Misiones

 en Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

En casi un siglo de vida de la SEP hay algunos logros que destacar, uno de ellos es la creación y operación de las misiones culturales.
Desde la visión vasconcelista de llevar educación a todos los rincones, había ideales que materializar a través de aquella naciente Secretaría de Educación Pública con una de las estructuras operativas descansada en las misiones culturales.
La cruzada contra la ignorancia, la educación como tesis constitucional, el gobierno obregonista decidido a dar la batalla, los profesores rurales misioneros haciendo historia en otro momento de la Revolución Mexicana necesaria.
La misión vasconcelista de atender las demandas de los indígenas y campesinos para integrarlos a la nación civilizada a través de la formación de un pensamiento racional y práctico para superar el fanatismo religioso, los malos hábitos tendientes al vicio. A través de la educación e higiene la versión aquella de lo que hoy es el espacio curricular de “Vida saludable”, acceder a un saneamiento corporal y doméstico.
Autores como Augusto Santiago Sierra refieren que en el primer presupuesto de la SEP se contaban plazas para 50 maestros misioneros ambulantes y que para abril de 1922 había ya 77 misioneros y 100 maestros rurales residentes.
Para octubre de 1923 se presenta al Plan de las Misiones Federales de Educación previamente elaborado por el diputado agrarista José Gálvez quien contó con la colaboración de la maestra chilena Gabriela Mistral como consultora.
Cabe apuntar que de las siete misiones culturales que había en 1924, la sexta en Pachuca Hgo. y la 7a. de San Luis Potosí fueron dirigidas por el maestro Rafael Ramírez. Fue hasta febrero de 1926 cuando se estableció la Dirección de Misiones Culturales y se consolidó un área administrativa.
Antes de direccionarse a la impartición de cursos a los maestros, las misiones tenían como proyecto de trabajo, impartir cursos de Agricultura, Pequeñas Industrias (lechería, conservación de frutas, curtiduría, carpintería y economía doméstica para mujeres, entre otras).
El sujeto denominado misionero de la cultura, sujeto caminante de la República ayuna de artes y oficios, ayuna de una estrategia constructora de habilidades en la devastada patria posrevolucionaria.
Los caminos reales y brechas que los hacedores de la odisea tuvieron que caminar, el encuentro con la realidad cultural de un pueblo cuyo atraso era divisa de la dictadura porfiriana. La modernización de vías de ferrocarril, el trazado de puentes y carreteras, la introducción de las líneas de energía eléctrica.
Lo material impulsado por compañías extranjeras contrasta con las brechas de la geografía humana, esas sí todas nuestras.
El misionero cultural, sembrador del proyecto vasconcelista, claro en el sentido de transformación de las mentalidades de un pueblo cuya masa de jóvenes y cuya base productiva del campo estaba en condiciones de analfabetismo y atraso cultural.
Los libros como bien clasista y la educación centralizada, clara en la segregación de las masas indígenas y mestizas.
El espíritu misionero, émulo de aquellos primeros frailes que con objetivos de evangelización llevaron las primeras letras y el castellano; también proveyeron del espíritu de industria a los grupos indígenas de esa primera fase colonial donde destacan nombres como fray Bartolomé de las Casas, Vasco de Quiroga, Junípero Serra, entre otros.
Las misiones culturales en la emergencia de la patria posrevolucionaria, la literatura de los clásicos y los trazos con tinta social en los murales de nuestros artistas ejemplares.
La distribución de la tierra y las técnicas de labranza que se transforman muy lentamente, el bloqueo ancestral de las mentalidades de nuestros campesinos y ganaderos atenuada por sus incansables manos hacedoras de los frutos y semillas, de los diversos productos animales.
La apuesta por su formación, la misión de esculpir y transformar esa mentalidad, obstáculo colectivo.
La misión por la justicia en sus primeros trazos postcarrancista; la vuelta en círculo, las tramas de inmundicia cuando se ha cumplido el séptimo año de los 43 de Ayotzinapa con apenas atisbos de respuesta, el listado amplio de posibles responsables; la manifestación de los normalistas poema solidario, los rostros cansados de los padres de familia que no renuncian a la búsqueda de luz y respuestas.
Vargas Llosa de nueva cuenta en México, con foro; él, fracasado candidato a la Presidencia de Perú, nacionalizado español a fortiori, osado en sus comentarios en franco intervencionismo, de visión neocolonial recurrente en su odio a la revolución cubana y patológico odio de “niño bien” a la izquierda (eso sí, símil resabio de los vientos del Norte y la guerra fría sesentera y setentera, de los militares envalentonados por la CIA).
Vargas Llosa, otra vez con supina ignorancia y senil protagonisno advierte falaz, en voz seca y con tufo neofascista parecido a los conservadores de Vox, adivino contratado de las intenciones reeleccionistas del actual presidente de México.
Nuestro país, el Dorado de la libertad de expresión, dónde hasta la senadora improductiva, panista reciclada, la participante activa del Twitter, Lilly Téllez, como personaje escapado de la novela de Pantaleón y las Visitadoras, da una clase de pequeño Larousse sobre “cognitividad” a la académica, la primera dama que convoca al premio Nobel (¿Peruano?¿ Español? ) A leer un poco más sobre la realidad nacional.
Téllez comunicadora incomunicante, tal vez debiera trabajar más allá del twitter y superar la percepción de algunos de que es una senadora improvisada, un monumento viviente a la traición; tal vez debiera aprender sobre cognitivismo, aprender prudencia, guardar silencio y respetar el momento de la democracia en México.
El irreconocible y mal político Mario Vargas Llosa, debe aprender que Latinoamérica es más que una metáfora de primer parto de una novelita de adolescencias y bullying militares pintada a papel carbón en “La Ciudad y los perros”.
La misión de hacer ciudadanía activa y vigilante, congruencia de principios ideológicos, de hacer valer el gobierno del proyecto democrático y su derecho a construir.
Vargas Llosa y la contraparte social del brasileño Freire de quién nada aprendió a pesar de la vecindad geográfica y de coyuntura.
El centenario del natalicio de Paulo Freire el pasado 19 de septiembre, su obra pedagógica aún por revisar, las formas de emancipación a través del acto de la lectoescritura, la palabra generadora militante, su legado de pedagogía crítica y comprometida con los oprimidos, la perspectiva de la libertad en días de consumación de independencia patria, la siempre retadora independencia del pensamiento y de las ideas con la mediación de la buena educación.
La misión educadora histórica-social con visión emancipadora, no sólo de las propias cadenas mentales y espirituales; la experiencia colectiva de hacer juntos la necesaria transformación para los desposeídos y marginados.
La misión educadora para generar horizontes de ruptura, de desalienación de un sistema de ideas que nos atrapa y justifica las inequidades, la misión de construcción de un sujeto latinoamericano consciente de su responsabilidad histórica en el cambio y la mejora.
El maestro Freire, sus textos y experiencias que enriquecen la visión sobre el acto de educar y educar-se. Las necesarias aportaciones desde la Pedagogía de izquierda para comprender una sociedad alternativa que haga ruptura contra los cánones de una pedagogía liberal y catequística del éxito personal como sentido.
La misión educadora para construir inteligencia humana desalineada de la competencia por ser mejores, la misión de consumar vida y ser independientes y construir las manos colaborativas que hoy se requieren.

*Doctor en educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

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