como ya se señaló, en el beneficio motriz o cognitivo que promueve.
Primero hemos de señalar que tiene que elegirse un “burro”, bajo una estrategia azarosa consensada, quien deberá asumir una postura parecida a la de un burro de planchar, teniendo las piernas erguidas y juntas, flexionando 90 grados el torso con la cabeza entre las manos. La función de los demás es ir saltando al burro, con las piernas abiertas, siguiendo 16 instrucciones, tareas, a realizar, que de fallar implicaría cambiar de posición con el burro.
Leamos entonces algunas tereas y beneficios: “2 patada y coz” trabaja motricidad gruesa y coordinación al saltar y dar una patada al mismo tiempo; “7 te pongo mi chulo bonete” y “8 te lo remocho” trabajan la coordinación ojo-mano para colocar una prenda sobre el burro y retirarla posteriormente, sin que se caiga; “9 tres copitas de nieve” favorece la consideración del pensamiento del otro y la intuición, dado que cada participante deberá decir 3 nombres de nieves diferentes a las dichas por cualquier otro participante sin tener conocimiento de los enunciados por los demás; “10 elevado lo es y tocado no lo es” favorece el mejoramiento de la técnica de salto limpio de obstáculos; “13 el rabo te crece en la boca de ese” parecido al juego de Juan Pirulero, favorece la atención para no ser señalado con la boca abierta; “14 la vieja tose” favorece la creatividad al tener que inventar cada participante 3 formas diferentes de toser y “16 burritos a correr” obliga a correr más rápido que el burro y establecer estrategias para escabullirse y no ser atrapado.
Bastará poner en un buscador de internet Burro 16 y podremos apreciar imágenes y entender más la dinámica del juego, para quienes nunca lo hayan jugado o recordarlo para quienes sí. Es un juego de otros tiempos, de mucha interacción y desarrollo físico para jugarse al aire libre, algo que los dispositivos tecnológicos no pueden ofrecer, pero que sí han podido usurpar. Valdría la pena darle este sentido didáctico y practicarlo en la escuela ¿alguien se anima a implementarlo? No se arrepentirán lo aseguro.

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

Comentarios
  • Claudia M. R.
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    El texto fue muy vívido, excelente el análisis de la psicomotricidad y el desarrollo psicosocial. Es imperante que las nuevas generaciones de educadores conozcan el valor de las actividades motrices al aire libre para favorecer el desarrollo integral de niños y jóvenes. Asimismo, fue un buen recuerdo de nuestros juegos de infancia. Felicidades al Dr. González por su aportación tan valiosa.

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