Un cielo sin fronteras
Graciela Soto Martínez*
Y la risa, ya lo sabemos, es el primer testimonio de la libertad.”
“¿Si poesía no eres tú, entonces qué?”.
Mujer que sabe latín.
Rosario Castellanos.
Un cielo sin fronteras es el título de la exposición de Rosario Alicia Castellanos Figueroa, del archivo inédito, nunca antes visto, en el cual ella es protagonista de su propia historia; este archivo se expuso en la Ciudad de México hasta el 24 de agosto de 2025. Gabriel Guerra Castellanos, hijo único de Rosario, lo prestó a la UNAM, al Departamento de Literatura y Fomento Editorial, que hizo la curaduría para exhibirla en el Colegio de San Ildefonso, en pleno centro de la ciudad, a un lado del Templo Mayor y de la Catedral, en el corazón de la capital del país.
El 25 de mayo se cumplieron 100 años de su nacimiento (1925-2025); es por ello que en este centenario se conmemoran las palabras de quien vino a visibilizar a las mujeres, a su pensamiento y sentimiento, así como a las culturas indígenas. Es conmovedor conocer y mirar su máquina de escribir marca Smith Corona (en la exposición se expone la factura de la misma), sus lentes, sus artículos escritos con correcciones en papel de la época, así como diversas fotografías íntimas donde aparecen su hermano, sus padres, su amiga Dolores Castro, su amor y talón de Aquiles, Ricardo Guerra, así como otras imágenes que nos comunican etapas de su vida. Su hijo Gabriel dice que si tuviera que elegir un objeto representativo de su mamá, sería la máquina de escribir; la recuerda a ella tecleando y tecleando cuando regresaba de la escuela. Cuando ella cesaba de teclear era cuando él entraba en la habitación; sabía que ella estaba en la escritura.
Ella nace en la Ciudad de México, no saben por qué motivos; su papá, César Castellanos, era hacendado de Chiapas, además de ingeniero graduado en Estados Unidos, con sus dos ranchos en Comitán de Domínguez (es nombrado así por Belisario Domínguez): “El Rosario”, que lleva el nombre de su mamá, y el “Chapatengo”. Él era un hombre importante en su comunidad, rico, preparado, de estatus social en este Chiapas que tiene más indígenas que de otra cultura. Su mamá, Adriana Figueroa Abarca, dirige las labores del hogar en los ranchos; ella viene del pueblo, 20 años menor que su papá. Se casan de una manera convenida, pero las diferencias existen; su mamá será dura con ella, porque sabe que las mujeres no la tienen fácil. Tiene un hermano un año menor que ella; cuentan que un día una indígena visionaria le dice que uno de sus hijos va a morir y ella pide que no sea el varón, el que va a perpetuar el apellido. Acepta la profecía, pero eleva la plegaria de que no sea su hijo. La desgracia llega tarde que temprano y Jaime fallece por una apendicitis (u otro problema del estómago), esto devasta a la familia, de esta pena no se recuperan y Rosario va a sentir culpa por existir.
Su nana, que era del pueblo, le va a transmitir esta visión de los pueblos de Chiapas así como los trabajadores en las dos haciendas de su padre. Su papá la suscribe a una revista llamada Paquín y ella envía un verso: “Me gusta Paquín porque sale Rin Tin Tin”. Este sale publicado; es entonces que sabe con esta primicia que lo que escribimos y publicamos no nos pertenece.
En los tiempos del presidente Lázaro Cárdenas y la Reforma Agraria con la lucha social, expropiación de tierras y agrarismo, la familia Castellanos pierde el Rosario. Son tiempos difíciles; después de esto sienten que no hay nada para ellos en Comitán de Domínguez, que también se llamaba Balún Canán; de ahí sale el nombre de una de sus más importantes novelas. Es por eso que dejan Chiapas.
En la capital continúa sus estudios de secundaria y preparatoria; después entra a la licenciatura en Derecho, de la cual se sale y entra a Filosofía, en la que culmina sus estudios. Esto es lo que la transforma con un pensamiento más liberal; su tesis está enfocada en la cultura feminista, la cual resulta ganadora de una beca de cultura hispánica y se va a Madrid. Es en este tiempo que conoce a Ricardo Guerra, profesor de la UNAM, se enamora, pero no por ello renuncia a su viaje e inicia la correspondencia de cartas de un amor profundo. Hay que decir que ella le escribía largas cartas de amor y él solo contestó una; también le envió una postal. Es en la capital donde mueren sus padres; su orfandad marca más su sensibilidad para escribir y no todo era pérdida, ya que se da la publicación de sus primeras obras “Trayectoria del polvo” y “Oficio de tinieblas”.
