¿Y ahora quién podrá salvarnos de la basura?

 en Mario L. Castillo

Mario L. Castillo*

En un día cualquiera, alguien de nosotros compra unas galletas, las saca de su envase para consumirlas y comete su acto. Es todo un ritual que viene antecedido por el deseo de satisfacer una necesidad: el hambre. Y luego de este acto, tira el envase a la basura. El basurero, lleno de objetos de unicel, papeles inútiles, pedazos de alimento y tantas otras formas que tiene, aquello que llamamos basura.
Así, todos los días, otras personas actuan de manera similar y contribuyen con su “granito de arena” a la acumulación de basura en la comunidad a la que pertenecen. Este paisaje se repite en diversos puntos del planeta, la gente está generando más basura y ésta comienza a acumularse, acumularse y acumularse. Hasta formar verdaderas montañas que comienzan a crecer y nos incomodan. Éstas alteran la estética del paisaje. Contaminan afectando nuestros sentidos. Deprimen nuestros estados de ánimo. Deterioran nuestra economía. Son un problema para poder encontrar lugares donde depositarlos. Y nos vacían (consciente o inconscientemente) de nuestra esperanza de cada día.
Basura aquí y allá. Cada vez más montañas de basura. La basura es un indicador, demasiado objetivo, de esa cultura globalizante del consumir. La basura es un problema efecto de ciertos hábitos nocivos que nos inducen a actuar roboticamente, sin siquiera pensar o asumir las consecuencias de estos actos. Es el símbolo de la cultura del consumismo que nos penetra hasta los huesos. Este problema comienza a preocupar y no necesariamente a preocuparnos. Vivimos como seres pasivos que solo sufrimos las consecuencias y a este paso la basura comienza a sepultarnos poco a poco: ¿quién podrá salvarnos de la basura?
Nos hemos convertido en una cultura del desecho. Desechamos tanto como consumimos y levantamos montañas de basura. Es esa mole monstruosa de basura que cada día se levanta y crece cada vez más, está la oscuridad del camino al porvenir. Mientras (la basura) discurre, fluye como tóxico (lixiviados) al corazón de la tierra. Envenena las venas acuíferas y esenciales para nuestro vivir.
Nosotros, lentamente y poco a poco, comenzamos a ser parte de esa montaña monstruosa. Somos parte de este engranaje tan estúpido y tan nuestro. Somos la estupidez más evidente del universo, porque vivimos como si fuera posible otro paraíso, como éste que habitamos. Molecularmente estamos desechando nuestra esperanza, cual si fuera poca cosa. Cuando ya nuestra esperanza esté en la basura, ese día el mundo ya no tendrá sentido, porque vivir en él será un infierno.
En esta encrucijada la escuela tiene un lugar central y protagónico. Su actuar en la sociedad podría convertir las generaciones presentes y futuras en agentes de educación y praxis ambiental. Una primera tarea será educar para transformar nuestro consumir, en la acción benigna de utilizar lo necesario, de vivir con lo necesario.
Vivimos una cultura que tiene el hábito de producir toneladas de basura y en estas circunstancias una educación ambiental comprometida, tendrá que mirar esta realidad como un desafio. Así este acto de educar, en el que la mirada benevolente incluye también las otras formas de vida que son parte de nuestra comunidad, será un asunto vital en las aulas y ambientes universitarios, aunque esto implique nadar contracorrriente.
Nuestra escuela debe ser el escenario para forjar y comprometer el carácter de sus maestros y estudiantes. Así juntos y en-redados miremos el horizonte con esperanza. Y esto antes de que la montaña de basura nos impida ver el porvenir. Nuestras comunidades educativas deben ver el mundo como una posibilidad y mirar sus manos y sus ideales como razones de esperanza. En esta comunidad llamada escuela debemos tener la convicción de que el mejor de los mundos está recién por-venir. Esto llegará de nuestra propia voluntad y sueños comunitarios. Y estos empezarán por revisar nuestras prácticas consumistas y actuar concientemente para que nuestra capacidad de producir basura sea reducido, aprendamos a reusar y reciclar y el consumo nuestro de cada día no sea un atentado a nuestra comunidad global.
Todo esto requiere de nosotros una convicción llena de esperanza para imaginar un mundo mejor, así como un disciplina cotidiana para vivir la vida y una fe inquebrantable para que no seamos una isla en el mar, sino que tengamos el suficiente poder para influir en otros de nuestra comunidad. Todo esto porque ésta es una misión de todos, así como el mañana será de todos. Debemos estar conscientes de que la Educación Ambiental es un ensayo serio de nuestra anhelo por un mundo mejor. ¡Nosotros somos los únicos salvadores que limpiará nuestra comunidad de la basura y, de ese modo, contribuirá a re-crear un mundo posible!

