Los abuelos en mi escuela

 In Cuentos y relatos del magisterio, Viajes

María Guadalupe Robles Gómez*

Después de realizar una serie de lecturas para conocer cuál era la visión de la Educación en el país, en el estado y en los Organismos Internacionales, sobre la participación de los adultos mayores en la sociedad actual y cuál era la tendencia de estos sectores, inicié tentativamente un proyecto que contemplara al grupo de los abuelos en forma independiente como apoyo en las labores escolares.
Había que reunir a los abuelos a través de una convocatoria que captara su interés, ya que durante las entrevistas anteriormente realizadas se percibía cierto desánimo y cansancio en este sector de la población escolar.
Se diseñaron e implementaron estrategias para convocar a la formación del grupo, De esta forma se inició la integración de los primeros grupos de trabajo con los abuelos.
Sin dejar de lado la experiencia y los registros de ciclos escolares anteriores se convoca y se forma el primer grupo de abuelos en el Jardín de Niños “José García Valseca” ubicado en la colona Constitución de la zona metropolitana de Guadalajara.
Durante la primera sesión y a través de una guía estructurada, se propició la participación de los integrantes para construir conjuntamente un programa capaz de mantener el interés y el sentido a nuestro grupo.
Los participantes sugirieron que las reuniones tuvieran como ejes principales “la reflexión y la acción”, en la que se analizaran temas y se respondieran preguntas que ayudaran a dar significado a su rol de abuelos en la familia y en la escuela. Así construimos este proyecto.
Recuerdo cuando, con una cartulina y marcadores de diversos colores, coloqué un letrero en la parte superior del cancel de ingreso a la escuela, sitio en el que se acostumbra mostrar información para ser forzosamente leída por los padres de familia que acuden a dejar a sus hijos cada mañana. El letrero convocaba a los abuelos y abuelas del jardín de niños a una reunión planeada especialmente para ellos. Los abuelos acudieron motivados solo por conocer el motivo de tan especial invitación.
En esta primera reunión conocieron el contenido de un proyecto aún incipiente en el que se encontraba implícito el abordaje de la filosofía como método para reflexionar sobre los problemas cotidianos, quedando a su consideración la aceptación o corrección del mismo.
Además de las sugerencias que se rescataron, se puso de manifiesto la necesidad de dedicar tiempo a la reflexión personal, en este punto iniciamos nuestro contacto con la filosofía.
Al mencionar el término “reflexión”, decidimos construir una definición que permitiera unificar criterios entre los miembros del grupo al utilizar este término, “nuestro cerebro siempre está pensando porque tenemos ideas, pero reflexionar significa analizar, detenerte en tus ideas y darte tiempo para esto: escucharte y darte cuenta que estás pensando”, por acuerdo del grupo con esta acepción utilizaremos el término “reflexión” en el transcurso de nuestra experiencia.
El planteamiento daba paso al naciente compromiso de dar respuesta a las expectativas planteadas por el grupo de abuelos.
Los abuelos estaban dispuestos a involucrarse en la vida escolar y más aún tratarían de sacar del baúl de los recuerdos. Su imaginación y creatividad que tanto tiempo había permanecido inerte. Así nos dispusimos a realizar un viaje en el que en primer término dimos forma y color al vehículo que nos llevaría a descubrir los lugares menos pensados, los parajes más bellos y a descubrir el tesoro de nuestras ideas, hasta entonces oculto.
Elegimos para ellos un hermoso barco: blanco y transparente a la vez, sin deterioro en su estructura, difícil de abordar, pero seguro una vez que estás dentro de él no permite distracciones de las personas que se atreven a abordarlo, sin embargo, se detiene para que puedas integrar elementos que poseen otros navíos para aclarar y enriquecer los planteamientos que los pasajeros ponen sobre la mesa. Desde cualquier punto en el que te encuentres siempre verás el horizonte, el más bello horizonte que puedas imaginar.
Así, entre tonos dorados y plateados del amanecer, con nuestro grupo de abuelos, abordamos el barco de la filosofía construido hace miles de años en Grecia. Ahí nos esperaba el capitán Matthew Lipman, elegido para para guiar nuestra travesía en cuyas manos se encontraba la ruta de navegación que él mismo creó.
Matthew Lipman fundó el Institute for the Advancement of Philosophy for Children, Montclair State College New Jersey en 1974. Elaboró un currículum para introducir la filosofía en el aula, partiendo del supuesto “si a los niños se lea ayuda a razonar y a aplicar la lógica para pensar sobre su experiencia, podrán ser responsables de sus propias ideas, capaces de encontrar significado en lo que escuchan y, en general, en la que viven como individuos y miembros de una sociedad”.
Esta propuesta metodológica es operante desde el preescolar hasta la edad avanzada, siempre que el ser humano esté dispuesto a pensar y permitir ser conducido hacia el ejercicio de un pensamiento crítico y a la asimilación e incorporación de nuevas ideas a su pensamiento. Es por estas razonas que la metodología creada por Lipman la consideré factible para ser aplicada con la población que conforma la comunidad educativa García Valseca.
Me encontraba en estos momentos muy dispuesta a asumir tal compromiso. Tomé un gran bolso para viaje y deposité en el las horas invertidas en el estudio de Filosofía para Niños, la pedagogía y filosofía de John Dewey, amén de otros filósofos contemporáneos, el tiempo dedicado a la indagación conjunta en la que personas con diferente formación y perspectiva nos reuníamos a dialogar y a poner sobre la mesa nuestras ideas para ser sometidas a un riguroso análisis.
Lipman escribió 8 novelas cuyo propósito es que a través de los personajes se plantean diversas posturas y aproximaciones a cuestiones filosóficas como la realidad, la verdad, la naturaleza de la amistad, las relaciones de equidad, el papel del lenguaje en nuestro conocimiento y la lógica, entre otras.
Durante el desarrollo de proyecto dos novelas fueron seleccionadas para el trabajo con niños, abuelos y padres.
El Hospital de Muñecos (única novela del currículum del programa, escrito por Ana M. Sharp, colaboradora de Lipman) en donde se manejan conceptos para “tratar de entender el mundo” y cuyos objetivos son:

• Darnos cuenta de las cosas que nos rodean.
• Darnos cuenta de lo que otros piensan y sienten igual que nosotros.
• Darnos cuenta de lo que es importante.

