Pequeños detalles

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

En 1844, gracias a las aportaciones de Samuel Morse y Alfred Vail se pudo establecer el primer telégrafo que podríamos considerar “moderno”. Su primera transmisión consistió en la frase: “What hath God Wrought?” (“Números 23:23: “miren lo que Dios ha forjado”). Esta frase bien podrá describir inventos que nos permitirían ver la creación humana a partir de lo forjado por Dios.
En 1854 se hicieron los primeros ensayos para la trasnsmisión lejana de sonidos, que culminaron en la patente de Alejandro Graham Bell en 1876. Frederick G. Creed desarrolló los primeros modelos del teletipo a principios del siglo XX. Durante décadas, todavía hasta fines del siglo XX, grandes empresas multisituadas (notablemente varios periódicos) utilizaron los teletipos para transmitir mensajes de texto. La primera conexión entre tres computadoras distantes se realizó en universidades de California, en 1969, generando así los principios de la internet, que se difundió rápidamente desde mediados de los años noventa en el hemisferio occidental y, a partir de inicios del siglo XXI, en el mundo entero.
Vemos con naturalidad en nuestro país que muchas de las comunicaciones telefónicas de las instituciones escolares se complementen y refuercen, ya no por mensajes escritos e impresos en papel, sino en mensajes de correo electrónico, una modalidad que se ve facilitada por internet. Es común que las instituciones educativas cuenten con “páginas web” en donde es posible consultar información atingente a las escuelas sin necesidad de esperar respuesta a preguntas específicas. Lo que no significa que la información esté actualizada, como hemos comprobado por los datos obsoletos o incompletos en algunas páginas (por ejemplo, de la principal universidad de Jalisco).
En algunas instituciones educativas de nuestro país hay algunos “pequeños detalles” que hacen inoperantes algunas de estas tecnologías de comunicación. Es común que las autoridades no respondan a las comunicaciones en papel, que en los centros y oficinas escolares nadie conteste los teléfonos, que haya poco seguimiento a los mensajes enviados por correo electrónico. Lo que desespera a los estudiantes que requieren una copia de su certificado de calificaciones, o cartas que den constancia de haber terminado determinadas etapas, como acreditar los cursos de un currículum, o el servicio social, demostrar que han acreditado todos los requisitos necesarios para tener su título profesional.
La creatividad de algunos burócratas para que estas tecnologías sirvan de obstáculo a vencer, en vez de puente de comunicación, ha llegado a tal grado que, dado que en determinadas instituciones no hay quien conteste el teléfono, hay que acudir (con pandemia y medidas sanitarias) a realizar determinados trámites en papel. En días recientes, en la institución en la que laboro, una estudiante solicitó un comprobante. El funcionario que la atendió, después de varios que no tenían idea de cómo generarlo, le pidió su domicilio de correo electrónico a la solicitante para comunicarse posteriormente con ella. Pocos días después, con un mensaje enviado desde su correo personal, el funcionario le informó que en dos días enviaría el comprobante escaneado para su impresión. La estudiante no podría recogerlo en las oficinas, dado que el personal de esa oficina trabajaba desde su domicilio particular.
Dos meses después, la solicitante inquirió (una vez más) acerca del trámite que estaría listo en un par de días. La respuesta del funcionario, desde su domicilio personal: “le ruego que no solicite documentos oficiales a mi domicilio de correo electrónico personal. Hágalo como coresponde, al domicilio institucional, que es el siguiente”. Me pregunto si la estudiante será sancionada obligándola a iniciar el trámite por no responder a un domicilio que desconocía, pues el mensaje original provenía del domicilio personal al que ella reiteró su demanda. Tantos desarrollos tecnológicos para dar al traste con ellos con un “pequeño detalle”.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

Comentarios
  • Manuel Moreno
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    Ninguna mejoría puede darse en el sistema educativo, si no cambia su estructura organizacional y tramitología burocrática, a pesar de los avances tecnológicos y científicos.

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