Pedalear. Historias de aprendizaje
Luis Rodolfo Morán Quiroz*
¿O deberíamos escribir bicicletear? ¿O rodar? ¿O andar en bicicleta? ¿O moverse en triciclo? Lo que nos lleva a otros interrogantes: ¿bici, triclo o cleta? La cuestión de cómo llamar a la actividad de moverse en vehículos de pedales y a estos mismos artilugios remite a preferencias y hábitos generacionales o de clase o de usuario o de simple observador, y hasta podría pensarse en cómo los llama alguien que desprecia estos vehículos y a quienes los utilizamos. También hay distinciones de contexto e intensidad: hay bicicleteros o ciclistas, y de éstos se dice que son urbanos, de montaña o de ruta. De los vehículos se dice que son bicis de albañil, de panadero, triciclos de jardinero o de pepenador o de vendedor de frutas y de fritangas. Hay categorías, jerarquías, distinciones, además de grupos y tipos de prácticas asociadas con terrenos o distancias recorridas (https://youtu.be/QaGOHZFbxgs?si=cfIwOKDpOtREINYi). Y no sólo en español se utilizan distintos términos para los aparatos, la actividad o quienes la practican. En otros idiomas se reflejan también estas distinciones que remiten a la frecuencia de uso, a los contextos, a las habilidades y a los destinos en que se pedalea. Por ejemplo, en inglés hay distinciones lingüísticas (https://www.theoldguybicycleblog.com/2023/04/the-great-bicycle-debate-bike-or.html) y en alemán (https://www.bikes.de/magazin/service/verkehr/7-radfahrer-typen-die-dir-garantiert-schon-mal-begegnet-sind?srsltid=AfmBOoqk8EzsBTs77yIRLLQjdhjl8_mwPotoHV6to8HBiMuqMUI5biCT). En francés hay quien señala que hay contextos también para el uso de los términos. Vélo y bicyclette son el mismo aparato, pero el registro de esos términos es informal en el primero, más formal y adecuado para el lenguaje escrito en el segundo (https://www.giggleacademy.com/blog/fr/what-is-the-fun-and-simple-difference-between-bike-and-bicycle-for-kids).
Sea como sea que llamemos a nuestras cabalgaduras de metal, es altamente probable que hayan sido parte de la secuencia de aprendizaje de nuestra movilidad independiente. De gatear a caminar y correr. Y de ahí a pedalear: en triciclo, en bicicleta con ruedas de apoyo en la parte trasera, incluso en bicicletas plásticas, de madera y luego metálicas sin pedales, para luego alejarse del piso y reducir la cantidad de apoyos. Un aprendizaje que solemos iniciar desde muy chicos y que, durante décadas, estuvo vedado a las niñas. Hasta que, en algún momento, hubo quien cuestionara la prohi-bici-ón para convertirla en posibilidad pro-bici, la cual, en muchos de nosotros, se convirtió en un bici-o frecuente. Las historias de aprendizaje asociadas a pedalear son millones. No todas han sido escritas, pues una de las grandes virtudes de pedalear es que se puede hablar y hasta beber y comer al mismo tiempo que se realiza esta actividad. Así que muy probablemente estas historias se han compartido durante la práctica misma y se han utilizado para enseñar a pedalear y las acciones asociadas como frenar, conservar el equilibrio, dar mantenimiento o detectar algunos problemas mecánicos en el cuaco que hemos denominado “mío”, ya sea por unos minutos o por algunas décadas. Uno de estos procesos de aprendizaje lo documenta, con humor y a la vez, con una empatía que deja entrever las angustias de aprender habilidades nuevas, el autor alemán Patrick Süskind (nacido en 1949) y su relato Herr Sommer, que describe los procesos de aprendizaje de piano y bici (además de la aventura lingüística para quienes hemos sido aprendices del idioma alemán y hemos emprendido esa lectura en el idioma original).
La historia de las bicicletas ha estado teñida de múltiples aprendizajes, no sólo para quienes las han utilizado, sino también para quienes las han diseñado y fabricado y para quienes han expresado prejuicios y pretextos para que no se utilizara, por un lado, y por el otro, para quienes han aplicado la retórica para convencer de que no se trata de actividades y adminículos diabólicos. Distintos diseños han estado asociados con accidentes, avances, comodidades, alegrías. Existe un texto famoso de Mark Twain (su nombre real Samuel Langhorne Clemens; 1835-1910) en donde describe con ironía la experiencia de pedalear y en éste concluye: “Get a bicycle. You will not regret it, if you live” (http://livros01.livrosgratis.com.br/ln000858.pdf). Como suele suceder en nuestros traslados, la actividad de pedalear ha estado asociada a placeres y riesgos, y hubo quien utilizó argumentos médicos y religiosos para evitar esas prácticas. Mientras ha habido algunas modificaciones de ropas que se hicieron famosas, como los “bloomers” (pantalones femeninos o “bombachas”) diseñados por Amelia Jenks Bloomer (1818-1894) para facilitar pedalear y reducir los riesgos de accidentarse. También hubo quienes declararon que pedalear era una actividad diabólica que podría acabar con la virginidad de algunas mujeres, aunque la bicicleta se ha convertido también en un confiable vehículo para realizar peregrinaciones a santuarios en las constelaciones cristianas y musulmanas (por ejemplo: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2010/11/101118_sudafrica_bicicleta_meca_cr; https://www.youtube.com/watch?v=MbTuwoY8kYY) y (https://www.youtube.com/watch?v=Zr_-vrjo7Ws ).