Cuando ella regresa de su beca en Madrid, busca a Ricardo; él ya se ha casado con Lilia Carrillo, pintora exitosa. Decepcionada, se regresa a Chiapas, en donde trabaja con las comunidades indígenas; les enseña con el teatro guiñol, con personajes que hablan en el lenguaje de los pueblos. El matrimonio de él no prospera, ya que, chisme aparte, Lilia tiene otra pareja y él, con todo y cartas no contestadas, la busca; así se casan y forman una familia. Aunque están casados, su matrimonio sigue con altibajos; mencionan infidelidades, insatisfacciones, y ella continúa apegada emocionalmente a esta relación inestable. Las cartas que le escribió a lo largo de la vida están en el libro “Cartas a Ricardo”.
Cuando nace su hijo Gabriel, y después del embarazo de su hija, la cual pierde, así como otros abortos, su vida está teñida de pérdidas; esto afecta su sensibilidad emocional; se mencionan episodios de depresión y consumo de pastillas; hasta les dedica un poema:
“A veces ( y no trates)
De restarle importancia
Diciendo que no ocurre con frecuencia
Se te quiebra la vara con que mides
Se te extravía la brújula
Y ya no entiendes nada.
“Valium 10” En la tierra de en medio.
La brillantez y genialidad de una mujer adelantada a su época va a tener estas contradicciones amorosas presentes, de apego, de conflicto interno, de amor no correspondido de la misma manera que ella ama, profunda y totalmente.
Tiene sus clases y ocupa cargos en la UNAM, es cercana al presidente Luis Echeverría Álvarez, dicta al gabinete del presidente una conferencia titulada “Abnegación”, donde pone de manifiesto la nula elección que tienen las mujeres en esta época, la falta de oportunidades. Abnegación es renuncia, pero a la vez es un llamado a levantar la voz, a ocupar espacios en las escuelas, en los trabajos, ella a su vez lee a Sor Juana Inés de la Cruz, a Gabriela Mistral, a Simone de Beauvoir; es la única voz femenina en México en estos tiempos, ganó premios importantes en la literatura. En 1958, recibió el Premio Chiapas, por Balún Canán, y dos años después el Premio Xavier Villaurrutia por Ciudad Real.
Su voz se levanta en el Movimiento del 68, cuando la matanza de estudiantes en la plaza de Tlatelolco. Dicen que los periódicos el siguiente día de los hechos no publicaron nada de lo sucedido, como acontece todavía en estos tiempos; ella entonces alza su voz crítica y señala la necesidad de justicia. Ella escribe: “Recuerdo, recordemos, hasta que la justicia se siente entre nosotros”. Memorial de Tlatelolco, En la tierra de nadie.
En el primer Día de la Mujer, que se celebró el 8 de marzo de 1971, da el discurso planteando esta desigualdad de género. Más tarde, la UNAM sufre cambios políticos y ella sale de la directiva; es entonces que da clases en el extranjero, en Wisconsin, Colorado e Indiana. A su regreso, es nombrada embajadora en Israel, a donde llega solo con su hijo. Estará en contacto con su periódico El Excélsior, con sus amigos y amigas, desarrolla sus actividades y está pendiente del acontecer político social de México; así la sorprende la muerte a la “Mujer que sabe latín”, a la “Mujer de palabras”, a la que escribió poesía, novela, cuento, artículos de periódico. A ella se le acabó el tiempo en este plano, dejando un legado escrito en una numerosa obra y pone, además, un escalón para que las mujeres siguieran su ascenso al techo de cristal. Ella también es la primera mujer en la Rotonda de los Hombres Ilustres; en educación, nuestra tarea es nutrirnos de su obra, reconocer el aporte literario y crítico leyendo y haciendo vigentes sus textos.
Cierro con uno de sus poemas:
Después de todo amigos
Esta vida no puede llamarse desdichada.
En lo que a mí concierne, por ejemplo
Recibí en proporción justa, en la hora
y en el lugar precisos y por la mano
que debe dar, las dádivas.
Así tuve los muertos en la tumba,
El amor en la entraña
El trabajo en las manos (…)
Y recreos. Domingos enteros en la playa
Arboledas anónimas y amigas,
Manantiales ocultos que cantaban,
Libros que se abrieron de par en par.
Himno, Materia Memorable.
*Doctora en Educación. Jefa de Sector Preescolar en la SEJ. meipe1gsm@gmail.com