Mejor nadota
Luis Rodolfo Morán Quiroz*
A: Te presentaré a una persona que puede ser muy buen partido para ti: belleza, inteligencia, simpatía, sonriente, buena plática. ¿Qué te parece la idea? B: Mejor, nadota.
Esta expresión suelen usarla algunos jóvenes para señalar situaciones que las generaciones previas remitíamos al dicho: “Sale peor el remedio que la enfermedad”. En el diálogo anterior hay una variación notable, pues, décadas atrás, ante la propuesta, había quien respondiera: “Peor es nada”. La persona a la que se le ofrecía la posibilidad de encontrar una potencial pareja estaría dispuesta a realizar el experimento social. En nuestros días, según mi parecer, es menor la apertura a ese tipo de encuentros entre desconocidos.
La expresión denota también un juicio rápido: ante determinada oferta, propuesta, solicitud, publicidad, ¿qué implica para mí el aceptar o dejarme tentar por esa posibilidad? De alguna manera, es también una manera de decir: “Con eso basta, no continuemos en esa línea”. La expresión viene a cuento por varias situaciones recientes. Algunos ejemplos: la presidente de México hace una propuesta de reforma electoral y los representantes de algunos partidos reflejan esa misma actitud. Los negociadores de Estados Unidos abandonan la mesa de diálogo con las autoridades del gobierno de Irán y lanzan ataques para acabar con el grupo en el poder de ese país. Algunos agentes que se afirman representantes de pueblos específicos como Venezuela, Irán, Cuba, México, piden la intervención del gobierno de Donald Trump y otros miembros de esos mismos pueblos podrían atajar (aunque no siempre lo han evitado) con un “mejor nadota”.
Parecería que ese juicio sumario expresado en un aumentativo de la noción del conjunto vacío, y en una verbalización exagerada de la noción de ausencia, no es tan intempestivo como podría parecer. Las consideraciones en contra resultan tan evidentes que no se requiere mucho tiempo ni deliberación. Implícita en la expresión hay una evaluación de las consecuencias en caso de acceder. ¿Hay consecuencias inesperadas? ¿Consecuencias no anticipadas? ¿En la oferta están implícitamente negadas las posibilidades negativas?
La expresión se aplica no sólo a cuestiones como la guerra de marzo de 2026 desatada por el gobierno de Donald Trump contra Irán, sino también a otras de carácter político como la aprehensión y asesinato de Rubén Oseguera en las zonas boscosas de Tapalpa, Jalisco, por el ejército mexicano. Jimmy Fallon finge una entrevista con el 47º presidente de Estados Unidos, en donde plantea preguntas a las que Trump “responde” con porciones de otras declaraciones que resultan absurdas. ¿En qué pensaba al lanzar la guerra? ¿Tiene un plan? ¿Qué era lo que más deseos tenía de destruir? ¿Tenía autorización del congreso para el ataque?, entre otras (https://www.facebook.com/share/v/1MqQjpv7V4/).
Muchas de nuestras propias acciones cotidianas, como el uso de vehículos de motor, o de los gobernantes, como el aumento en las tarifas de transporte público o el inicio de hostilidades con gobiernos que controlan armamentos y ejércitos aún no cuantificados; de interlocutores al dar o retener determinada información de la que ya tenemos alguna idea; de estudiantes que aducen motivos para su actuación, de los cuales suponen que los docentes no tenemos ni la más mínima idea, merecen esa respuesta. Aunque no siempre surge a tiempo. El gobernador de Jalisco no tuvo alguien que le contestara “mejor nadota”, pues no planteó la pregunta correspondiente: “¿Qué dirías si te dijera que te voy a cobrar más por el transporte público, que vas a tener que usar una tarjeta especial que te costará mucho tiempo conseguir, que las unidades del transporte seguirán igual y que les pregunté a algunos cuates si les interesa que sea negocio para ellos y para mí?”. Probablemente la respuesta sería…
Los humanos, al carecer de toda la información pertinente, planeamos algo y anticipamos algunos de los escenarios posteriores, pero rara vez escuchamos a quienes nos señalan otras posibles consecuencias. Así, por ejemplo, lo más probable es que, si alguien le hubiera murmurado al oído o le hubiera expresado a Trump que el problema con Irán es su mercado energético con China (https://www.instagram.com/p/DVb3sQnjadZ/?img_index=12&igsh=MTV0aXdlbng4dG9mag==), el 47º presidente, en vez de llevar a la práctica sus amenazas (siguiendo el lema que se le adjudicó antes de TACO = Trump Always Chickens Out), quizá se hubiera concentrado en criticar nuevamente los zapatos de sus colaboradores y asegurarse de que los cambiaran por unos de marca específica (https://dnyuz.com/2026/03/09/trump-aides-too-afraid-to-take-off-the-145-shoes-he-keeps-buying-them/).
Hace un tiempo vi un video, probablemente grabado por un pasajero de un autobús, en donde el chofer regresa a su puesto y, mientras lo hace, voltea hacia afuera del vehículo: “Pues eso es lo que querías, ¿no? Viniste a que te golpeara, ya lo conseguiste”. Aunque sospecho que el sujeto golpeado quizá sólo quería escarmentar al chofer y no ser molido a sopapos, lo más seguro es que, al irritarse e ir a retarlo o amenazarlo, no consideró la posibilidad de que el chofer aceptara pelear. “¿Quieres unos cariñitos de mis nudillos?”. Muchos de nosotros habríamos respondido “mejor, ahí muere” o “mejor, nadota”.
Diversas situaciones pueden venir a la memoria, a la imaginación o a la creatividad de las personas. Alguna vez, un activista estudiantil me comentó que el “líder” fue a arengar a sus seguidores y les señaló que al movimiento le hacían falta mártires. Quien me contó, le sugirió al líder que se ofreciera como mártir del movimiento. La respuesta exacta no la recuerdo, pero sí podría interpretarse como equivalente a la respuesta de rechazo a la oferta que él mismo hacía. Y ahí se detuvo el potencial pleito y la posible trifulca. Los altos costos y los escasos rendimientos suelen llevarnos a echar marcha atrás en las propuestas que, esperan algunos, harán salivar a quienes las reciben.
Existen cursos y carreras demasiado exigentes o demasiado costosos en donde los potenciales estudiantes prefieren quedarse tan ignorantes como estaban, pero mucho menos pobres que si hacen la inversión de tiempos y costos. Mejor, un paso atrás o un movimiento lateral en la supuesta vocación. En los casos de las intervenciones recientes en Venezuela e Irán, que según Trump son “oportunidades de cambio de régimen para sus pueblos”, muy probablemente habrá observadores que digan que, en sus países, “mejor nadota”, pues las condiciones pueden ser peores que antes de los ataques a un territorio con el pretexto de ayuda militar. Quienes consideran que las ayudas externas, al estilo de las tragedias griegas en donde se resolvían los enredos con un dios que bajaba de una máquina (de ahí la expresión “deus ex machina”), pueden realizarse en los dilemas de la vida política cotidiana, bien podrían preguntarse si los mecanismos que se proponen podrían reemplazarse con ganancia con una simple “nadota” (https://www.facebook.com/share/v/17Q4uZrJu2/). Si esos problemas ya estaban relativamente resueltos o en camino de ser planteados y abordados, ¿cuál es el afán de menealle aún más con supuestas soluciones mágicas?
*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara. rmoranq@gmail.com