Una segunda novela, Elfi, cuyos objetivos son:

• Desarrollo del lenguaje.
• Atención a los implícitos en las conversaciones ordinarias.
• Trabajo con distinciones.
• Clasificaciones.
• Comparaciones y relaciones.
• Razonamiento sobre los sentimientos.

La lectura de estas novelas ayudan a los participantes a poner su imagen en perspectiva y facilita que vayan modificando sus puntos de vista y actitudes aprendiendo de la experiencia de los demás y con la disposición social de dejarse modificar por otros, no por debilidad, sino como una oportunidad de ser sensible a lo valioso que los demás puedan aportar a su vida.
Nos encontrábamos ya sobre el camino de la reflexión y el análisis que en cada encuentro íbamos construyendo.
Durante este proceso se presentaron obstáculos que modificaron los tiempos y la secuencia de los objetivos propuestos. La incursión de piratas, que no logran adaptarse a propuestas que alteren o rompan sus propios paradigmas de enseñanza, que bloquean y descalifican antes de analizar: la aparición de gnomos del desgano, la indiferencia y el relajamiento de quien lleva el faro y la permisividad e imprudencia en ocasiones del Gigante Sistem.
Apoyados en los contenidos de las novelas de Lipman antes mencionadas. El grupo de abuelos, identificaba situaciones y establecía conexiones con su vida cotidiana, escuchaban las ideas de los demás. Así durante cuatro sesiones navegamos por los mares del pensamiento filosófico.
Los abuelos iban descubriendo una nueva forma de observar su entorno, de escuchar a los demás y, lo más importante, a “escucharse”, identificar cuál había sido hasta entonces su participación y su ubicación en los roles familiares.
La continuación de estas sesiones seguramente nos lleva a la consolidación de una comunidad de indagación, sin embargo era el momento de elegir otra metodología que permitiera internarnos a nuevos campos para apoyar los planteamientos con los que hasta hoy habíamos venido trabajando. Para vincular las tareas de los abuelos con los niños iniciamos el proceso de transmisión directa de experiencias y conocimientos, eje central del proyecto Inclusión de los Abuelos en mi Escuela.
Así, llegamos a un puerto, que me hizo recordar una bella pintura de Johannes Vermeer el siglo XVII, obra que evoca la calma y la belleza de un puerto Danés.
Aún sin decidir cuál sería la siguiente ruta de intervención, apareció ante nuestra vista una embarcación más pequeña, pero no menos importante que nuestro hermoso barco “filosofía”.
Sus brillantes colores, su diversidad en el diseño de sus espacios, sus luces a diferentes niveles de intensidad, hacían de éste un bello lugar donde la realidad se recrea, la expresión estética de las ideas y sentimientos se manifiestan a través del lenguaje. Su nombre aparecía con letras negras a un costado del barco “Literatura”.
Los abuelos y yo nos dispusimos a bordar el barco de la Literatura.
De pronto nos encontramos en un espacio donde se distinguían dos pequeñas salas con sus nombres grabados en la parte superior del marco de puertas simuladas, “Literatura creada por los adultos para los niños” y “Literatura escrita por los niños”, ambas propuestas tenían también una propuesta pedagógica, cuyos logros se basan en una participación activa y por lo tanto significativa. Decidimos entrar en la primera sala donde los escritores, a través de la narración de sus obras, nos ofrecían la magnífica posibilidad de estimular nuestra creatividad e imaginación, nuestra fantasía, afectividad y comunicación nos permiten adquirir valores estéticos y morales en una propuesta definida: “Educación por el Arte”.
Es importante resaltar que toda situación literaria se nutre directamente de la acción que involucra la imaginación y la fantasía en el proceso creativo, permitiendo a los niños y abuelos tocar un mundo mágico que es una forma de conocimiento a través de la percepción, intuición y emoción, elementos que abordan plenamente la actividad literaria.
Mientras contemplaba este panorama espectacular de posibilidades me di cuenta que había en el salón varios grupos de escritores, uno en especial captó mi atención. Estaba reunidos alrededor de una mesa, Uri Orlev con su cuento La Abuela Tejedora; Federico Pérez con Palabras Mágicas; Rubén Bonifaz Nuño con En Busca de a Historia; se encontraba también Charles Perrault con Caperucita Roja; Pepita Valseca quien presentaba cuentos anónimos como El Caballo Viejo; Carmen Berenguer con el Rey Mocho.
Al notar mi presencia hicieron una pausa en su conversación atendiendo con gentileza mi irrupción. Después de escuchar el planteamiento del programa aceptaron participar con los abuelos y los niños para que, a través de la lectura de sus obras, se facilitara el análisis de situaciones cotidianas resaltando el valor de la transmisión cultural y de la experiencia.

*Licenciada en trabajo social. maestra jubilada. groblesg80@gmail.com

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