Zapata: aniversario luctuoso
Rubén Zatarain Mendoza*
La memoria histórica no tiene por qué irse de vacaciones y el retorno a clases es la oportunidad de retomar el estudio de la historia nacional, la etapa revolucionaria en específico.
En los niveles de educación preescolar, primaria y secundaria, para la infancia y adolescencia, el gran reto es la estimulación del conflicto cognitivo que representa la apropiación de los contenidos históricos.
Formar el gusto por la historia y las habilidades lectoras de fuentes de contenido histórico son desafíos permanentes para las maestras y maestros de la asignatura/campo formativo.
De la muerte del general Emiliano Zapata Salazar, evento luctuoso que recordamos el 10 de abril, habrá que analizar el contexto de la artera traición operada por Pablo González Garza y ejecutada con triquiñuelas por Jesús María Guajardo Martínez Ascendido a general por el éxito en su encomienda.
El hecho lamentable aconteció en la exhacienda de Chinameca, municipio de Ayala, muy cerca de Cuautla, Morelos, y de inmediato convirtió a Emiliano Zapata Salazar en mártir y símbolo del agrarismo. Los con hambre, los sin tierra, perdieron aquella mañana a su caudillo del Sur, a su Atila del Sur.
El México bravo y bárbaro aquel, cuando el sombrero significaba autenticidad de causa campesina y el caballo y las carrilleras de balas eran los medios de rebeldía (lejos del zopiloteo político y los bloqueos de carreteras contemporáneos de causa confusa).
Las balas que segaron la vida del revolucionario giraron la historia del Sur y del país.
Traicionado en la coyuntura del constitucionalismo, su magnicidio se orquestó por el militar neolonés Pablo González Garza; los aires de paz que necesitaba la república aún tardarían, los polvos de las asonadas militares estaban aún por asentarse.
Su deceso, operado en el contexto del carrancismo, tuvo la venia del mismo presidente. Zapata indómito no transó con el poder político; por su rebeldía y negativa a colgar las armas, se convirtió en objetivo militar. Su presencia en un sector de la lucha aún viva hacía sombra al liderazgo emergente, a casi una década del estallido de la Revolución Mexicana.
El 10 de abril de 1919 las balas atravesaron su pecho y le dieron muerte.
Los versos del poema a Zapata del chileno Pablo Neruda consignaban el hecho así:
“La luna duerme sobre las monturas,
La muerte amontonada y repartida
Yace con los soldados de Zapata.
El sueño esconde bajo los baluartes
De la pesada noche su destino,
Su incubadora sábana sombría”
La Revolución Mexicana, de fuerte componente de causa agraria, la demanda de libertad, institucionalización del ejido y la acotación de la comunidad indígena, pequeña propiedad, reparto de tierras y la tensión de la causa del campesinado y los peones, entraba en una etapa complicada.
La causa agraria y campesina y el Plan de Ayala, motor central del movimiento contra el dictador Díaz al lado del maderismo, al acontecer la muerte de Emiliano Zapata, recompuso la agenda política y la estrategia de lucha en un escenario de demandas insatisfechas.
Emiliano Zapata: nombre de escuela, colonia y calles, monumentos y bustos de casas ejidales, pinturas y placas, bigote y sombrero en dibujos infantiles.
El héroe convertido en icono y causa de la Confederación Nacional Campesina, en sector de partido político hoy en crisis, donde la clase trabajadora es cálculo de votos y objeto de aventuras de oportunistas.
El zapatismo difuminado en eventos históricos inmediatos como la Revolución Cristera o en orientaciones políticas conservadoras como el sinarquismo aquel y la pérdida de ideales y memoria histórica hoy, en estados como Jalisco, donde rompe la historia la dictadura del empresariado que da a luz digital una pandilla de gobernantes monaguillos del dinero fácil, blanquiazules, tricolores y naranjas, da lo mismo.
