Migraciones educativas posibles e imposibles

 en Jaime Navarro Saras

Jaime Navarro Saras*

En este nuevo modelo híbrido, el magisterio nacional,
como siempre, es insustituible.

Esteban Moctezuma Barragán

Derivado de la XLIX Reunión Ordinaria virtual del Consejo Nacional de Autoridades Educativas (CONAEDU) el pasado 22 de julio, surge la propuesta de un modelo híbrido para enfrentar el ciclo escolar 2020-2021, el cual se señala de manera muy escueta en el Boletín núm. 196, a través de frases del secretario Esteban Moctezuma Barragán tales como: “El enfoque pedagógico que pervivirá hacia el futuro será un modelo híbrido, en donde esté presente tanto la educación a distancia como la educación presencial, de acuerdo a las necesidades de cada uno de los sistemas educativos estatales”.
Sabemos que las clases presenciales serán posibles hasta que el semaforo esté en verde en las diferentes entidades federativas, mientras tanto se iniciará el ciclo escolar en modalidad a distancia a partir del 10 de agosto, es decir, tal como lo terminamos.
Entendemos también que el modelo híbrido prometido será una mezcla de algunas experiencias, propuestas e ideas educativas, cada estado de la república hará su interpretación y lo aplicará como mejor lo entienda, tan cerca o tan lejos de lo que proponga la SEP dependiendo de las afinidades o discrepancias políticas de los gobernadores hacia la federación.
Las experiencias en México sobre la aplicación de modelos híbridos en las aulas nos cuenta varias historias, desde la inercia pedagógica e iniciativas informales de algunas escuelas públicas y privadas, hasta modelos establecidos en instituciones de educación superior como la UNAM, la UdeG, el Tec de Monterrey, etcétera.
Los elementos centrales básicos y obligados de los modelos híbridos son las plataformas, los medios para acceder a éstas y los programas para operar la relación educativa entre maestros y estudiantes, en tanto, deberá ser la primera tarea a resolver y subsanar ese vacío en las escuelas por parte de la SEP y las diferentes secretarías de educación en los estados.
Obviamente que la propuesta de modelo híbrido que propone la SEP genera dudas por montones, sobre todo (y al margen de las distintas realidades que viven las escuelas), sobre quienes serán los verdaderos beneficiados en esta nueva propuesta pedagógica.
Ante ello habría que responder las siguientes preguntas:

• ¿Qué papel jugarán los maestros y maestras ante la imposición de ideas de los provedores y operadores de las plataformas en la implementación del modelo híbrido?
• ¿Qué destino tendrán las experiencias vividas por los maestros de marzo hasta el final del ciclo escolar 2019-2020?
• ¿Qué sucederá con el modelo híbrido una vez que se regrese a la normalidad?
• ¿Cómo será la capacitación y actualización magisterial para subsanar los vacíos pedagógicos identificados al final del ciclo escolar 2019-2020?
• ¿Cómo se manejarán los derechos de autor de los contenidos desarrollados por los maestros y maestras y ahora depositados en las bases de datos de las plataformas utilizadas?
• ¿Acaso la SEP y las secretarías de educación en los estados generaron algún tipo de evaluación de las experiencias educativas vividas por docentes, estudiantes y padres de familia durante el ciclo escolar 2019-2020 y, de ser así, se dará a conocer y éste será utilizado o sirvió para diseñar del modelo híbrido propuesto por las autoridades educativas?
• ¿Cuál es la base pedagógica en que se basa el modelo híbrido propuesto por la SEP?

Lo cierto es que, y de acuerdo a lo sucedido en tiempos pasados, cada que se lanza una nueva idea educativa para trabajar en la educación pública, casi siempre sucede lo mismo: primero el entusiasmo, después las resistencias y al final la simulación debido a una serie de dificultades, principalmente la falta de recursos materiales y financieros, la deficiente supervisión y la incapacidad de la autoridad para ir corrigiendo en el camino lo que no funciona. Quisieramos creer que ahora si funcionarán las cosas y que la Nueva Escuela Mexicana se verá favorecida con estos aires nuevos (y muy necesarios) para reencausar la educación pública hacia donde todos queremos que llegue: a la excelencia educativa.
La migración de los modelos educativos no es tarea fácil, ello implica muchos cambios, tanto educativos como culturales y, queramos o no reconocerlo, aquí es donde fracasan las iniciativas que emprenden las autoridades educativas, sobre todo porque dichos cambios no son integrales, sino parciales, tal como sucedió con la reforma educativa (que ahora corroboramos lo que ya sabíamos, que fue comprada), la cual sólo se centró en los maestros y en el plano de sus derechos laborales.
Un cambio de modelo requiere de un cambio de mentalidad, así como la trasformación de paradigmas, de otra manera y si no se toma con más seriedad pedagógica, la puesta en marcha de dicho modelo híbrido sólo servirá para justificar políticamente la existencia de la SEP y donde se seguirán desarrollando las mismas prácticas pero ahora a distancia, de manera presencial o como el semáforo sanitario disponga.
Migrar de modelo educativo en papel es tarea fácil (de hecho ya lo hicieron), lo difícil es hacerlo con ideas claras y con propuestas pedagógicas emanadas de experiencias probadas, así como resultado de los procesos educativos vividos por estudiantes y docentes durante el confinamiento, mientras ello sucede o no, seamos testigos de cómo aplican y entienden el modelo híbrido las escuelas de aquí hasta que volvamos a la normalidad, que esperemos sea pronto.

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com

Comentarios
  • efrain valdez
    Responder

    Cuatro problemas sistema educativo insuficiente en material y actualizaciones. Maestros con falta de preparación para aplicar las tecnologías adecuadas, padres de familia cansados y en ocasiones no dispuestos por distintos factores como sociomecionales y económicos. Alumnos con carencia de preparación arrastrada desde ciclos anteriores solo pasados por el sistema.

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