Psicólogos

 en Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

A pesar de que el origen de la celebración del día del psicólogo en México está reconocida en las reuniones de 1994 en la Universidad de Guadalajara, parece ser, como ha sido la característica de los últimos años, que más allá de algunas conferencias o referencias breves, la fecha devino en condiciones de silencio local y nacionalmente.
La Psicología a un lado de las lectoras del tarot y adivinadoras parece escudriñar medrosa e introvertida.
Con su mirada de episteme imposible parpadea desde los sótanos del inconsciente individual y colectivo; guarda su débil luz sobre las pocas respuestas y verdades encontradas, tímida saca apenas un asomo en la semioscuridad y en la hipoacusia de los colectivos que ensayan existir.
El 20 de mayo, hace ya casi una semana, se celebró el día del psicólogo.
Mientras el asedio del normalismo rural no ha tenido tregua y se manifiesta en eventos como los vividos por la Escuela Normal Rural de Mactumactzá Chiapas. El punto geográfico del Cerro de las Once Estrellas donde se cuestiona la aplicación del examen de ingreso vía internet y por respuesta los normalistas obtienen rápida respuesta represiva y encarcelamiento de 95 estudiantes que afortunadamente fueron liberadas 74 el pasado domingo para seguir sus procesos en libertad.
Equidad de género e interculturalidad hipócrita, ¡Ay, gobierno de Chiapas!, de los poetas Jaime Sabines y Rosario Castellanos, gobiernos de cola verde, racistas, de latifundistas coloniales, de liderezas sindicales de bolsos finos y propiedades en San Diego, las damas primero.
Menudo regalo del día del estudiante, golpe repetido a los hijos de obreros y campesinos, algunos de origen indígena, en esa entidad de vocación independentista decimonónica.
Por un lado la celebración merecida de un campo profesional, de una disciplina, por otro lado, cachetadas de realidad de la manera como se reprime la movilización social y el derecho a manifestación.
Como parte del fondo, el cuarto mundo subdesarrollado en acceso a la informática, y el quinto submundo digital de nuestros pueblos indígenas y rurales, de dieta de chile, frijol y maíz y pies descalzos.
Es claro que días como el marcado el 20 de mayo deben ser la oportunidad para valorar socialmente a los profesionales se la Psicología.
Es claro también que, en las academias profesionales de las universidades serias debe hacerse un ejercicio de evaluación de sus propuestas formativas de manera permanente para así enriquecer la malla curricular por la que transitan miles de estudiantes en el país. Como profesionales especializados en aspectos de la psique, (asuntos del alma humana) o desde la perspectiva conductista temas del comportamiento humano, o desde la perspectiva psicoanalista asuntos del inconsciente, constituyen un grupo (los psicólogos) cuya tarea es apasionante desde el corpus de ciencia en la que se preparan y desde el corpus de metodologías diversificadas a los que dedican vida entera, disciplina e investigación.
Socialmente es una profesión que necesita avanzar en reconocimiento y status; profesionalmente es un gremio que necesita seguir trabajando rigor científico, des-patitización de instituciones y charlatanería sexista de algunos de sus profesionistas.
Las universidades patito cuentan con facultades de Psicología como si la formación de los mismos fuera una suma de materias inconexas y desarticuladas, fuera una cosa en sí, un verbo sacro para formar a manera de delirio especulativo y verbalismo hipnotizador.
Nada más alejado de la realidad. La formación del psicólogo debe estar fundamentada en una amplia visión científica formada en el laboratorio, en una amplia gama de experiencias prácticas de investigación y puesta a prueba de métodos clásicos; la obligación de hacer vigilancia epistemológica de algunos presupuestos que de manera repetitiva se reproducen en las cátedras y en el manejo acrítico de fuentes de teoría de los mismos santones cuya obra se procesa mal y se comprende pobremente.
En el sector educativo la participación de los psicólogos se incrementó en las tres últimas décadas del siglo XX, estancándose en los últimos años.
En niveles como la educación secundaria, la etapa neoliberal en materia educativa, el cambio de planes y programas en 1993 trajo consigo la eliminación de los gabinetes psicopedagógicos, eliminando por ende la contratación de profesionales de la Psicología.
