Trazos de visión de mundo dominante

 In Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

Velocidad, inercia y obsolescencia, tres componentes que podrían representar las diversas configuraciones que matizan la visión de mundo dominante en Occidente. Trinomio conceptual de productos de consumo, formativos y constitutivos de elementos tangibles e intangibles que se imbrican para ofrecer una visión de mundo congruente, coherente, con certeza de claridad, todo en apariencia, y ofrecer fácil acceso a sus elementos.
Velocidad que contrasta con los tiempos y ritmos nuestros, naturaleza y mundo en general. En el mundo concreto tangible y en nosotros mismos, las velocidades se mezclan de forma tal que lo vertiginoso y lo pausado se combinan para dar por resultado armonía y ritmo, en procesos que permiten a las distintas especies coexistir entre ellas, el mundo y el universo mismo.
El mundo humano actual –que se ha dicho se separa cada vez más de lo natural– se reconstituye en mundo superpuesto al mundo mismo en pretensión de reemplazarlo, tiene sus propios tiempos y ritmos en Occidente, que podrían describirse en “flashazos” que atrapan a la conciencia humana inhibiéndola en un proceso hipnótico que la neutraliza, abriéndose camino directamente a las fibras íntimas del ser humano. Con ello satura y al mismo tiempo vacía –por ello la pérdida de sentido de la civilización occidental–.
La inercia de una visión de mundo asequible sin esfuerzo y cuyo manejo requiere funciones básicas y procesos simples, puesto que fueron diseñados para ser usados, portados y transmitidos en un marco pragmático-utilitario, que como características tiene estar desarticulado e imposibilitado para escudriñar estructuras de constitución social, cultural, histórica, económica y antropológica, entre otras, es ahora el referente para existir.
No requiere esfuerzo para apropiarla y usarla, puesto que todo el entorno de simpleza, sencillez que proyecta un mundo plano –que no la sencillez que descubre la sabiduría– es fácil de entender, interpretar y compartir sin generar resistencia alguna, puesto que es visión compartida, financiada, armada y constituida para las conciencias simples que no quieren esforzarse en comprender el mundo social y cultural donde han sido constituidos, configurados y reconfigurados.
La obsolescencia se acompaña de la acción de desechar lo que no sirve y, como aquello que se promueve desde esa visión de mundo permite actuar y transitar en él sin complejidades, angustias ni resistencias, se compra –literal–, usa y apropia, y al tiempo que eso sucede, consolida la idea de que las cosas caducan y se desechan, condenando sin decirlo las otras visiones de mundo a dos destinos: el primero, ser repudiadas porque apropiárselas requiere esfuerzo, que se ha aprendido a aborrecer desde la inmediatez, es decir, ser obsoletas; y el segundo, atacarlas ante lo que amenaza y agrede en la imposibilidad de ser entendidas y comprendidas.
Este trinomio se lleva a la educación formal, se consolida en la educación vista como aprendizaje, que no como formación, y con ello se desnaturaliza, encubierto en conceptos mercadológicos como visual thinking y microlearning. Así queda sepultada la formación profesoral y estudiantil debajo de una lápida de amnesia, inmediatez, velocidad, banalidad, superficialidad, fugacidad y obsolescencia.
Este trinomio se promueve con nombres que disfrazan y encubren, además de recibir todo el apoyo de las estructuras civilizatorias que sin saberlo actúan en contra de sí mismas. Junto con ellas se encuentra la educación, a la que estamos condenando y con ella al estudiantado, cultura y civilización.
Por ello cada vez hay mayores conflictos en los centros escolares, las áreas jurídicas no se dan abasto y las organizaciones están generando estrategias para proteger cada vez más y desde el sinsentido a las estructuras –rectores y directores, por ejemplo–.

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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