Soluciones

 In Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

 

Panacea: Del lat. panacēa, y este del gr. πανάκεια panákeia.

f. Medicamento al que se atribuye eficacia para curar diversas enfermedades.

Sinónimos: elixir, sanalotodo, curalotodo.

f. Remedio o solución general para cualquier mal.

Sinónimos: remedio, solución.

Diccionario de la lengua española

 

En química, una solución es una mezcla homogénea de dos o más sustancias químicas puras y puede ocurrir a nivel molecular o iónico y no equivale a una reacción química. Las soluciones químicas se clasifican por dos criterios: 1) La proporción entre el soluto y el disolvente y 2) El estado de agregación de los componentes. A veces, algunos de los problemas de la química consisten en cómo realizar soluciones. En cambio, cuando hablamos de solucionar o resolver problemas, nos referimos a un proceso cognitivo y práctico consistente en identificar un obstáculo o situación, analizar sus causas y componentes para luego desarrollar un plan para superar lo que denominamos problema: un estado actual que nos proponemos tornar en un estado deseado.

En el ámbito judicial, una solución o resolución es una decisión de la autoridad sobre un determinado caso contencioso. En la vida cotidiana solemos pensar que cada problema tiene UNA solución correcta, aunque, como hemos visto, en mucho dependerá de cómo planteemos los problemas las soluciones que puedan concebirse. Quizá habrá algunas más efectivas que otras, pero eso no significa que determinados problemas queden solucionados, sino quizá ocultos, aplazados, agravados, enredados, negados y hasta mal planteados. Por ejemplo, alguna vez, en un archivo municipal en Estados Unidos, encontré una tesis de una disciplina cuya área no recuerdo que se intitulaba “El problema del mexicano”, en donde se concebía la presencia de mexicanos como un “problema” que requería “solución” por ser un obstáculo para la realización de algún determinado estado de cosas (además, el documento se ubicaba en el archivo de Fresno, California, un espacio en el que existían mexicanos antes de que se suscitara “el problema” de la población anglosajona como soberana de esos territorios). Conviene distinguir “problemas” de “aporías”, pues este último término suele denotar paradojas irresolubles, mientras que los problemas, en especial los sociales, se definen por ser situaciones que se pueden modificar de tal modo que darían lugar a beneficios como la disminución de conflictos o aumento en la productividad de determinadas actividades.

Hay quien concibe al matrimonio como una solución a la falta de seguridad social y a la soledad: una persona se convierte en proveedora de atención y servicios a cambio de los recursos que otra estará dispuesta a poner en la relación de pareja y en la protección mutua. Habrá quienes afirmen que, para resolver los problemas de lo que puede convertirse en martiri-monio, existe la solución legal del divorcio, aunque hay algunas visiones religiosas y jurídicas que prescriben que, una vez celebrado un matrimonio, ya no hay solución necesaria, ni posible, ni deseable, y prohíben la DISOLUCIÓN del matrimonio, por martirizante que se haya tornado. Mejor llevarla bien, porque, razonan algunos, “el divorcio no es solución” (por ejemplo, https://es.catholic.net/op/articulos/29889/cat/872/el-divorcio-no-es-solucion.html#google_vignette). No se admite el divorcio como solución, aunque señalan que “la Iglesia sólo permite la separación de los esposos si la vida en común resulta insostenible. Pero sin volver a casarse de nuevo, mientras viva el otro cónyuge; porque el vínculo matrimonial permanece toda la vida. Por lo tanto, hay que escoger entre seguir viviendo juntos o la soledad hasta la muerte”, señala ese autor, P. Jorge Loring (interpreto que la “P” denota algún ministerio sacerdotal dentro de la Iglesia de Roma).

