Redes de conocimiento

 en Alma Dzib Goodin

Alma Dzib Goodin*

Hay un área conocida como redes biológicas que se apoya en sistemas computacionales para explicar la relación entre las partes dentro de un sistema. Dichas redes, son actualmente empleadas en estudios ecológicos, evolutivos y fisiológicos, por ejemplo, para determinar los elementos de una red neuronal y su efecto dentro de un proceso específico; para ello, se realizan cálculos complejos para determinar el peso de un elemento sobre el resto del sistema y se reconocen las posible variaciones para determinar el equilibrio de los procesos.
Si se toma la educación como elemento del proceso llamado aprendizaje, es obvio que existe un problema en el sistema, pues considerando los datos arrojados por las múltiples evaluaciones que se hacen a lo largo y ancho del continente, ambos procesos no son parte del mismo sistema. Se envía a los seres humanos durante años y años para que aprendan a leer, escribir y sumar, pero terminan sus estudios leyendo lo mínimo y odiando aquello que leyeron.
Lo que sucede es que el aprendizaje es un sistema autónomo que va a responder a las necesidades del medio, el cual es, en primer lugar, cambiante debido a la cultura. Lo que aprendimos hace 10 años, la forma en que nos expresábamos hace 10 años, ya no tiene sentido en estos días, las variaciones se producen a una tasa más rápida de lo que cualquier sistema educativo puede cambiar, pues está sentado en sistemas rígidos.
Para cuando se produce un cambio en el sistema educativo, usualmente debido a una crisis, la tasa de adaptación del aprendizaje será tal, que el nuevo sistema será obsoleto aún antes de ser concluido.
Sin embargo, basta mirar alrededor para observar que el resto de las especies emplean sistemas mejor adaptados a los cambios y responden mucho mejor durante una crisis. Tomemos como ejemplo los virus. No importa cuan novedosos sean los antivirales, los virus tienen la capacidad de mutar y hacer obsoletos a los medicamentos, sin importar lo costosos que puedan ser.
Observando la tasa de éxito de cualquier sistema sobre el proceso, es claro que los procesos que benefician se vuelven fuertes y que se eliminan aquellos que no funcionan o que no son ecológicamente sostenibles. Por lo que la lógica es que si algo no funciona, se modifica o se descarta por completo, por lo menos en sistemas biológicos.
A pesar de que los seres humanos es la única especie que envía a sus crías a espacios artificiales a aprender, evalúa dicho proceso y observa que no funciona, insiste en atormentar a todos sin buenos resultados. No importa cuanto dinero se invierta o cuantos dedos de acusadores se levanten, la realidad es que el sistema no funciona.
No es un secreto que no existe relación entre la educación y el aprendizaje. Existen miles de investigaciones sobre cómo se aprende, pero de ahí a que sean útiles parece que hay una gran distancia. ¡Sin embargo no soy pesimista!, espero que un día alguien pueda medir las relaciones entre los elementos del proceso y pueda determinar la mejor manera de hacerlo funcionar.
Sólo puedo esperar que UNO de cada millón de niños pueda encontrar una forma de alzar su voz y hacerlo tan fuerte que contagie a otros para encontrar su talento en ese espacio tan lleno de tensiones. Solo UNO hará que todo valga la pena.

*Directora del Learning & Neuro-Development Research Center, USA. alma@almadzib.com

  • Gerardo
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    Muy interesante cómo el estudio de otros sistemas puede ser aplicados a cuestiones sociales y educativos. Así como también sumamente intresantes las conclusiones que de esos estudios se desprenden. ¡Gracias por compartir y difundir esa información!

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