Los otros requisitos

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Como parte de la actual tendencia burocrática en inciertas y precarias universidades centenarias, a la que podríamos denominar “planeación improvisada”, se ha dado en generar requerimientos para que los trabajadores académicos sean menos indignos de dar clases. Como la burocracia está convencida de que todo el personal académico miente, engaña, se tira a la holgazanería y debe estar disponible para realizar trámites, informes, llenar formatos y esperar largas horas a ser atendido por algún funcionario, inventan nuevos requisitos para engrosar el expediente de cada uno de los académicos.
De tal modo, a la burocracia le ha dado por archivar, exigir, rechazar, negar documentos que luego serán necesarios para que el personal académico demuestre, con papeles, que son capaces de enseñar algo a los jóvenes aspirantes a profesionistas. Un poco en la lógica de la señora cuya casa se la lleva la corriente del río y que responde a quienes le preguntan qué hará sin casa: “no importa, aquí tengo las escrituras”, los burócratas de las instituciones de educación que exigen documentos parecen preocuparse poco por las habilidades reales para estimular el aprendizaje que tenga su personal académico. Lo importante es que los docentes sean capaces de blandir un papel cuando los funcionarios lo exijan.
Mi propuesta es que en vez de constancias de que alguien impartirá un curso, de que lo está impartiendo o de que lo impartió, e que asistió a firmar antes y después de cada una de las sesiones del calendario de clases, de títulos y grados académico, cédulas, diplomas y otra serie de legajos, fojas y acreditaciones, comencemos a revisar si las personas que conforman el personal docente son buenos ejemplos a los que los estudiantes deban mirar. Señalo algunos requisitos que podríamos pedir a los docentes, en vez de papeles y más papeles escolares que van a dar a otras instituciones escolares para engrosar sus archivos y discriminar entre los dignos y los indignos, los pecadores y los que, al menos por unos meses, tendrán completos sus expedientes y podrán sentirse virtuosos unas cuantas horas después de cumplimentados los requisitos:

Pidamos a quien desee ser docente pruebas como:

Ser capaz de comunicarse con los demás con respeto y realizar escucha activa;
No tener tendencias a enfermedades como estrés, diabetes, obesidad, gracias a que utiliza su tiempo fuera de la escuela en actividades sanas;
Demostrar que tiene una vida sexual frecuente y saludable;
Mostrar que tiene amigos (y no solo aliados políticos) verdaderos y se reúne con ellos con periodicidad;
Demostrar que realiza actividad física periódicamente (caminar, pedalear);
Mostrar que dedica tiempo a estudiar de su asignatura y a informarse de otros campos de las artes y los saberes;
Demostrar que tiene una vida familiar relativamente saludable (platica y pasea con sus hijos, hace planes y revisa las tareas con ellos, saca al perro con regularidad, lava su ropa y la vajilla, sabe barrer y cocinar al menos un platillo semanal);
Demostrar que no es un profesor represivo, sino instructivo;
Mostrar que no se roba los recursos de tiempo o dinero de la institución en la que trabaja.
No sé qué harían los burócratas si en vez de papeles tuvieran las evidencias fehacientes de que cuentan con los docentes adecuados para ser guía de las vidas profesionales de los estudiantes. Pero puedo imaginar que los estudiantes aprovecharán más los ejemplos de vida que lo papeles archivados en gruesos carpetones.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

Comentarios
  • Hector Garcia barba
    Responder

    Sería excelente, y aplicable a todos los niveles, y hasta podríamos canonizarlos

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