República de lectores

 en Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

Para las generaciones que asisten a la escuela, desde ayer en algunos centros escolares, con el formato de grupo completo, es buen tiempo para leer historia, particularmente en la Historia Nacional, la etapa que refiere a la Revolución Mexicana.
Muchos aprendizajes por significar, algunos hechos por documentar e interpretar.
Para los ciudadanos de mano constructora en el campo y la fábrica, en el complejo mundo de los servicios y de las profesiones, también son buenos días para releer Historia Nacional y retomar los mensajes de los maestros y los libros; practicar nacionalismo e identidad con una mirada más extendida.
En un marco de euforia consumista, es bueno comprar y leer libros, compartirlos.
Leer como acción permanente para hacer las preguntas adecuadas y buscar respuestas en las fuentes de información primarias.
La calidad de los aprendizajes en torno a nuestro ser como país, a nuestra realidad nacional, no puede quedarse con la versión de la lejana experiencia escolar o de la versión especializada y tendenciosa de algunos historiadores colonialistas del intelecto de las masas.
Tampoco puede quedarse en la idea inicial del devenir de la historia como una saga de héroes y villanos.
Es insostenible el paradigma PORFIRIANO de modernización y del progreso de unos cuantos sobre la ignorancia y la miseria de las mayorías.
Los sujetos hacedores de la Revolución Mexicana, jamás lucharon para dar a luz una clase gobernante de espaldas a las legítimas demandas de justicia social. Tampoco ofrendaron sus vidas para dar a luz gobiernos posrevolucionarios omisos en desarrollo social y profusos en engaño a través del lenguaje (Ávila Camacho, Alemán Valdez, Díaz Ordaz, Salinas de Gortari, Vicente Fox, Felipe Calderón, Peña Nieto).
La miseria de proyectos de gobierno no era la imagen del país de aquellos hombres que secundaron a Madero el 20 de noviembre de 1910.
A pesar de chispazos de gobiernos buenos, la vida de la nación es incapaz de sostenerse exclusivamente sobre iconos nacionalistas de bronce (Cárdenas del Río, López Mateos) y hay ingente necesidad de formar al mexicano hacedor de riqueza colectiva para fundar de nueva cuenta el proyecto de nación emergente necesario al bien de todos.
La moderna ciudadanía deseada tal vez inicie desde la formación de una república de lectores.
Insostenible también es una paz social sobre cimientos de orden con columnas de exclusión y desigualdad.
Es insostenible el esquema neoliberal, el orden porfirista de rurales y soldados, de balas y modernización favorable a la capitales extranjeros y de hipoteca de la riqueza nacional.
Leamos y comprendamos nuestra revolución mexicana, la constitución política que de ella emerge, el artículo tercero y la SEP ahora centenaria dada a luz por los luchadores sin alfabeto.
La revolución cristera vergonzosa, el laicismo light con territorio definido en las entidades federativas sinarquistas, la quema de libros de Ciencias Naturales, los persecutores de maestros y maestras y Recrea Academy de Pedagogía industrial.
La lectura analítica y crítica, necesaria del tipo de patria y de gobiernos que nos hemos agenciado.
La lucha permanente contra el sistema jurídico con hemoglobina de corrupción, contra las universidades reproductoras ilustradas de la clase explotadora y los nuevos ladrones y gestores de gobierno con título y cuello blanco, ayunos de formación social y de valores importantes.
La revolución mexicana, los profesores y nuestras escuelas obligados a educar con calidad a los desposeídos.
La capacidad de escolarizar diferente, de construir alternativas a los paradigmas pedagógicos de exitismo neoliberal, marginadores de las masas por ausencia de cociente intelectual o anomia persistente.
El presentismo histórico de las masas que ensayan cada periodo electoral sin el dominio básico de las coordenadas ciudadanas para navegar hacia puertos de saludable democracia.
Explícitamente el Fondo de Cultura Económica a cargo de Paco Ignacio Taibo II trabaja en el objetivo de formar una república de lectores a través de la democratización del acceso al libro, a través de un proceso de difusión en ferias del libro, de encuentro entre escritores y público.
Formar lectores de manera científica es también columna vertebral de la educación básica y debería serlo en los niveles educativos subsecuentes.
La formación de lectores es como la metáfora de sembrar girasoles en el mar en una coyuntura donde la lucha del texto y la palabra, vive una desigual lucha contra los medios digitales y la colonización extensiva de la imagen, el color, el sonido y el movimiento.
El tiempo de lectura está acotado y los sentidos y las percepciones sobreestimulados y enajenados encuentran poco tiempo para la lectura y para el ejercicio de pensar.
Si es así sembremos más girasoles en el mar del lado de los lectores militantes y transformadores.
La práctica de leer es un espacio de lucha ideológica, ahí están los conceptos encontrados y la gestión de ferias del libro como la FIL en Guadalajara y la FIL Ciudad México. La primera con énfasis en el marketing, el encuentro clasista de la clase surgida de proyectos formativos monacales y privados, énfasis en el reflector, la estridencia, venta de colecciones de pasta dura, el mundo de la competencia editorial.
Las segundas, con un claro sentido de hacer llegar a precios accesibles el libro a los sectores populares.
Formar una república de lectores sigue siendo objetivo de la Revolución cultural mexicana aún en proceso, más aún en esos rincones de vocación colonial-porfiriana.
Detrás de bambalinas, hacer política a través del libro y construir clasismo a través de las ventas extensivas y de construcción de fabricantes de Best Sellers, es también parte de la posmodernidad.
En la historia de la SEP se han registrado momentos importantes en las gestiones de Vasconcelos y Torres Bodet, desde llevar los clásicos al pueblo hasta el libro de texto gratuito.
En tiempos evaluacionistas neoliberales, de teatros digitales, de cientificismo de la exclusión, de reformas curriculares transnacionales, se han ofrecido las propuestas del Programa Nacional de Lectura y las Bibliotecas de Aula y Escuela.
Trabajar en el acceso al libro es una parte de la solución y la otra, en el mundo de la escuela y el hogar, el trabajo serio y rigorista de los lectores críticos capaces de seleccionar la información que alimente los procesos superiores de pensamiento y recree el dinámico y sugerente lenguaje de comprensión del mundo.
Finalmente, como es sabido, el pronóstico de desempeño escolar está muy relacionado a la competencia lectora, pero también habría que agregar la necesidad de educar la voluntad y actitud lectora.
Recuperar de sus escombros el estadio Gutenberg de tinta y papel y liberar cada vez más lectores pasivos presos de las pantallas.
Decía el personaje Patricia O Farrell en la novela de Arturo Pérez-Reverte, la Reina del Sur, que “Los libros son puertas que te llevan a la calle… con ellos aprendes, te educas, viajas, sueñas, imaginas, vives otras vidas y multiplicas la tuya por mil. A ver quién te da más por menos, Mejicanita (…) Y también sirven para tener a raya muchas cosas malas: fantasmas, soledades y mierdas así”.
Leer más como reto para todos, leer textos diversos de calidad de manera selectiva, construirse como un buen lector y subir otro peldaño en el pensamiento informado y crítico, tales serían algunos propósitos en ese loable esfuerzo de trabajar juntos y en varios espacios institucionales e informales para materializar una república de lectores.

