Perversos

 In Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

 

Esa tendencia a distorsionar las tareas para las que fueron nombradas algunas personas se ha convertido en algo tan frecuente que podemos sospechar que quien ocupa un puesto donde debería cumplir determinada función, en realidad fue puesto ahí para que evite que se haga realidad. Lo hemos visto en casos de fiscales que pervierten la búsqueda de las evidencias penales para acusar de determinados delitos y que acaban por convertirse en defensores o encubridores de los supuestos delincuentes. Lo inverso también puede suceder: que las personas encargadas de la defensa se conviertan en testigos de cargo. Los mecánicos que reciben determinados aparatos para repararlos y que los descomponen más “perturban el orden o estado de las cosas”, según la definición que nos procuran los académicos de la lengua. Por cierto, quienes, en vez de limpiar, pulir y dar esplendor a la lengua, formaran parte de esa academia ensuciando, deslustrando u obscureciendo el lenguaje, estarían pervirtiendo su función.

Lo hemos observado en tiempos recientes con una frecuencia que se ha vuelto alarmante, aunque también hemos comenzado a naturalizar el fenómeno. Sabemos de muchas personas que deberían cumplir un propósito, pero acaban desviándose de él. En el campo de la política es tan común que ya no nos extraña, pues quienes deberían evitar la corrupción y castigar la delincuencia fácilmente se convierten en cómplices y receptores de sobornos y promotores de la impunidad. Las perversiones son de gran alcance. Algunos personajes como el ahora infame Marcial Maciel (1920-2008), entre otros que deberían velar por la salvación de las almas, han distorsionado sus funciones para acelerar la corrupción de los cuerpos y los comportamientos en su derredor.

Los casos denunciados son muchos, aunque no tantos como los que se suscitan; son menos, en cambio, los que se investigan y se castigan en caso de que se pruebe la culpabilidad de quienes, en vez de cumplir sus funciones, las pervierten y hacen lo contrario. Lo hemos visto en casos recientes e históricos: docentes que acosan a sus estudiantes aprovechando que tienen un “podercito” sobre quienes son más vulnerables al defender algún interés como permanecer en la escuela, pasar una asignatura, conservar un promedio u obtener algún apoyo pecuniario. El expejidente señaló en algún momento que había quienes viajaban al extranjero para aprender a robar, lo que en realidad es una acusación grave de la que no ofreció pruebas ni denuncias concretas, en el sentido de que existían personas que pervertían la función de la educación. Es poco probable que haya cursos y programas de licenciatura y posgrado que promuevan explícitamente prácticas asociadas con el despojo de los congéneres, pero ese señalamiento al menos insinúa que en el llamado currículum oculto habría algunas profesiones e instituciones dedicadas a pervertir la educación para orientarla únicamente al beneficio personal y no a beneficiar a quienes se atienden desde determinada disciplina.

Algunas de nuestras prácticas se convierten en perversas, como el caso de las personas que compran un coche para transportarse al trabajo y acaban trabajando únicamente para pagar el coche que los lleva a trabajar. Hay quien señala que gastar más en coches que en alimentación, vivienda y bienestar pervierte la idea de un transporte eficiente. Eso sin contar que el uso de los vehículos puede ser más dañino que los beneficios de los esfuerzos empeñados en los trabajos realizados (https://youtu.be/Yfxh8DR94qg?si=yrONI7Vf8hgWfTi1).

Unos días antes de redactar este comentario, nos enteramos por testimonio de Dolores Huerta (Dolores Clara Fernández Huerta, nacida en 1930) de que el famoso líder campesino César Chávez (Cesario Estrada Chávez, 1927-1993) la acosó sexualmente durante sus jornadas de trabajo a favor de los campesinos. Huerta calló esos hechos en la creencia de que denunciar al líder reduciría la efectividad de la lucha en defensa de los trabajadores del campo en Estados Unidos. Lo que ha derivado en que múltiples murales, plazas, escuelas, fechas de homenajes y edificios tendrán que rebautizarse para retirar el nombre de un líder que pervirtió su función al acosar a su compañera de lucha social (https://youtu.be/-nXRiV014rg?si=2Mj95i7l7qK_VMyU).

La perversidad de otros supuestos líderes, como Donald John Trump y Benjamín Netanyahu, se ha manifestado desde hace años, aunque hay quienes perciben positivamente esa falta de atención a las necesidades de sus pueblos, trastornada en agresiones a estos y a otros fuera de los territorios que gobiernan. Hace unos días, el 45º/47º presidente de Estados Unidos intentó exculparse de la guerra con Irán señalando a sus más cercanos colaboradores. Podríamos pensar que para eso están y a partir de esa idea los acusó (https://www.instagram.com/reel/DVyayKIE132/?igsh=MTh3ZWoxZGxncGJ0dA==). De igual manera, con el pretexto de apoyar las revisiones de seguridad en los aeropuertos, ese mismo personaje envió a los agentes de Immigration and Customs Enforcement (ICE) a detener a posibles viajeros (https://www.threads.com/@chez.chuck/post/DWO2ktdEatV?xmt=AQF0j4BTF3kMyH8Nn0HWM0HT-DAMyedUxv4gc7e64E3xIbYTK1G35heTw5i3l058P4ZXyZ_o&slof=1).

Un caso bastante conocido y que solemos aceptar como mal necesario o menor es el de la perversión de la industria farmacéutica: procura salud a partir de pervertir la naturaleza de la atención médica. En vez de profesionistas de la salud que fortalezcan las acciones orientadas a prevenir las enfermedades y a manejar las condiciones que requieren tratamientos, la industria farmacéutica ha pervertido la función al enfocarse en tratamientos supuestamente curativos que, como hemos visto, pueden convertirse rápidamente en adictivos y derivar en muertes y otros trastornos y padecimientos (https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/crimen-siglo-documental-farmaceuticas-peor-camello-4699885/). Lo vemos en medios de comunicación que se convierten en aparatos de propaganda o de contrapropaganda, pervirtiendo la función de informar para convertirla en un esfuerzo retórico por conseguir apoyo para acciones y políticas de gobernantes con más intereses propios y de su camarilla que en atender el bienestar de sus gobernados (https://cleantechnica.com/2026/03/24/wall-street-the-corporate-media-are-buying-rumors-of-iran-negotiations-but-you-cant-power-your-car-with-big-lies/).

En la educación escolar también hemos visto cómo existen instituciones que prolongan la instrucción, la capacitación y la enseñanza con lo que muchos estudiantes llaman “materias de relleno”, con tal de seguir recibiendo colegiaturas y otros beneficios que no se convierten directamente en aprendizajes para los aprendices a quienes deberían atender y preparar para la vida social y profesional. De tal modo, en esos casos, la educación se convierte en un ámbito de perversión, no sólo en el sentido de que los estudiantes y los docentes aprendemos malas mañas, sino que ayudamos a generar la noción de que “así debe ser”: con muchas ansiedades, preocupaciones y sufrimiento prolongado, en vez de encontrar las maneras de que el aprendizaje se convierta en una experiencia gozosa.

 

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com

Comments
  • Alicia Elortegui

    Buena critica, sun embargo todos somos Un Marciel, un Trump. Estos personajes tambiensomos nosotros desfe nuestra individualidad. No necesitamos se politico, ni pederestas. Pero si somos negligentes y permisivos.

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