Un dilema del magisterio
Carlos Arturo Espadas Interián*
Cómo definir los rumbos de modelos educativos, proyectos y acciones en los centros escolares, cuando aspectos que sirvieron de pivotes formativos hoy son contrarios a lo que se financia, posiciona y busca.
Esa es la interrogante que invade la mente del magisterio mexicano; ya no es únicamente la identidad difusa que se ha procurado por décadas o la identidad sustitutiva de eventos que ocurrieron, pero con otra lógica y visión. Los promoventes no son únicamente el Estado, Iglesia, grupos de poder y aquellos que desde fuera de nuestra nación jalan más que hilos; ahora los promoventes son los de a pie, las personas que han sido formadas desde esas narrativas, datos y visiones que hoy han adoptado como suyas y con ello han eliminado el libre pensamiento y lo más importante: el libre albedrío.
Son nuevos viejos tiempos, pues si todo es cíclico, en México inició un proceso de tendencia hacia lo social, búsqueda de modelos de educación alternativos como las escuelitas del Caracol y el atrevimiento a pensar y repensar en un país que pudiera ser diferente, pero hoy resurgen los fantasmas de las represiones, dictaduras y tal vez de la Guerra Sucia.
Nuevamente, el poderoso caballero de Quevedo cabalga por los espíritus de aquellos que toman decisiones sobre el pueblo y quizá no es únicamente por el dinero, sino para lo que se usa ese dinero; quizá se pudiera hablar de promover campañas políticas para llegar al poder y con ello recibir más beneficios.
Quizá se podría especular sobre la riqueza –que en realidad es pobreza– y el poder, pero al final de cuentas las únicas causas se encuentran en la parte oscura del ser humano, en esa necesidad de someter a otros e imponer una visión de mundo que se considera la mejor, defendida por distorsiones que minan religión, libertad o eliminación de modelos anteriores.
Los educadores saben que en México han existido modelos innovadores y alternativos, que llevaron la batuta en varios frentes y que lamentablemente fueron desaparecidos porque en nuestro país no se valora ni aprecia el talento, sino la lealtad –si es comprada, mejor– y sumisión disfrazada de institucionalización.
A la par, existen disciplinas que forman y lanzan a la sociedad perfiles específicos promovidos desde grupos de poder y, no conforme con ello, se busca minar conciencias, agotar fuerzas y posibles resistencias.
Hoy el magisterio mexicano se debate entre alinearse ante algo en lo que no cree o decidir por opciones diferenciales de educación que nada tienen que ver con lo alternativo que se les ha vendido, pero al hacerlo nadarían continuamente contracorriente y serían tildados de muchas cosas.
Ese es el dilema magisterial: se sabe cómo hacer las cosas y lo que está bien, pero también se sabe que pocas personas entenderían ese proceder si se decidiera realizar una actuación de esa naturaleza.
También es necesario mencionar que gran parte del profesorado mexicano ya no alcanza a visualizar opciones y toma el camino inercial no por convicción, sino porque no ve más opciones ni las añora; únicamente percibe que algo no está bien y desde ese vacío que deja el actuar sin convicciones, voluntad o libre elección.
*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com