*Doctor en educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

Comentarios
  • Griselda Gómez de la Torre
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    “Ser cultos, para ser libres” José Martí
    Mi propuesta es comenzar por leernos a nosotros mismos, tomar conciencia de nuestra historicidad, comenzar por desarrollar el pensamiento crítico – reflexivo en nuestras niñas, niños y adolescentes a través de la recuperación de su historia de vida, su conformación como sujetos en el aquí y el ahora.
    No podemos enseñar la historia como algo desde fuera, se precisa preparar al sujeto historizado en el presente potencial como forma de resignificar su propia existencia, hacer preguntas, tales como: ¿Quién soy?, ¿Cómo he llegado a ser?, es tan fundamental como el conocimiento sobre sí mismo o como lo menciona Hugo Zemelman: “El retorno sobre sí”.
    Solo partiendo del ser consiente, conectado con la historia personal, podemos replantearnos otra mirada, vernos reflejados en el otro como nuestro espejo, ver a través del otro lo que somos, el otro que es reflejo del yo, para emprender entonces, un proyecto social que permita generar comunidad, porque “yo soy tú, tú eres yo”.
    Reconocer – nos para significar este espacio potencial, reconocernos sujetos – sujetados a los roles sociales que nos determinan o condicionan refiriéndome a Freire, poder recuperar ¿Quién soy yo más allá de mi propio rol?, ¿Cómo me envuelve el rol en mi ser y estar?, para entonces plantearme que rol juego dentro del sistema social. ¿Qué es el sistema?, ¿Cómo opera?, ¿Qué horizonte puedo crear o aspirar a ser? Con ello se implica la voluntad, la fuerza que opera en el sujeto y que permite a través de su conciencia generar realidades liberadoras.
    Agradezco como cada semana, este espacio de reflexión y análisis, gracias por la donación de la palabra provocadora, pretexto para el sentipensar dialógico.

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