Los educandos de la educación básica han de acercarse al personaje desde fuera de la tentación de reificarlo en las aguas institucionales de la historia de bronce y el inmediatismo ahistórico de los refundadores de pacotilla y abanderados de la gestión federalista. Engordamos a pesos y dólares, ausentes de ideas y compromisos con la clase trabajadora del campo, pese a sus sombrerillos ridículos y teatreros a modo, en entramados convenencieros.
Los mexicanos de hoy debemos recordar a uno de los héroes jóvenes de la historia nacional, uno de los iconos de la Revolución Mexicana, al caudillo del Sur.
Semana de encuentro en las escuelas con la obra revolucionaria de Emiliano Zapata, que ha sido fuente de inspiración de asuntos torales en la búsqueda de soluciones al problema agrario en la sociedad mexicana y que ha sido símbolo e icono de movimientos posneoliberales como el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional).
La causa agraria de Zapata en 1911 y la causa agraria en 2026 en la sociedad mexicana actual bien merecen análisis específico en un contexto de movilización social de los productores y los consecuentes bloqueos de carreteras y vías de comunicación.
En un contexto de gobiernos indigestos, incapaces de serenar con paz y bienestar social.
Hoy la causa zapatista debe ser retomada. Merece una mirada amplia por la perversión imparable de la posesión de la tierra y los derechos y concesiones de agua. La inflación del costo del terreno en los entornos inmediatos a las ciudades en crecimiento y la participación de capital de dudoso origen en el mercado, el cruce del puente de las significaciones de la tierra es de quien la trabaja en la fase de acumulación sin límite en las haciendas; a la tierra es de quien la habita, o puede dar el enganche, en la fase más burda de especulación de lotes y terrenos.
Las nuevas formas legitimadas de exclusión de los que no alcanzan para garantizar su derecho a la vivienda.
Sobre la tumba de Zapata, la celebración de los traicioneros. La muerte de Jesús Guajardo, el ejecutor, el 17 de julio de 1920, y la muerte de Venustiano Carranza el 21 de mayo de 1920 como parte de la saga subsecuente.
La nueva generación de porfiristas cómodos, las reformas salinistas y el Artículo 27, la diseminación de la mentalidad porfirista de pequeños propietarios y lotificación hasta de la conciencia social, la organización política de gremios como el magisterial, que también puede abrevar de ideales zapatistas y curarse en salud de la tentación de la enfermedad del inmovilismo, del maiceo y la inconsciencia hacia las causas sociales y políticas del pueblo.
La lucha de las generaciones de hoy, que han de recuperar saber histórico y han de luchar por los ideales de justicia social.
*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com
A propósito de nuestro héroe Emiliano Zapata, y su legado de “Tierra y Libertad”, en el sur del país, en Chiapas se desarrolla el encuentro organizado por el EZLN Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en las jornadas de semilleros, en las que una cita del Periódico La Jornada del pasado viernes 3 de abril de 2026, p. 23, textualmente: “San Cristóbal de Las Casas, Chis., El capitán Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), reveló que antes del alzamiento armado de 1994 la Iglesia católica progresista “hizo todo lo posible por destruirnos. Todo lo que pudo”. Afirmó que “la mayoría de los compañeros y compañeras son católicos creyentes y lo que hizo la Iglesia entonces es negarle los sacramentos a los que fueran zapatistas”. Claro, añadió, “ahora dicen: ‘el EZLN es una de nuestras semillas que creció. No es cierto (…) no los torturaron, no los amenazaron con un pelotón de fusilamiento o con colgarlos de un árbol, sino los amenazaron con la muerte eterna, a ellos y a sus crías porque no les daban el bautizo”.
Preocupación por la vida, por la tierra que habla, en medio de la complejidad mundial, nacional y local marcada por la agitación y la incertidumbre.
Cuanto por aprender desde su mirada liberadora, “otros mundos son posibles”, cuanto aún por germinar.
Mirar al otro, volver la mirada hacia uno mismo y nuestras formas de relacionarnos con los otros, el semillero nos recuerda: ¡Zapata vive!