Pete Jordan, en su libro In the City of Bikes. The Story of the Amsterdam Cyclist (2013) narra no sólo cómo la ciudad holandesa se convirtió en una de las dos ciudades clásicas o santuarios de las bicicletas y como promotora mundial de la actividad de pedalear (la otra es Copenhague, asociada al término de diseño urbano “copenhagenize” como referencia a las prácticas de diseño para adecuar las ciudades para que sea seguro y frecuente pedalear cotidianamente), sino, también cómo las bicicletas fueron parte de las actividades de resistencia al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. De una manera que podríamos asociar, ahora que se conmemoran cien años del inicio de la llamada “guerra cristera” de 1926-1929 en el santuario de Guadalupe de Guadalajara, con las prácticas de las mujeres que describe Agustín Vaca (1998) en Los silencios de la historia: las cristeras. Los mensajes y armas que llevaban los y las ciclistas de la resistencia en Ámsterdam tienen similitudes con lo que contenían las canastas de las cristeras dos décadas antes en Jalisco. Ese autor señala que también Audrey Hepburn (1929-1993), nacida en Bélgica y quien en ese entonces vivía en Arnhem, metía volantes de propaganda antinazi en sus calcetines de lana y se calzaba sus zuecos para luego distribuirlos en bicicleta (2018: p. 227).
La actividad de pedalear ha cumplido, a lo largo de décadas, la tarea de hacer que los humanos alcancen espacios a los que resulta difícil o imposible llegar con otros medios de transporte. Como se vio en los trabajos de rescate y reparto de materiales y víveres tras los temblores de CdMx en 2017 (https://www.univision.com/noticias/citylab-vida-urbana/mira-como-los-ciclistas-urbanos-estan-ayudando-a-las-victimas-de-los-terremotos-en-mexico). El alza de los precios del petróleo y el aislamiento por la cuarentena han sido otras de las ocasiones en que ha aumentado la actividad de pedalear. Ya sea en bici con o sin alforjas y canastillas, o con remolques, o en triciclos, pues muchos de quienes hemos requerido o deseado seguir en movimiento, hemos optado por pedalear (https://zertior.com/blog/industria-bici-pandemia/).
Pedalear es una actividad que pudimos iniciar desde muchos años antes de que se nos permitiera viajar en el asiento delantero de un vehículo de motor y todavía muchos más previos a poder manejar un coche. A pesar de los prejuicios, ya vemos que es una actividad que se puede realizar independientemente del género y se puede realizar con distintos tipos de ropa. Hace algunos años, algunos de los tapatíos recordaremos que el secretario de Salud del estado de Jalisco, Alfonso Petersen (nacido en 1961), realizaba algunos de sus traslados urbanos en bicicleta, ataviado con saco, corbata y zapatos formales. Suele señalarse que ver mujeres en bicicleta es indicador de que se transita por un lugar seguro.
Los triciclos y cuadriciclos constituyen alternativas de pedaleo, al igual que los monociclos y las bicis fixies, aunque esos artilugios no son tan frecuentes como las bicicletas. Hay quien añade más retos a bicicletear, como hacer wheelies (usar sólo la llanta trasera), maniobrar y girar sin usar las manos, e incluso se conservan carreras en aparatos tan veloces y peligrosos como las variedades de bicicleta conocidas como Penny farthing (https://www.facebook.com/share/r/18euYKp4YH/). Con simpatía o antipatía, las bicicletas se han convertido en aparatos omnipresentes en las ciudades y hay una edad en que son pocos los humanos que no han aprendido o intentado aprender y enseñar, a pedalear. El lugar que ocupan esta actividad y estos aparatos en las ciudades ha sido reconocido con espacios y tiempos protegidos como las ciclovías y horarios específicos (la vía recreactiva, entre ellas). Pedalear es una forma de evitar la contaminación asociada con los vehículos de motor, además de una expresión de libertad y autonomía, tanto en la ciudad como en el campo. En algunas instancias, las bicicletas de las niñas en África constituyen el mejor o el único vehículo para ir a la escuela. Hay otras tradiciones en la constitución de parejas: las bicis de las esposas son un requisito explícito: si el novio que aspira a ser marido no consigue la bicicleta para la mujer, no habrá casorio (https://youtube.com/shorts/dVvz9Mc35Xw?si=tWU193s-h_iXvtrW). Pedalear es una alternativa saludable de transporte (https://youtu.be/9X686ozMaJ8?si=vVP3iPsfYENAZqX3) a pesar del odio de quienes andan en coche y ven las bicis y las ciclovías como estorbos, aunque habría que considerar que más estorbaríamos si anduviéramos en coche en ese momento. Pedalear como transporte a las escuelas y lugares de trabajo es una actividad que se puede realizar sin contaminar, con menos costos y menos ruido, como han mostrado las experiencias de los grupos de niños cuyas escuelas y padres se organizan en distintas épocas y ciudades como forma de promover la autonomía a bajo costo, además de como una forma de socialización. Hay quien señala que los ciclistas constituyen cónyuges perfectos (https://www.instagram.com/reel/DYrbBWTggv0/?igsh=bjZrcmZicjJ1eWZt), pues son capaces de relaciones a largo plazo, saben que hay momentos para seguir, momentos para liderar y momentos para ir juntos.
