Un 15 de mayo bajo el recuerdo de la maestra Sara

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Este 15 de mayo en que se recuerdan y se celebran a todos los maestros y maestras de nuestro país, quiero hacer un modesto homenaje a la que fue mi maestra de sexto grado de primaria (ciclo escolar 1969-1970). Soy producto y defensor de la escuela pública, sobre todo en la laicidad y en la gratuidad de su sistema. La maestra Sara era maestra de la Escuela Primaria Urbana 106 “Encarnación Rosas” en la colonia del Sur, del sur de la ciudad de Guadalajara, por el rumbo de la Unidad deportiva López Mateos.
Con la maestra Sara cada día teníamos que escribir una editorial de cualquier periódico, “para mejorar nuestra letra”, a ella se le veía todos los días el amor y la paciencia que tenía para con los niños, sobre todo aquellos que llegaban de zonas pobres o vulnerables. El sistema en ese tiempo no era mixto, las escuelas nos separaban los niños en la mañana y las niñas por la tarde (un poco absurdo creo, pero así era). La maestra Sara tenía la magia de encontrarle el lado favorable a cada niño, a partir del toque o el estilo personal que tenía para hacer clic con cada uno de nosotros. El sexto grado de primaria era un proceso importante porque uno se graduaba para la vida, todas las cosas que se veían tenía utilidad, tenían aplicación en la vida diaria. La maestra Sara era enérgica cuando se requería, de una sola pieza, pero profundamente bondadosa. Bajita de estatura y frágil físicamente pero con una enorme fortaleza profesional, sabía lo que hacía y tenía claro al puerto a donde nos quería llevar.
En una ocasión tuvo un bebé y nos invitó a su casa (no era común que los maestras invitarán a sus alumnos a sus casas particulares) ella si lo hizo, vivía por el rumbo del antiguo Cuartel Colorado, por la calle Gómez Farías, y hasta allá fuimos, era una casa sencilla, modesta pero muy limpia. Algunos alumnos nos organizamos y fuimos a visitarla, yo tenía 12 años y junto con mis compañeros nos desplazábamos solos en los camiones urbanos (nadie tenía auto en este tiempo), me refiero a nuestros papás.
Con los años regresé a visitar a mi maestra Sara, a la misma escuela atendiendo el sexto grado. Me recibió con gusto, muchos egresados lo hacían, años después supe que había muerto, siempre será grato para mi regresar a través del recuerdo al sexto año de primaria. Al final del año escolar y con la pieza de las Golondrinas de fondo, nos dijo que teníamos que irnos que ya habíamos aprendido a volar.
En este 15 de mayo recordar a mi maestra de sexto, considero que es la mejor forma para rendir homenaje a todas aquellas personas que contribuyen con su trabajo a educar la patria mexicana. Años después estudie en dos escuelas Normales, he sido maestro de todos los niveles educativos con excepción del preescolar, después viví desde adentro las satisfacciones que estoy seguro vivió mi maestra Sara. Para ella y para todos mis y los maestros y maestras de México, una flor y un profundo reconocimiento a su labor.

*Profesor-investigador de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Guadalajara. [email protected]

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