En Educación Especial, un destino laboral natural para los psicólogos, creció mucho la presencia de ellos en la década de los ochentas pero ha tendido a contraerse la oferta laboral en los laberintos discursivos de la integración y la inclusión retórica puertas adentro.
Si bien, es cierto que la práctica profesional del psicólogo en contextos de educación básica ha estado poco integrada a la cultura de trabajo del profesor y hay visibles casos de soberbia intelectual clasista, el apoyo del trabajo del psicólogo es muy importante.
Sin mayor evidencia empírica, es real el impacto de este grupo profesional en la solución de la problemática de la salud psicológica de los educandos.
Si bien, es poco medible en términos de indicadores de calidad, es necesario su asesoramiento y contribución, sobre todo cuando mucho del comportamiento infantil y adolescente se ve impactado en su sano desarrollo intelectual.
Desarrollo intelectual condicionado, entre otros factores, por la burbuja digital, el incremento de la inseguridad, los embarazos precoces y el consumo de drogas.
De igual manera, la evaluación de trabajo del psicólogo en entornos educativos es necesaria.
A los instrumentos valiosos de diagnóstico de problemas como la hiperactividad y déficit de atención o de indicios de abuso o acoso sexual en entornos familiares, que confirman la complejidad del problema del aprendizaje y del comportamiento, habría que sumar una estrategia de intervención más eficaz, una estrategia de capacitación, de resultados más expeditos porque el tiempo de estancia de los educandos, medida en ciclos escolares y trimestres está muy acotado.
Al campo científico y profesional de la Psicología en sus distintas perspectivas teóricas y prácticas mucho se le adeuda en la moderna educación.
A la dominante visión paradigmática, –sin caer en el psicologismo– debemos el enriquecimiento de la mirada, sobre tópicos como el aprendizaje y el desarrollo cognitivo; la visión del desarrollo en etapas y estadios que lleva al origen mismo de los conceptos de infancia y adolescencia, la sexualidad desde la dimensión biopsicosocial, entre otros.
Hay mucho por hacer en el campo de la investigación psicológica en los distintos objetos y el libro de las ideas innovadoras en el contexto latinoamericano aún está abierto.
Nos faltan laboratorios de Psicología, nos faltan presupuestos para la investigación, nos faltan psicólogos de alto nivel que superen el estadio reproduccionista y que den respuestas a muchas de las preguntas que emergen en la crisis existencial en la coyuntura de pandemia, que den respuesta al comportamiento infantil en condiciones de aislamiento social y las inequidades comprensivas derivadas de las diferenciales habilidades digitales.
La Psicología latinoamericana (y mexicana en particular) están en ciernes, hay aportes destacados como los del colombiano Rubén Ardila que realizó la síntesis experimental del comportamiento, o previo a el la aportación del fisiólogo argentino Horacio Piñero que promovió la fundación del primer laboratorio de Psicología experimental en el Colegio Nacional de Buenos Aires o las del mismo José Ingenieros, o en México a principios del siglo XX las aportaciones de Ezequiel A. Chávez, Jose Meza Gutiérrez y Enrique C. Aragón, entre otros.
Queda mucho tramo por avanzar para consolidar a la Psicología como disciplina académica con corpus teórico metodológico propio, queda mucho por esculpirse en materia de prestigio profesional.
Un asunto que no es secundario es el tema de la socialización y el aislamiento político de los psicólogos.
Cómo gremio profesional hace falta organización y ruptura del silencio de un quehacer que por ética deviene en el diván, o entre cuatro paredes entre terapeuta y cliente.
Se echa de menos la presencia de los psicólogos en el mundo de la política estatal y nacional, se echa de menos su presencia y aportación.
Que los días cálidos y festivos de mayo hagan lugar y permitan reconocer el trabajo de los colegas psicólogos.

*Doctor en educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

Comentarios
  • Patricia Arellano Zataráin
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    Excelente texto cubierto de algunos aportes históricos…de su importancia en la educación principalmente y en lo que se necesita avanzar en ésta disciplina del conocimiento.

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