La actividad de pedalear ha estado asociada no sólo a la euforia de movilizarse rápido y por largas distancias, sino también con otros efectos en el estado de ánimo y en el estado del cuerpo. Se ha señalado que la bici puede paliar los efectos de enfermedades como el alzhéimer y otras lesiones motoras (https://www.torrossa.com/en/resources/an/5982955#page=39) y mejorar la salud mental (https://youtu.be/oXukwBIqszY?si=6lBSLJ6Qv3wYHL98). Lo que no se logra de igual manera con el uso de las motocicletas, y habría que ver si las bicis eléctricas lograrán ayudar, al menos en parte, a lograr esas mejorías. Pedalear tiene un amplio rango de costos y beneficios. Mientras más pedaleas el mismo aparato, más baja el costo de su uso, a diferencia del uso de vehículos con motor que utilizan derivados del petróleo o electricidad para impulsarlo, pues estos siempre aumentan el costo del uso.
Desde 2004 se realiza la Manifestación Ciclonudista Mundial (desde 2001 en Zaragoza, España), y en cerca de cien ciudades en la actualidad. Esta manifestación, conocida también como WNBR (World Naked Bike Ride) o simplemente, “la rodada de los encuerados”, se basa en la idea de preguntar, ya desnudos, “¿ahora sí me ves?” a quienes suelen despreciar o afirmar que son invisibles quienes pedalean por ciudades, caminos y carreteras. Esta manifestación ha servido también para hacer visibles los obstáculos en las ciudades, como alcantarillas, baches… y lo mucho que hace falta en el diseño de la infraestructura urbana para ciclistas, peatones, usuarios de sillas de ruedas, carreolas, personas con debilidad visual y auditiva. Para promover que la gente suba en las bicicletas, se han realizado contribuciones como el Sistema Mibici que existe (con otros apelativos) en diversas ciudades del mundo como París, Chicago, Buenos Aires, Santiago, Caracas, entre muchas otras (https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Sistemas_de_bicicletas_compartidas). Ante el calentamiento global, los precios del petróleo, los embotellamientos de vehículos privados y públicos en las calles y avenidas, el grito de “menos autos, más bicicletas” suena sensato, aunque los automovilistas no siempre reconozcan que quien pedalea está dejando espacio libre para la movilidad. Proveer de los equipos y los espacios para pedalear, como la ciclovía en el malecón de Mazatlán o ciclovías en León (Guanajuato), Guadalajara y CdMx, contribuye a paliar algunos de los problemas de costos directos e indirectos del transporte con combustibles fósiles.
Muchos de quienes pedaleamos y disfrutamos recorrer las ciudades, los bosques o los campos no aspiramos a competir en los mismos contextos y ritmos que el bajacaliforniano Isaac del Toro (https://www.facebook.com/share/p/1BmSRABTXJ/) y (https://www.youtube.com/watch?v=FohjbP_RAmk) o las hermanas sinaloenses Daniela y Antonieta Gaxiola (https://punto.mx/2026/02/17/orgullo-sinaloense-en-la-pista-las-hermanas-gaxiola-van-por-puntos-olimpicos/). De la actividad de pedalear se ha escrito mucho y hay muchos hallazgos que enfatizan los beneficios a corto y a largo plazo. Aquí le paro y mejor iré a la práctica concreta. También te recomiendo que descanses un rato largo de la pantalla y vayas a andar en bicicleta por unos minutos… o unas cuantas horas. Pedalear no resolverá mis problemas ni los tuyos, ni todos los que agobian al medio ambiente, pero al menos no los agravaremos y quizá hasta se nos olvidarán por un rato.
*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com