Hay quien propone que la eutanasia es la solución para los problemas de una vida con nulas probabilidades de salud, aunque hay quien enfatiza que también es una solución tan prohibida como el suicidio, pues los humanos no estaríamos para andar decidiendo si una persona, sea un prójimo o uno mismo, debe vivir o morir y cuándo. Lo que no ha servido para reducir la impunidad de los crímenes de guerra en muchas de las instancias históricas, antes y después de acuerdos internacionales respecto a la definición de esos crímenes (https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-46542008000100007). De tal modo que la guerra no es la solución a los conflictos, por más que varios gobernantes actuales estén metidos día y noche y metan a ejércitos y agentes a azuzar más guerras como forma de “solucionar” los diferendos entre gobiernos (que nunca equivalen a los pueblos a los que gobiernan). Tampoco, muestra Julio Jorge Urbina (2008), en su discusión acerca de “Crímenes de guerra, justicia universal e inmunidades jurisdiccionales penales de los órganos del Estado”, se ha solucionado el problema de la IMPUNIDAD, pues existen una serie de INMUNIDADES de los órganos de gobierno y de los dirigentes políticos.

En distintas épocas de la historia humana, las guerras, el exilio, las deportaciones masivas, las invasiones, la muerte de grupos o personas específicas, la anulación de otros grupos y personas, la cárcel y el aislamiento, la esterilización, la castración, las lesiones a otros e incluso a sí mismos, se han visto como caminos a la solución de algún problema. Con esas acciones o medidas, temporales, eternas, irreversibles o drásticas, se pretende solucionar algún problema que no lo es para las víctimas. O que, al menos, no es definido de la misma forma y que no sería solucionado de la misma forma. El caso de la franja de Gaza se ha expresado como un problema para el actual y algunos gobiernos actuales de Israel: los palestinos “estorban”, “sobran”, “ocupan un lugar que no deberían” y Trump, actual presidente de Estados Unidos y empresario del sector inmobiliario, concibe esa forma de concebir a esas poblaciones como obstáculo a remover para desarrollar espacios que atraerán turismo y divisas al gobierno israelí y a sí mismo (en sus recién cumplidos ochenta años de vida). Para algunos, la solución al problema de la guerra palestino-israelí sería remover a los actuales gobernantes de Israel y de Estados Unidos. Aunque ya hemos visto que no siempre quitar a quien gobierna cambia el cómo se gobierna. Lo hemos visto, por citar un caso reciente, en el caso de cómo la muerte de un narcotraficante cuyas actividades y poderío eran conocidos no resolvió el problema del narcotráfico, pues, para muchos, ese mercado es la solución para otros problemas, sea con ése o con otros gerentes.

Por otra parte, hay quien concibe a las comidas rápidas, bebidas azucaradas y botanas con sal y azúcar como solución al hambre; mientras que hay otros que ven que en realidad son los causantes de otros problemas. No sólo no resuelven el hambre, sino que la perpetúan al desencadenar mecanismos hormonales que generan la sensación de apetito en los sistemas digestivos de las personas, sino que se convierten en problemas para los que diversas industrias ofrecerán otras soluciones: dietas, clubes, membresías, gimnasios, terapias, tratamientos, profesiones y oficios, capacitaciones, espacios de confinamiento y otras lindezas.

Habrá quien proponga que la medicina de determinado tipo y en determinadas dosis y periodicidades actuará como panacea, lo que desatará algunas iatrogenias y efectos secundarios de los tratamientos farmacológicos y rehabilitaciones. Ya conocemos el dicho de que “sale peor el remedio que la enfermedad”, pues muchas supuestas soluciones, en medicina y en otros contextos, acaban generando más problemas. Tal es el caso de los tratamientos renales, según se reporta en una nota reciente: (https://www.vademecum.es/noticia-20260612-El+da+ntilde+o+renal+es+una+de+las+principales+amenazas+para+las+personas+con+enfermedades+reum+aacute+ticas+autoinmunes+como+el+lupus+y+las+vasculitis_1185513). Señalan que el daño renal (que en parte está relacionado con los tratamientos) “continúa siendo una de las principales causas de morbimortalidad en pacientes con enfermedades autoinmunes sistémicas como el lupus eritematoso sistémico (LES) o las vasculitis”.

