Repensar la educación

 In Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

Es momento de preguntarse: ¿para qué la escuela? Para moldear al ser humano al gusto del Estado, religiones, grupos en el poder… ¿Será eso el fin de la educación? Donde el profesorado es un instrumento funcional que se somete a condiciones preestablecidas para mantenerlo preocupado por su subsistencia, igual que al pueblo.
La crisis de la educación no es exclusiva, es de civilización. Por ello, los educadores deben tomar las riendas de la escuela, levantar la voz y de construir la educación que requiere la humanidad.
Esa educación no puede ser dictada por el sector empresarial; ellos deben capacitar y preparar a sus cuadros laborales, pero la formación no le corresponde a la empresa; esa es territorio de las familias, escuela y magisterio.
La formación es continuidad de la casa, familia y Estado… Sin embargo, en nuestras sociedades donde la familia, Estado y sociedad están en crisis, la escuela en principio debe estar consciente de que estará sola.
El deterioro de la civilización ha llevado décadas y siglos, guiado por un proyecto claro, financiado y construido pacientemente en todos los frentes –incluso en el del lenguaje–; así, el nuevo proyecto educativo debe considerarse una empresa de largo aliento y más aún: sin financiamiento alguno.
Cuando la escuela deje de servir a los intereses mezquinos, saldrán a la luz sus deficiencias y se procurará sepultarla; se perseguirá al profesorado bajo el lema de corrupción y traición, tal y como se ha hecho desde hace siglos cuando alguien actuaba de forma diferente y contraria a los intereses de grupos de poder.
Un profesor debe trabajar desde las minorías, únicamente tener presente que las mayorías actuales se disfrazan de minorías funcionales para el orden de las cosas, usando el sufrimiento de algunas personas. La forma de identificarlas es cuando se posicionan y obligan a otros a actuar como ellas quieren, pero ese querer está vinculado y trabaja para el proyecto “global” occidental.
Hay quienes creen en esas dinámicas y se lanzan a la lucha y fracasan o permanecen “vegetando”; esas eran realmente las minorías porque nunca tuvieron financiamiento y, al contrario, fueron aniquiladas porque eran auténticas.
Así, el magisterio que construye educación verdadera nunca podrá tener reconocimiento verdadero ni altos salarios como aquellos de los escalones altos de la “carrera magisterial” y que sirvieron como control de segmento, porque pocos lo lograban… del segmento magisterial, como control, ejemplo y construcción aspiracional de la lógica “sí se puede”; el “sí” es a propósito e ilustrativo del lenguaje de sometimiento actual.
Hoy el magisterio mexicano debe repensar la educación, la escuela y la dinámica inercial y de sometimiento que las dirigen; caso contrario, se haga lo que se haga, se seguirán obteniendo los mismos resultados fatídicos en cada clase, trabajos, PISA, ENLACE –póngasele el nombre que se desee–, en la sociedad y cultura.
Y a partir de esos resultados, se buscará encubrir, explicar, ocultar, ¿cuestionar?, matizar… como hasta ahora se hace para no corregir ni resolver la situación de la educación.

*Profesor-investigador de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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