*Doctor en Desarrollo Humano, consultor en desarrollo organizacional y profesor universitario. mariocastillocolque@gmail.com

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    Excelente análisis de la realidad…cada uno de nosotros debemos poner nuestro granito de arena,, pero nosotros como catedráticos tenemos el grueso de nuestros grupos para hacer algo, antes de que el cambio climático, afecte cada día mas, como resultado de la invasión que hacemos de la naturaleza.
    Nuestra Universidad es la puerta,,, solo hagamoslo…a sumarse…

  • Patricia Hernández Ángel
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    Considero que este tema es trascendente para la sociedad, es por demás evidente que vivimos literalmente en la BASURA, en la basura de nuestra cultura consumista, de usar y desechar, en una sociedad individualista que nos ha llevado a los extremos de la intolerancia y la negación del ser humano, en donde solo se aprecia lo que tiene marca y en donde se discrimina lo que no esta de moda, el mercado es lo que rifa y “las personas no valen por lo que son, valen por lo que tienen”, considero que ya es hora de pararnos a recapitular, sobre cómo este tipo de ideas capitalistas nos han llevado a perder el rumbo de lo esencial, que es la vida misma. La basura por lo tanto solo es un reflejo, o un efecto de lo que valoramos como seres humanos y lo que hemos perdido de vista, por lo tanto la causa esencial del problema no esta en la basura, sino en una causa mas esencial, está en el sistema capitalista que nos a idiotizado a tal grado de creer que lo importante es el tener y no el SER.

    • Mayra Gonzalez
      Responder

      Estimada Patricia:
      Agradezco su participación en este diálogo, cuya pretensión es que vaya más allá de escribir un artículo para la revista. Lo que se pretende es que nuestras escuelas sean centros de educación ambiental y que los problemas que azotan Nuestra Casa Común (Laudato si) y tienen que ver con nuestro comportamiento “terrorista”, no solo nos preocupe, sino que nos angustíe…..quizás de ese modo recién podremos ponernos a trabajar para erradicar el problema y hacer de nuestro hogar un mejor mundo.
      Nuevamente gracias y buen fin de semana.
      Mario

      • Mayra Gonzalez
        Responder

        Estimada Mayra:
        Agradezco su participación en este diálogo, cuya pretensión es que vaya más allá de escribir un artículo para la revista. Lo que se pretende es que nuestras escuelas sean centros de educación ambiental y que los problemas que azotan Nuestra Casa Común (Laudato si) y tienen que ver con nuestro comportamiento “terrorista”, no solo nos preocupe, sino que nos angustíe…..quizás de ese modo recién podremos ponernos a trabajar para erradicar el problema y hacer de nuestro hogar un mejor mundo.
        Nuevamente gracias y buen fin de semana.
        Mario
        PD: Ignora el anterior correo, pues me equivoqué de nombre.

  • Arturo Gutiérrez Tejeda
    Responder

    Excelente tema y un análisis profundo de lo que sucede, tanto con la basura como con nosotros como sociedad. Es imperante nuestra participación en nuestro entorno. Refuerzo la reflexión con una frase que me parece muy ad hoc para el tema: “Todos pensamos en dejar un mejor planeta para nuestros hijos, cuando deberíamos de pensar en dejar mejores hijos a nuestro planeta”. Pongamos nuestro granito de arena.

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