Otro caso es el de los coches, a los que vemos como solución para el transporte cotidiano, y que genera otros problemas (https://www.instagram.com/p/DZGjFUojzqw/?igsh=YzljYTk1ODg3Zg==) como se señala en esta nota, que enlista siete formas en que las ciudades se diseñan para promover más el uso de coches, lo que dificulta la movilidad de niños, adultos, personas que requieren más actividad física, problemas de estacionamiento, congestionamiento y contaminación. De tal modo que a veces conseguimos el remedio y el trapito, pero otras veces el remedio sale más caro que la enfermedad. Como ya sabemos, no todas las soluciones sirven igual para todos. Las medicinas que están bien para unos pueden ser mortales para otros. Ni el matrimonio, ni el divorcio, ni la soltería, ni los coches, ni la penicilina son igualmente recomendados y eficientes para todos.

Las soluciones draconianas y reduccionistas (es decir: éste es el único remedio para este problema que se puede definir de una única manera a partir de mecanismos que sólo tienen una explicación) acaban siendo también un problema. Las propuestas de solucionar “el problema de la migración” no toman en cuenta “el problema del envejecimiento”, o “el problema del acceso a la vivienda”, o “el problema del acceso al transporte, a la educación, a las oportunidades laborales”. Un problema que trae ocupada a la presidente de México en los días cercanos a la redacción de esta nota es cómo apagar las protestas de la CNTE, tras de que ella estaba convencida de que prometer regresar al sistema de pensiones reformado por su archienemigo Felipe Calderón sería una solución para llegar a la silla presidencial. Quizá sí le resolvió ese problema en ese momento de la historia, pero ahora le ha causado que se vea como haberlo “pateado” para más adelante, en un momento en el que estamos viviendo; lo que le ha causado otros problemas, desaguisados y entuertos. La solución de las promesas de campaña no podía quedar en no cumplir lo prometido.

En un libro de 2002, Negotiating Identities. States and Immigrants in France and Germany, la académica Riva Kastoryano, del Centre National de la Recherche Scientifique de Francia, propone la negociación de identidades como formas de solución de los problemas de integración de los inmigrantes y sus descendientes. Las diferencias pueden ser menos o más permanentes, analiza esta autora. Por ejemplo, la religión. Y señala que los vínculos de los inmigrantes con el terruño y la familia suelen prolongarse lo más posible para asegurar el respeto a sus tradiciones culturales, en especial, las tradiciones religiosas (2002; p. 93). Todavía en 2026, algunos de mis amigos han señalado que los jugadores de futbol que participan en el campeonato son una muestra de cómo conceder la nacionalidad a los descendientes de estos grupos de inmigrantes sólo perpetúa el problema de las confrontaciones religiosas. En concreto, algunos jugadores de futbol nacidos fuera de Marruecos han sido señalados como importantes representantes de ese país, lo que no gusta a algunas personas, porque esos descendientes conservan la identidad nacional de sus ancestros y, muy probablemente, sus tradiciones religiosas. De cualquier manera, la solución a esos dilemas no parece resolverse con complejas negociaciones. Como se ha visto también con la llegada de un cristianismo que se dice “de amor” al continente americano, pues ni eso ha detenido que los habitantes, creyentes y ciudadanos se agredan entre sí, a pesar de que existan ya muy pocos restos de otras tradiciones religiosas previas a la llegada de los conquistadores españoles.

Como dijo sabiamente mi amigo Pablo Morales, eso de “solucionar” la vida es algo que no podemos hacer los humanos. Cuando mucho, señaló, “lo que puedes hacer es encauzarla y fijar un rumbo temporal”. De todos modos, cualquier solución se nos convertirá en otro problema o no servirá para evitar la creatividad de la gente, tan presta siempre a inventar, para sí y para otros, mayores desaguisados, contrariedades, impedimentos, trabas, burocracias, trámites, estropicios, destrozos, quebrazones, ingenios, burlas, frenos, complicaciones, engorros y ocurrencias. Ni siquiera la educación o las bicicletas sirven para solucionar todos los problemas.

 

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com

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