Transformación de las IES
Carlos Arturo Espadas Interián*
El miércoles de esta semana, en una clase con estudiantes de segundo semestre de la Licenciatura en Pedagogía, se abordaron los esfuerzos de principios del siglo XX para llevar educación al pueblo, en su inmensa mayoría rural. La conclusión fue que desde las perspectivas positivistas heredadas del porfiriato no era posible, porque los profesionistas en cantidad, técnicas ni conocimientos respondían a necesidades del pueblo mexicano.
No se trata de populismos, se trata de falta de estructuras con vocación real de trabajo con el pueblo. Al día de hoy, el pueblo se encuentra estratificado con variaciones que en ocasiones lo engañan, desde la clasificación del INEGI, donde 20,000 a 40,000 pesos de ingreso familiar lo hacen de clase media, hasta la posibilidad de adquirir deudas casi impagables para movilidad, comunicación y acceso a instituciones educativas de dudoso nivel de excelencia.
Si consideramos que la pobreza es indigencia, miseria, pobreza extrema, pobreza y riesgo de pobreza, independientemente de la ubicación topográfica del país donde las personas en esta situación se encuentren, veremos que México, al margen de cifras y datos estadísticos, aún sigue en riesgo de pobreza y su población está viviendo el sueño que producen los subsidios de los gobiernos federales y estatales, que producen la ilusión de mayores ingresos y, con ello, cambio en el tabulador de clases sociales.
El hecho es que se requiere ese subsidio porque de otra forma, la población estaría condenada a una vida denigrante y se requiere mientras no cambien las estructuras. Una de esas estructuras que soporta la diferenciación de clases, promueve el estatus y legitima es el educativo y, sobre todo, las Instituciones de Educación Superior (IES).
Nuestras IES legitiman por medio de la reproducción del sustrato ideológico, conceptual y teórico que soportan las estructuras de desigualdad y estancamiento de las personas en la pobreza. De entrada, se trabaja desde una cosmovisión eurocéntrica, donde si se recupera lo nacional es únicamente como un referente histórico de algo que sucedió, pero que actualmente no tiene lugar porque estamos en búsqueda de la modernidad o postmodernidad, es decir la superación de la barbarie en la que se nos hizo saber que estábamos ante la invasión española, posteriormente norteamericana, francesa y actualmente norteamericana.
Para que las IES puedan servir al pueblo, deben cambiar sus diseños curriculares, así como en algún momento existió por ejemplo la carrera de medicina rural en la UNAM o la de parteras en una Asociación Civil de San Miguel de Allende. Donde el conocimiento disciplinar tendría que ir acompañado de la recuperación cultural del entorno comunitario y social, para promover alternativas de configuración social diferentes a las que se conocen y buscar una recuperación histórica de tradiciones de apoyo popular como el trueque y tequio, por ejemplo.
Así como conocimientos de herbolaria, configuraciones de marcos normativos de usos y costumbres y demás, todo a la luz de los logros históricos obtenidos en nuestro país y continente, entendiéndose continente de México a Argentina.
Se tiene que dejar de legitimar que ciertos perfiles profesionales se encuentran arriba de otros y merecen ganar más; se tiene que entender que todos somos pueblo y que el estudio debería servir para eso, para servir a los otros y no a uno mismo como resulta actualmente, que desemboca en la búsqueda de puntos, canonjías, bonos, sobresueldos y nombramientos.
Mientras estas lógicas no cambien, las cosas seguirán igual o peor en nuestro país, donde nuestros estudiantes, al egresar, los formamos para sentirse de una clase distinta y, sobre todo, el acceso a la formación universitaria se encuentra disfrazado. Desde hace décadas se difunde la calidad y excelencia educativa, pero muchas de nuestras IES no pueden ofrecerlas; hacen sentir que quienes estudian ahí están recibiendo una formación de calidad, cuando el Estado mexicano no tiene ni los recursos ni voluntad para realizar una gran obra educativa que responda realmente a los intereses de estudiantes, puesto que estudiantes son pueblo y, al no responder al pueblo, todo el discurso, modelos educativos y marcos normativos pierden legitimación y validez.
Hoy, como siempre, el pueblo de México está en el olvido.
*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com